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13 de noviembre de 2012
Puerto Rico Hoy
 

Se asoma a su nueva vida

La próxima primera dama habla sobre su visita a La Fortaleza y el largo recorrido electoral

Por Daniel Rivera Vargas / end.drivera2@elnuevodia.com

Pese a que quedó impresionada por lo que vio al disfrutar ayer de un tour por La Fortaleza en compañía de su esposo, el gobernador electo Alejandro García Padilla, la próxima primera dama del país, Wilma Pastrana, pensó más que nada como madre.

Así, vio algunas áreas de la mansión ejecutiva que de inmediato le causaron preocupación por su potencial peligrosidad, en particular por los juegos y movimientos que pueden esperarse de unos niños de las edades de sus hijos: Ana Patricia, de 10 años; Juan Pablo, de 8, y Diego Alejandro, de 5.

“Las terrazas son preciosas; tienen unas vistas a la bahía de San Juan, pero no tienen barandas, y, aunque los grandes tienen 10 y 8 años, es un peligro si corren por ahí y se caen al patio interior”, dijo en una entrevista exclusiva con El Nuevo Día efectuada en un restaurante del Condado horas después de su visita a La Fortaleza, donde les recibieron el gobernador Luis Fortuño y Lucé Vela.

El espacio que más le gustó, dijo, fue un salón tipo family con vista a la bahía.

“Me dieron un tour por el área de la residencia”, contó Pastrana. “El segundo piso ya lo conocía, pero no el tercero”.

Explicó que la residencia en La Fortaleza tiene cuatro cuartos, así que cada niño tendría una habitación, como pasaba con los trillizos Fortuño-Vela.

En general, encontró “que está muy linda”, pero que también tiene puntos que se pueden mejorar.

“Hay una verja (balcones de la fachada a la calle Fortaleza) que Lucé me hizo hincapié que hay que cambiarla porque está toda podrida”, mencionó Pastrana.

En fin, Wilma Pastrana ya tiene trazado un plan sobre el tipo de vida que espera vivir junto con los suyos cuando todos se instalen en La Fortaleza el 2 de enero.

A MANTENER LA RUTINA

La idea sobre la vida familiar, precisó, es mantener en lo posible la rutina actual: comer todos a la vez en la misma mesa, cero menús especiales, nada de niñeras, salvo en ocasiones particulares, y los niños seguirán en el mismo colegio en Río Piedras, cerca de su abuelo materno, Tomás.

Intentarán llevarlos por las mañanas y los mantendrán en taekwondo.

De hablar pausado y dulce, Pastrana, una contadora pública autorizada (CPA) de 42 años, dijo que también va a ver dónde colocan chorreras y columpios, como en su actual casa de Caguas, la que están contemplando alquilar o vender, y que ella considera quedarse con los mismos contratos de contabilidad –aseguró que no buscará nuevos o que, incluso, podría dejar los actuales– que tiene desde 2010, cuando optó por renunciar a su trabajo para tener más tiempo para sus hijos.

Por otro lado, pese al trato cordial que recibieron en la visita formal, Pastrana reconoció haber sentido algo de incomodidad al tener que compartir en camaradería con los Fortuño-Vela, luego que, mediante la campaña del gobernador, se estuviera atacando durante meses la capacidad de su esposo.

“Mira, fue un tanto raro, ese sentimiento que llaman en inglés weird... tener que estar compartiendo con ellos, pero en lo personal yo no guardo ningún tipo de resentimiento”, dijo. “Alejandro y yo somos personas muy cristianas y el mensaje primordial que nos dejó Jesucristo es el amor, de amar... Aunque fue rara en todo momento la relación en la campaña entre Lucé y yo, las veces que nos entrevistaron juntas fue muy cordial”, agregó.

Pastrana lamentó asimismo el tono personalista que tomó la campaña, donde su marido era caricaturizado y ridiculizado con frecuencia. “Anunciaban a Alejando como una marioneta, que no tenía carácter ni capacidad”, dijo.

“La gente que dice eso no conoce a Alejandro, de su capacidad, de su moral, de su responsabilidad como padre”.

Insistió en que la campaña de García Padilla nunca se fue a lo personal y, pese a que este tildó de cobarde a Fortuño en el primer debate televisado, rechazó que eso fuera un ataque personalista.

“Yo no lo entiendo así; él estaba defendiendo a los miles de personas que fueron despedidas por la Ley 7”, dijo.

Luego, al hablar sobre la noche de las elecciones, Pastrana contó que pasaron esas últimas horas en la residencia de una hermana de García Padilla en Cupey, donde sus hijos compartían con parientes de su edad. “El 6 de noviembre yo me mantuve alejada de los medios; no quise ver televisión; no quise ver noticias, y en un momento dado nos fuimos al cuarto de mi cuñada y nos recostamos”.

“Pensábamos, pues, que lo mismo podría ser una cosa que la otra, pero en todo momento nos mantuvimos positivos, en toda la espera, y hasta hicimos chistes”.

Finalmente, sobre sus intereses como primera dama, le restó importancia a un comentario hecho por su esposo a principios de la campaña, cuando caracterizó con el término “fresita” las iniciativas de las primeras damas del país.

Pastrana aseguró que “fue sacado de contexto”.

“Él lo dijo en el contexto de que las primeras damas deben involucrarse más en programas sociales, que tengan impacto social. La primera dama debe, como su esposo, guiar el pueblo, como si fueran sus hijos”, expresó.

Pastrana señaló que ella iniciará un proyecto para llevar recursos y servicios sociales directamente a barriadas, residenciales y comunidades especiales para fortalecer a las familias y darles herramientas adicionales a los hogares, de los cuales recordó que en ellos hoy día hay mucho padre adolescente.

La idea –que ella reconoce que tiene que definirse más– es que con hogares más sólidos emocionalmente se reduciría la deserción escolar, que, dijo, es una de sus principales preocupaciones como primera dama.

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