Dorian Lugo, curador, editor y gestor de ‘Saqueos’ reflexiona de cara al décimo aniversario del proyecto y a su entrada al MAPR
Por Ana Teresa Toro / ana.toro@elnuevodia.com
El libro es una cosa sensual. Se toca. Se huele. Se abraza. Se tira con desprecio. Se le manosean las entrañas. La cultura impresa se ha desarrollado, en parte, alrededor de esa experiencia.
Al entrar a la sala que alberga la serie de obras pertenecientes al “Proyecto Saqueos: antología de producción cultural” de Dorian Lugo Bertrán -que recientemente se instaló en el Museo de Arte de Puerto Rico (MAPR) en el marco de la muestra, curada por Juan Carlos López Quintero, “Interconexiones: lecturas curatoriales de la colección del MAPR”- esa sensualidad del libro resulta más que evidente.
“Es un canto de cisne al libro físico y a toda su cultura. Incluso, es un canto de cisne a la cultura impresa, a la llamada galaxia Gutenberg. Si ‘Saqueos’ se fuese a poner al día tendría que ser mucho más cercano a la digitalidad. Es casi una despedida”, comenta Lugo Bertrán en el marco de un recorrido guiado por la recién inaugurada sala.
Al entrar en ella se experimenta la sensación de estar en una de esas bibliotecas de libros raros, donde para leer cada página no basta entender el idioma y las letras, hay que tocar, sentir, dejarse afectar. El proyecto artístico parece exigirlo. Después de todo, se trata de cientos de libros intervenidos por artistas, no artistas y anónimos que ocupan una serie de anaqueles blancos, así como otros espacios donde se exhiben libros convertidos ya en esculturas. Igualmente, se aprecia una pieza en video y se pueden escuchar intervenciones sonoras vinculadas a algunos de los libros.
Todos ellos entregaron sus libros sin afán de vuelta, “y sin saber cuál sería su destino final”.
El proyecto cumple ya diez años desde su salida, aunque ya son quince desde su conceptualización en el 1997 cuando se pensó primeramente como una antología de crónica y ensayo. “Pero se fue convirtiendo en algo cada vez más complejo”, comenta Lugo Bertrán.
“En ese momento ya se avistaba lo que venía... Hay ‘Saqueos’ que son más físico matéricos, otros que integran el lenguaje sonoro y audiovisual, ofreciéndole resistencia desde hace mucho a la materialidad”, observa. “Vaticinan el carácter optativo del libro”.
Durante la primera fase trabajó con Gretchen Rivera Lebrón en la conceptualización y diseño del libro. A ellos se unió Antonio González Walker, en la maquetación. Lugo Bertrán continuó como el gestor, curador y editor del proyecto, cuya segunda fase consistió en ir seleccionando a los artistas y extendiéndoles la invitación a apropiarse de un “saqueo”, como les llama a cada libro.
Un elemento importante es el hecho de que al final del libro aparecen las definiciones que diversas personas -muchas seleccionadas aleatoriamente- escribieron en su puño y letra de los títulos de capítulos denominados: chequeos, frontes, puyas, destos y tecaterías. “Todas ellas palabras muy presentes en el vernáculo boricua”, dice.
El proyecto creció, ganó un premio de ensayo del Pen Club y la artista Myrna Báez curó una exhibición sobre ‘Saqueos’. Igualmente, formó parte de la primera edición de la Trienal Poligráfica de San Juan y años después la entonces curadora del MAPR, Marisol Nieves llamó interesada en la adquisición de la obra. El museo compró la mitad de los ejemplares. El resto se vendió en distintas librerías.
“Era curioso porque no sabían dónde acomodarlo”, recuerda.
Se cierra un ciclo
Lugo Bertrán recorrió la pequeña sala con una sensación de cierre. No porque el proyecto culmine -su espíritu se presta para que sea un espiral inacabable- sino por el hecho de que finalmente el día de la apertura se hizo entrega, en dos cheques, del dinero obtenido de las ganancias. Se entregó un cheque de $6,586.50 para el Hogar Padre Venard y otro, por la misma cantidad, a la Universidad de Puerto Rico (UPR), institución que subvencionó el proyecto en sus comienzos.
“Es importante que los artistas sepan que se les ha pedido una intervención, no en ánimo de lucro personal, sino en ánimo del arte, de la creatividad y para el beneficio de otras causas”, explicó.
Las instituciones fueron seleccionadas a tono con el espíritu del proyecto. “La causa de los deambulantes está en un estado tan crítico, sin embargo, no es una causa tan mencionada como otras. Incluso hubo personas de la comunidad deambulante a quienes les entregué libros para que los intervinieran”, dijo.
Por otro lado, la UPR a través del Departamento de Estudios Graduados e Investigación, apoyó el proyecto y como parte del compromiso se requiere la entrega del 50% de lo recaudado para continuar potenciando trabajo académico.
‘Saqueos’, sin pretenderlo, parece un testimonio vivo de un momento histórico en el arte del país. Artistas, entonces desconocidos -hoy ya famosos- compartieron inquietudes, marcaron esos libros-objetos con sus miradas. Igualmente, la obra se presta para una reflexión en torno a la relación de los museos con proyectos vivos como este. “El museo no tiene la obra íntegra, hay muchos saqueos dando tumbos por ahí... Desde los futuristas se han discutido planteamientos en torno al carácter anquilosado de los museos y esos planteamientos no son nuevos, han estado circulando hace más de 100 años en la cultura moderna. Yo no creo que el que esté buscando cultura contemporánea la esté buscando necesariamente en los museos”, reflexiona.
“Los museos cumplen con su función de dar cuenta de que algo ha sucedido y en ese sentido ‘Saqueos’ tiene el privilegio de estar aquí y a su vez otros espacios”, finaliza.