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Sueño de Navidad

Sueño de Navidad
19 de diciembre de 2011
12:00 a.m.
 

Risas a dúo en miradas cómplices

Estos hermanitos, Abdiel y Eriel, se acompañan en su ruta por la salud

 
Abdiel y Eriel López, tienen triplejía espática y epilepsia. (Juan Alicea/END)

Por Keila López keila.lopez@elnuevodia.com

Corozal- Hace tres años que Jaidy Colón duerme con un bulto lleno de ropa al lado de su cama. Mientras su hijo Eriel López, de 7 años, duerme plácidamente en una cuna a su lado, para la joven madre el descanso nunca es completo por temor a que el menor de sus hijos tenga una convulsión que la haga correr de emergencia al hospital.

“Hace tres años que yo pensé que se me moría. Él aspiró leche y estuvo hasta con ventilador. Yo me levanté de noche por esas cosas raras y cuando salí al pasillo me dio un olor bien fuerte a leche. Pensé que Abdiel (el mayor de sus hijos) había vomitado por el reflujo que tiene, pero no fue él. Me asomé al cuarto de Eriel y estaba de lado, pero mirando a la pared. Yo veía que sus ojos estaban abiertos y le hablé, pero pensé que me estaba ignorando. Cuando me acerqué, vi que estaba convulsando bien fuerte”, relató Jaidy.

Tanto Eriel como Abdiel, de 9 años, tienen epilepsia. El mayor de los niños comenzó a convulsar a los meses de nacido, pero los médicos le decían a Jaidy que los movimientos extraños que veía en su bebé eran movimientos involuntarios causados por el reflujo que sufre desde que nació. “Yo sabía que era algo más, uno como madre siempre sabe”, recordó.

No fue hasta que Abdiel cumplió los 6 meses de nacido que convulsó en casa de su tía Johanny Colón y ella, como terapista ocupacional, identificó el episodio como una convulsión. Eriel también presentó convulsiones tan pronto nació, en la misma área de cunas de la sala de maternidad, pero recibió un tratamiento de inmediato. “Como el tratamiento para Eriel se le dio rápido, yo pienso que por eso él no tiene tantas complicaciones como Abdiel. Pero su epilepsia sí es más severa que la de Abdiel”, expresó Jaidy.

Eriel gatea sin dificultad y camina con ayuda, por lo que no tiene problemas para llegar hasta sus familiares para llenarlos de besos y abrazos, como hace con su tía Johanny, a quien los dos niños llaman “mami”. Ella es uno de los principales apoyos de Jaidy, pues es quien la lleva a las citas de los niños ya que su guagua tiene la transmisión dañada hace año y medio y fue quien escribió a Sueño de Navidad.

 Eriel toma cuatro medicamentos para controlar sus convulsiones y tiene un estimulador vagal colocado en su pecho para enviar impulsos a su nervio vago cuando tiene un ataque epiléptico. Sus médicos le recomendaron un estudio especializado para verificar si es candidato para una operación que eliminaría sus convulsiones, pero el plan de salud del gobierno no lo aprobó.

Mientras, Abdiel solo toma un medicamento para las convulsiones, pero necesita una silla de ruedas especializada que le permita estar de pie ya que sus caderas podrían dislocarse si pasa demasiado tiempo sentado. El principal ingreso de Jaidy son los $315 que recibe del Programa de Asistencia Nutricional (PAN), aunque recibe mucha ayuda del padre de los niños, Freddie López. Pero el salario del policía estatal tampoco es suficiente para cubrir todas las necesidades de los niños, por lo que tienen una amplia red de apoyo que colabora económicamente para cuidar a los pequeños.

 La hermana de Jaidy, Johanny, se encargó de enviar cartas a todos sus familiares para recaudar suficiente dinero para habilitar el cuarto de Abdiel y la comunidad del municipio de Corozal ha colaborado en múltiples ocasiones con las ventas de bizcochos, donas, recolectas y hasta una competencia de bambutén para comprar las sillas de rueda y de posiciones que requieren los pequeños.

A pesar del cuadro similar que presentan ambos niños, sus padres desconocen si sus condiciones son genéticas. “Es bien difícil el día a día. Ellos no hablan, así que tengo que adivinar si cuando lloran es por dolor, es por hambre o por poca vergüenza. Uno lucha por ellos, pero es bien difícil cuando uno ve que en sitios, como el Departamento de Educación, no ayudan y hacen las cosas tan difíciles”, expresó Jaidy. Ambos niños asisten a una escuela pública en Toa Alta, pues en su natal Corozal no había un salón contenido de educación especial para ellos. Sin embargo, Abdiel no cuenta con los equipos que le recomendaron tras una evaluación en el 2008 y Eriel no está ubicado en el salón de preescolar que le toca por falta de un acondicionador de aire que evite que se deshidrate y sufra una convulsión por el calor.

 En cambio, está ubicado en el mismo salón que su hermano, donde no recibe la educación que le toca pues la maestra de preescolar solo lo ve par de veces al día.

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