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1 de abril de 2012
2:58 p.m. Modificado: 3:02 p.m. Actualidad
 

Seis pasos para evitar la crisis alimentaria

Líderes del sector privado, agricultores y académicos trazan el mapa que Puerto Rico debe seguir para evitar una potencial crisis alimentaria

 
alimento
“El sistema de alimentos es un ‘utility’ como el agua y la electricidad, que impacta la vida de los ciudadanos”, dijo Manuel Reyes Alfonso,vicepresidente ejecutivo de MIDA.

Por Rebecca Banuchi / rebecca.banuchi@elnuevodia.com

No se trata de garantizar la disponibilidad de alimentos ante una posible emergencia. Tampoco de simplemente procurar que aumente la producción agrícola  bajo la premisa de que esto asegurará el acceso a la comida.

Hablar de seguridad alimentaria implica establecer los mecanismos adecuados para que toda la población tenga, en todo momento, acceso físico  y económico a comida suficiente y nutritiva para llevar a cabo sus actividades diarias.

Por más elemental que parezca la consideración de este asunto, la multiplicidad y complejidad de los factores que intervienen dificulta la tarea de establecer una política de seguridad alimentaria eficaz.

“El país y el Gobierno están perdiendo de perspectiva que el sistema de alimentos es un ‘utility’ como el agua y la electricidad, que impacta la vida de los ciudadanos, al menos, tres veces al día, y sin embargo no existe una política pública básica para identificar posibles problemas y resolverlos”, afirmó Manuel Reyes Alfonso, vicepresidente ejecutivo de la Cámara de Mercadeo Industria y Distribución de Alimentos (MIDA).

Puerto Rico importa en la actualidad alrededor de un 85% de los alimentos que consume pero, según expertos en el tema, esa proporción podría reducirse hasta un 45%.

Los entendidos coinciden en que existen diversas estrategias que, si se implantan de manera coordinada desde los diferentes sectores de la industria, allanarían el camino para evitar llegar a una crisis alimentaria.

A continuación presentamos seis estrategias.

1. Establecer una política pública integrada

Muchos en la industria de  alimentos señalan como el problema principal la ausencia de una política pública que no solo tome como prioridad el desarrollo de actividades agrícolas, sino que preste igual atención a todos los demás componentes de la cadena de suministros.

Myrna Comas Pagán, catedrática asociada del Departamento de Economía Agrícola del Recinto Universitario de Mayagüez, ha planteado que una verdadera  política en materia alimentaria no puede relegar a un segundo plano a los importadores, distribuidores, transportistas y navieros, por ser piezas esenciales del flujo de comestibles en la Isla.

La agrónoma sostuvo que el Gobierno enmendó hace unos años la Ley del Departamento de Agricultura para reconocer el impulso de la agricultura como un asunto de seguridad alimentaria, pero no ha propulsado legislación similar referente a los demás participantes de la cadena de suministros.

Según Manuel  Reyes Alfonso, de MIDA, el análisis sobre este problema ha adolecido de una visión amplia que tome todos los elementos en cuenta, y el Gobierno no ha demostrado ningún sentido de urgencia para atender la situación.

“Tiene que haber una visión del sistema de alimentos, que reconozca la importancia de ese sector y cómo se diferencia de otros... Para nosotros, lo importante es la necesidad de una política alimentaria para empezar a encaminar (el problema) desde una nueva perspectiva”, subrayó el vicepresidente ejecutivo de MIDA.

2. Aumentar la producción agrícola local

“Hay varias generaciones que desconocen  que Puerto Rico fue un país productivo y no siempre dependiente... Puerto Rico estuvo sembrado de punta  a punta. Nosotros, por los últimos 60 años, caímos en una picada de producción, no solo en la agricultura, en todo”, afirmó Ramón González, presidente de la Asociación de Agricultores.

Según datos de la Junta de Planificación (JP), en el 2007 el Censo de Agricultura que dirige el Gobierno federal registró que en la Isla había 557,503 cuerdas con producción agrícola. Cuando ese estudio se realizó en el 2002, las cuerdas de terreno cultivadas ascendían a 690,687, correspondiente al 39% del territorio nacional.

González, un agricultor de Salinas, asegura que el país cuenta con los profesionales debidamente adiestrados y con suficientes tierras aún para poder revertir la extrema dependencia en la importación y revitalizar la producción nativa.

A modo de ejemplo, mencionó que la Isla podría producir entre un 60% y 70% de los pollos y cerdos,  y alrededor de un 35% de la carne de res que consumen sus habitantes.

De acuerdo con datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés), en el 2010, los cinco  alimentos que más se produjeron en la Isla fueron la leche fresca, los plátanos, el guineo, el pollo y la piña. La sexta posición la ocupó el tomate, y la octava, el mangó, frutas que incluso son exportadas.

El agricultor destacó que, en múltiples países, la agricultura no solo se fomenta por considerarse un elemento crucial en torno a la seguridad alimentaria, sino que también se le reconoce su potencial como actividad económica junto a la manufactura y el turismo, por ejemplo.

Para Héctor Jiménez Juarbe, síndico de la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico (PUCPR), urge impartir a la agricultura un carácter empresarial que propicie su crecimiento. El impulso de una agroindustria, dijo, debe comenzar por identificar las cosechas viables y desarrollables a gran escala, así como evaluar las tierras disponibles para siembra.

Jiménez Juarbe recomendó, además, analizar cuáles serían los mercados locales y cuáles se pueden potenciar en el extranjero. También opinó que se debe incorporar a la banca privada para que provea ayuda financiera a quienes deseen cultivar la tierra.

“Hay que desarrollar un plan de incentivos adaptado a los tiempos. Establecer un sistema de trabajo, con prioridades, hasta que podamos llegar  a la meta, que el país se pueda sostener por sí mismo en el área de alimentos”, puntualizó.

3.  Promover alianzas con la academia

Maximizar la capacidad agrícola del país o definir claramente los factores que atentan contra la seguridad alimentaria podrían ser materia de investigación en las universidades del País, y a su vez arrojar luz sobre la mejor manera de encarar esos retos.

La Pontificia Universidad Católica ha dado especial énfasis durante los últimos años a la discusión sobre una posible crisis de alimentos. La institución no solo ha coordinado foros y charlas, sino que ha establecido laboratorios en los que la biotecnología se utiliza en función de la agricultura.

El Centro de Enseñanza e Investigación en  Biotecnología y Agrotecnología (CEIBA) desarrolla proyectos para atender problemas de plagas y enfermedades en las plantas, y maximizar su capacidad reproductora. Actualmente, se realizan allí trabajos para propagar en laboratorios plantas de plátanos para llevarlas a las fincas en un estado óptimo. De igual forma, realizan investigaciones para atender condiciones que aquejan a los cítricos.

“No desarrollamos investigaciones por el mero conocimiento, sino que tengan una aplicación real a las necesidades de la sociedad”, resaltó Alma Santiago, directora de CEIBA.

Otro de los programas que ha encaminado esa institución es el desarrollo de un corredor agroturístico en la zona de Ponce, Adjuntas y Castañer, en Lares. Esta iniciativa, encabezada por la Escuela de Arquitectura, busca añadirle a la actividad agrícola un elemento turístico que atraiga a los ciudadanos a conocer los espacios cultivados y las estrucutras que se levantan alrededor de ellos.

 “Puerto Rico, si quiere dirigir la actividad económica asociada a la agricultura, no puede estar mirando de dónde lo puede traer más cerca y más barato. Tiene que ver cómo lo puede producir aquí, que genere empleo y una actividad económica agregada”, enfatizó Javier de Jesús, decano auxiliar de la Escuela de Arquitectura.

4.  Desarrollar puertos alternos

A pesar de que la Isla cuenta con puertos en San Juan, Ponce y Mayagüez, es el de la capital el que recibe el 90% de los bienes importados.

Por ello, la necesidad de descentralizar la actividad económica que se genera en el Puerto de San Juan domina gran parte de la discusión sobre las medidas necesarias para reducir la vulnerabilidad y los riesgos del País ante la eventualidad de una emergencia alimentaria.

Sin embargo, a pesar de las gestiones que han realizado por años, es muy poco lo que han adelantado quienes administran los puertos de Ponce y Mayagüez para posicionar ambas instalaciones como puntos de entrada y salida relevantes.

En el caso de Ponce, tras múltiples tropiezos en la construcción del Puerto de Las Américas, la Autoridad del Puerto de Ponce se dispone a redefinir la estrategia de negocios por la que se regirá el proyecto.

Según la alcaldesa de Ponce, María “Mayita” Meléndez, la corporación se dispone a operar el megapuerto, y a colaborar con la consolidación de la demanda por nuevas rutas marítimas e identificar nuevos mercados.

  Mientras, el puerto mayagüezano es propiedad de la Comisión del Puerto de Mayagüez, que actualmente aguarda por que la Compañía de Fomento Industrial permita a esa entidad gubernamental utilizar terrenos aledaños a la estructura para extender las actividades económicas de la zona.

Este trámite comenzó en 2004, y aún no ha producido resultados, según el comisionado del puerto, Wilfredo Phitts.

El plan maestro propuesto incluye un área para recibir, almacenar y procesar alimentos, con lo que la entidad  busca promover la producción local.

5.  Crear abastos

Aunque tiene los espacios para almacenar, Puerto Rico no cuenta con abastos de alimentos, entre otras cosas, porque el gobierno impone una carga contributiva sobre el inventario.

“La reserva alimentaria de Puerto Rico, que se habla de 14 días -entiendo que es menos que eso- no está en Puerto Rico por los costos que conlleva. La reserva alimentaria está en Jacksonville”, señaló Herminio Irizarry, vicepresidente asociado de asuntos académicos de la Universidad Católica y experto en cadenas de abasto y suministro.

Gualberto Rodríguez, presidente de Caribbean Produce Exchange, sostuvo que esas disposiciones gubernamentales resultan contraproducentes, pues en lugar de incentivar que se preserven los alimentos lo más cerca de su destino final, desalientan por completo su almacenamiento. “Debemos estar fomentando que el tener inventario sea algo positivo”, indicó el empresario. 

Los altos costos energéticos en el país también desalientan el uso de almacenes locales, por lo que Rodríguez instó a usar equipo eficiente que reduzca el uso de electricidad y haga más viable mantener los alimentos guardados aquí.

6.  Reducir los costos

El costo de importar productos también ha escalado en años recientes, lo que necesariamente se traduce en un aumento en el precio de los víveres, y atenta contra la accesibilidad de los alimentos.

Según datos de la firma Estudios Técnicos provistos por MIDA, a octubre de 2011 las importaciones aumentaron a una tasa anual de 12.5%.

“Se ha hecho mucho en la cadena para reducir costos, pero el aumento del producto en su origen ha sido tanto que lo que han hecho es que las iniciativas de la cadena para reducir costos se diluyen, se pierden”, dijo Rodríguez.

Las leyes de cabotaje son otro asunto que, a juicio de Rodríguez, requieren atención inmediata, pues la exigencia de que la transportación de carga entre la  Isla y Estados Unidos sea en una nave de fabricación estadounidense también encarece el producto final.

Explicó que Estados Unidos no sobresale por su producción de embarcaciones, y que, a pesar de que las compañías navieras operan de manera eficaz, los barcos que utilizan datan de unos 30 años atrás, y resultan ineficientes en el consumo de combustible.

“Los consumidores en Puerto Rico están pagando esa ineficiencia. Puerto Rico debe perseguir en el Congreso que le permitan a esas compañías, como excepción, que puedan utilizar barcos hechos en China, que son menos costosos... Es una excepción que creo que el gobierno (local) junto a la industria pueden perseguir”, afirmó el ejecutivo de Caribbean Produce.

Rodríguez también instó a flexibilizar la cadena de suministros de manera que se pueda establecer la logística que dé acceso a otros mercados. También recomendó delinear un plan de contingencia que permita aumentar las fuentes de abastos y hacer un análisis minucioso de la conectividad de la isla con el resto del mundo.

“Los retos y oportunidades que tenemos al frente, nadie los puede enfrentar individualmente. La colaboración y la integración de perspectivas y soluciones es esencial”, afirmó Rodríguez.

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