Laboratorio forense recupera datos e imágenes borradas
Por Limarys Suárez Torres / lsuarez1@elnuevodia.com
Todo lo que usted borre en su teléfono o computadora lo encuentran, y si realizó, observó o grabó una transacción ilegal a través de internet, sin duda lo conseguirán y podría ser usado en su contra.
El nuevo laboratorio forense del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés), único en Puerto Rico y el Caribe, es la herramienta más aguda y precisa que tienen actualmente las autoridades federales y estatales en la Isla para ir en contra de los criminales que utilizan medios electrónicos para cometer actos ilícitos.
Con una inversión de $5 millones, ICE inauguró el pasado 1 de diciembre el laboratorio que ubica en sus oficinas en San Patricio y ya el Instituto de Ciencias Forenses (ICF), la Policía y el Departamento de Justicia local solicitan su peritaje para casos de asesinatos y robos, entre otros delitos fuera de la jurisdicción federal.
“Aquí, además de la tecnología con la que contamos, lo vital son los agentes forenses que están todo el tiempo buscando y analizando toda la información que existe en computadoras, celulares, discos duros externos y cualquier objeto digital que guarde información para casos de lavado de dinero, pornografía infantil, narcotráfico y fraude”, explicó Ángel Meléndez, subdirector de ICE.
Meléndez detalló que su agencia cuenta con cinco agentes forenses y uno de ellos es el oficial de la Policía Municipal de San Juan, Carlos Adorno, que está adscrito a ICE.
“Tenemos que estar encima de la tecnología que cada día es más avanzada y los criminales, al igual que el resto de los ciudadanos, la utilizan para facilitar su vida y sus negocios. Si ellos (los criminales) supieran que siempre dejan una huella... Y, precisamente, ese el trabajo de los agentes: encontrar esa aguja en el pajar”, indicó el subdirector de ICE.
Por ejemplo, en casos de narcotráfico, los agentes forenses podrían dar con listas de suplidores, transacciones financieras entre países o comunicación entre socios en la venta de narcóticos.
En los casos de pornografía infantil, los forenses buscarían imágenes de menores de edad en exposiciones sexuales explícitas o conversaciones entre un depredador sexual con su víctima a través de “chats” en internet, entre otros tipos de evidencia.
Proceso de búsqueda
“Toda objeto que guarde información digital, y no me extrañaría que pronto evaluemos hasta una nevera, se nos entrega como posible evidencia de un caso y comenzamos a evaluarla. Lo primero que hacemos es sacar el disco duro, lo conectamos a nuestro equipo y para preservar la evidencia se saca una copia exacta que es con la que trabajamos”, explicó Salvador Santiago, agente especial de ICE, especialista en análisis forense digital.
Santiago detalló, por ejemplo, que en un caso de pornografía infantil usualmente le ordenan a su equipo tecnológico limitar la evaluación de imágenes y vídeos, pero es común que se evalúen todos los documentos en texto para verificar si existe un historial de comunicaciones por medio de ‘chats’.
“Todo artefacto electrónico como computadoras, celulares, tabletas, etc., guarda unos expedientes en su memoria de cada búsqueda que se realiza y de cada paso que se da en el internet. Todo se guarda. Eso queda en unos archivos que usualmente pueden ser números o códigos que definen la información. Como especialistas nosotros evaluamos esos códigos o numeración y la definimos en palabras”, subrayó Santiago.
Asimismo el agente de ICE puntualizó que la tecnología del laboratorio forense puede recuperar imágenes grabadas en cámaras de seguridad que luego son borradas y que contienen alguna evidencia de un crimen.
“Todo se puede recuperar. Completamente todo aunque se haya borrado. Nuestra especialidad es con crímenes cibernéticos pero no estamos limitados a ese tipo de investigación. Nuestro fin es que se esclarezcan los casos y aportar a bajar la criminalidad que nos afecta a todos”, reiteró Santiago.
El año pasado los agentes forenses de ICE analizaron más de 24TB de información que es equivalente a 2,000 millones de páginas escritas a maquinilla en espacio sencillo.