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27 de enero de 2013
Música
 

Richie Ray y Bobby Cruz, una combinación bestial

“Los Durísimos” celebran 50 años de incontables éxitos musicales

 

Por Damaris Hernández Mercado / dhernandez1@elnuevodia.com

E n el 1958, Roberto “Bobby” Cruz descubrió a un chico que le cambió su vida para siempre: Richard Maldonado, conocido artísticamente como Richie Ray.

Richie tenía nueve años e interpretaba en el piano una pieza de Ludwig Van Beethoven en una presentación en el auditorio de su escuela en Brooklyn. Bobby quedó impresionado por el dominio musical de aquel prodigioso niño.

“Recuerdo que el auditorio lo usaban una vez a la semana para hacer un show y recuerdo que un día el show era con este nene gordito - algunas cosas nunca cambian- que se tuvo que sentar en la butaca del piano para poder tocarlo porque no alcanzaba los pedales, y tocó una pieza de Beethoven”, narró Bobby Cruz sobre ese primer encuentro en el que la imagen de aquel “nene gordito” no se borraba de su mente, tal cual vaticinio del futuro.

“Cuando llegué a la casa, le dije a mi mamá que había visto a un nene como de nueve años tocar una pieza de Beethoven, y mi madre me dice: ‘¿Es gordito?’ Le dije que sí y me dijo ‘que ese era el nene de Cristina y que ellas trabajaban juntas’. Le dije que lo quería conocer, así que lo conocí, y cuando ya él tenía como 12 años, le empiezo a dar la música para que me la escriba”, recordó el cantante sobre el encuentro de hace 55 años.

La relación fue simbiótica ya que ambos se beneficiaron de sus conocimientos musicales. Richie estudiaba música clásica en el High School of Performings Arts de Nueva York y luego en el Conservatorio de Música de Brooklyn, mientras que Bobby ya cantaba en agrupaciones con una influencia notable por la música campesina adquirida en su pueblo natal Hormigueros y otros municipios del oeste. Bobby no tenía ninguna formación educativa musical, fue autodidacta desde el primer día que le “empecé a cantar a los chivos en mi pueblo”. Al presente, sus armonías, notas y el ritmo las ejecuta con la boca y la guitarra.

“Le marco a Richie con la boca cómo quiero que se escuche tal o cual cosa. Él ya me entiende y sabe todas las notas que le digo. Toda la música la tengo en mi cabeza. Por ejemplo, le digo, ahora el saxofón. Ambos compartimos cada conocimiento. Si a él le gusta y a mí no, no se hace y viceversa. Desde que nos unimos ha sido así”, reveló el cantante, de 74 años, y quien antes de formar el binomio musical tenía su propio conjunto.

En el caso del concertista, su acercamiento a la música campesina y las danzas puertorriqueña fue gracias a Bobby. “No conocía la música campesina, ni el cuatro ni nada de música popular de Puerto Rico. Cuando escuché eso por primera vez fue por Bobby y dije: ‘Wow! esto es mi Isla. Esto es lo que soy yo’”, expresó Richie, hijo de padres puertorriqueños.

Cinco años después de ese primer encuentro y cultivar una amistad, confabularon ese sonido bestial que este año cumple 50 años. ¿Cómo lo lograron?, preguntó El Nuevo Día.

No tienen una respuesta definida. Ellos se lo atribuyen “a Dios, a nuestra amistad y a que ambos amamos lo que hacemos: que es hacer música”.

De tú a tú

Una vez establecidos como orquesta en 1963, los apodados “Los Durísimos” iniciaron su carrera en Nueva York conscientes de que la competencia era dura. Los grandes clubes y escenarios de la Gran Mazana eran dominados por Tito Puente, Machito, Tito Rodríguez, Joe Cuba, Ray Barreto, El Gran Combo de Puerto Rico y otros grupos que controlaban el ambiente musical latino en la década del 60.

A su vez, el sello discográfico Fania marcaba un hito en la historia al lograr en 1964 la comercialización del género de la salsa.

Enfrentar esos retos se convertía en el norte de Richie y Bobby, quienes consiguieron en 1965 su primer éxito con el tema Comején.

“Decidimos hacer nuestra música original. Sabíamos que no podíamos hacer mejor mambo que el de Tito Puente o mejor merengue que el de Johnny Ventura. Dijimos, ‘¿qué vamos hacer? Vamos a ver cómo comenzamos a combinar diferentes cosas’. Fue bien duro entrar a competir porque era una piña. A la vez, fueron nuestros mentores Tito Puente, Charlie Palmieri, Johnny Pacheco que eran grandes amigos. Ellos se reían de nosotros, de esos primeros inventos musicales, pero a la vez nos ayudaban”, señaló Richie entre anécdotas de esa primera etapa del binomio.

Fue entonces que Richie y Bobby le dieron espacio a las fusiones para ingeniar ese llamado sonido bestial de su orquesta. Su receta: bomba, plena, cha cha chá, rock & roll, boogaloo, mambo, blues y patrones de música clásica, sumado al ingenio de Bobby y Richie.

Llegó el libertinaje

Con el éxito también llegó el descontrol, la promiscuidad, las drogas y el alcohol. En sus manos, además de crear esa salsa brava y pesada, tenía acceso a una vida de “libertinaje”.

“Todo se nos daba fácil. Llegábamos a una ciudad y podíamos escoger a la mujer que nos gustara. Sexo, alcohol o drogas. Nosotros lo único que bebíamos era Chivas whisky a la roca. Una noche con la orquesta nos bebíamos 12 botellas combinado con drogas. Un día arrebatados dijimos: ‘vamos a dejar de beber un mes’ y lo logramos. El problema fue cuando lo cumplimos nos chocamos la manos y comenzamos a beber nuevamente. Hasta que hubo la verdadera conversión, que no se trata de religión sino que tiene que ver con una experiencia espiritual con Dios. Siempre lo hemos dicho, no somos religiosos”, contó Bobby, quien aseguró que no eran adictos a las drogas, porque según señalan “salimos antes de crear esa dependencia”.

“Después que Dios me habló, que me dijo un bocadito más y morirás, vinieron los casos de AIDS, de amigos muertos por las drogas, el crack... pudimos enfermarnos con las mujeres. Gracias a Él salimos a tiempo de todo esa vida”, añadió Bobby.

Fue Richie quien primero aceptó al Señor en su vida. Una decepción amorosa lo sumió a un estado depresivo, previo a su conversión. El pianista admitió que nunca fue practicante de ninguna religión y que la época que interpretaban temas inspirados en la santería, -ya no tocan ninguna de estas canciones- , lo hacían por “seguir una corriente, no sabíamos lo que era y buscando un vacío en mi vida que no lo llenaba nada”.

Conversión y pausa

Una vez aceptaron que Dios tenía el control de sus vidas, ambos músicos hicieron en 1974 una pausa musical. Hoy, justifican y admiten que ese receso era necesario para poner en orden sus vidas y entender “nuestro propósito”.

“La conversión es tan personal que teníamos que salirnos de ahí para poder perseverar. El ser humano siempre sigue siendo ser humano. No somos dioses. Tomamos un break de casi 20 años, (aunque grabaron en este tiempo), sino lo hubiésemos hecho así hubiéramos fracasado. Es ese tiempo nos fortalecimos en la fe hasta que decidimos volver”, afirmó el pianista que además es pastor.

En esa segunda vuelta musical es que Richie y Bobby deciden modificar sus letras y temas, para que fueran cónsonos con su vida en el Evangelio. Eso sí no abandonaron su sonido y patrón rítmico. Lanzaron en 1976 el álbum Reconstrucción con el tema que los coloca en las primeras posiciones en la música tropical con Juan en la Ciudad.

A partir de esa época los músicos combinaron temas cristocéntricos con seculares, logrando así que hasta los salseros de la mata los respaldaran. En 1991 se despidieron de los grandes escenarios para regresar en grande en el 2000.

Su repertorio en cada presentación se sigue nutriendo de los temas Sonido bestial que es el tema ícono de la orquesta; Señora, Diferente, Amor en la escuela y Volver, Los fariseos y Juan en la ciudad, entre otros.

“Nosotros, rara vez hacemos iglesias, porque nuestro llamado no es entretener a nuestros hermanitos, sino es llegar y llevar el mensaje a más personas que no necesariamente son cristianos”, mencionó el pianista, pastor de la Iglesia Vida Cristiana en Florida. Previo a ser pastor de esta congregación, los músicos fundaron la Iglesia Casa Alabanza en Orlando.

A días de su concierto en el Coliseo de Puerto Rico José Miguel Agrelot se preparan para despedirse de su público puertorriqueño. “Estamos emocionados, listos y ansiosos por presentarnos en nuestra patria. Confiamos que sea una noche para la historia”, acotaron los músicos.

El retiro

Alejarse de las teclas blancas y negras no es una opción para Richie Ray, quien revela que así sea tocando en el balcón de su hogar lo hará hasta los últimos días. Para los conocedores del género y de la música, el dominio de Richie en el piano es incuestionable. El concertista es un prodigioso maestro del piano.

Como dato curioso, Richie no deja de mover sus dedos en el aire cada vez que habla, aun cuando no está sentado frente al piano. “Es algo que no puedo dejar de hacer. Hablo tocando”, reveló con humildad.

Sin embargo, quien ya contempla el retiro es su compañero Bobby Cruz, quien reconoce que después del concierto este sábado en la Isla y la gira de este año, consideraría la pausa final. Pero esto no lo traducen en el fin de Richie Ray y Bobby Cruz.

“Nuestra historia musical no se olvida” de la noche a la mañana.

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