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29 de enero de 2012
 

Se reconfigura le economía boricua

Ahora que hay signos de estabilización, es necesario trazar nuevas estrategias que hagan factible la recuperación

 
 (Thinkstock)

Por Joanisabel González / joanisabel.gonzalez@elnuevodia.com

La economía de Puerto Rico muestra indicios de mejoría. El aumento en las ventas al detal, mayores ventas de automóviles, la relativa estabilidad de los servicios de educación y salud, así como la reciente merma en la tasa de desempleo -13.9% en diciembre- encabezan la lista de “señales positivas” cuando se habla de actividad económica.

Ese aire de optimismo con el que se estrena el 2012, empero, solo debe servir para que Puerto Rico establezca o rearticule, en definitiva, una base productiva, luego de haber perdido casi un 13% de la riqueza que generaba su gente hace más o menos una década.

Así piensan varios entrevistados por Negocios, quienes ven el 2012 como el año de la redefinición económica, si en realidad, se quiere dejar la palabra “estabilización” a un lado para hablar de recuperación y crecimiento.

De lo contrario, el país tendrá que conformarse con una actividad económica raquítica. Y eso a su vez, se traducirá en peores servicios de salud y educación, mayores problemas de seguridad y mayor desigualdad, un asunto que acaba de ser identificado por el Foro Económico Mundial y la Organización de Cooperación Económica y Desarrollo como el mayor riesgo que enfrenta el orden mundial. Todo eso en un entorno global que, aunque opacado por la incertidumbre y los riesgos, continúa creciendo.

Tras una identidad productiva

Según Juan Lara, urge que Puerto Rico trace un plan para construir “su personalidad productiva”, pues los puertorriqueños no pueden continuar pensando que ocurrirá “un milagro”.

“Siempre vamos a ser una economía que tendrá que ajustarse a las cosas que ocurren en el resto del mundo, pero el ajuste es más fácil si nuestra base productiva es sólida”, dice el economista, al señalar que si la Isla perpetúa una relación de dependencia económica con otros países, será como “tirarse a la lona” una y otra vez.

El economista Francisco Catalá indica que Puerto Rico, necesita rearticular su base productiva porque la lista de malas decisiones en política económica -algunas concebidas desde la década de 1930- es tan extensa que los sectores tradicionales de la economía “prácticamente, no existen”.

Gustavo Vélez cree que desde el 2005, Puerto Rico vive el final de su modelo económico -amarrado a incentivos contributivos- y eso, ha supuesto un cambio estructural mayúsculo.

Según el economista, a pesar del poco eslabonamiento con el empresariado local, la manufactura fue sinónimo de empleo, fuente de fondos para el sector bancario y el punto de partida para las actividades de consumo, ahora subvencionadas, en buena parte, por transferencias federales una partida que oscila los $13,000 millones al año.

Consumidores más pobres

La muestra más evidente de esa transformación es la pérdida de entre 190,000 a 200,000 empleos en los pasados 70 meses, un ajuste que requerirá mucho tiempo para corregirse, dice Vélez.

“Eso (la distorsión del mercado de empleo) ha implicado que el consumidor tenga un nuevo rostro como secuela de una pérdida de ingreso real”, subraya. “Es un consumidor con menos poder adquisitivo, más selectivo. Es un consumidor más pobre que ha terminado reajustando todo: los restaurantes, la oferta de los centros comerciales, los supermercados. Y el costo del petróleo, continuará erosionando su poder adquisitivo”, explica el presidente de Inteligencia Económica.

Según datos de la Junta de Planificación, desde el 2006, los salarios han permanecido estancados. En el fiscal 2010, ese indicador se ubicó en $25,807 millones, unos $36 millones menos que al inicio de la depresión.

En ese mismo período, el precio del crudo ha aumentado consistentemente. Entre de febrero y abril del 2011, el precio del petróleo aumentó 24%.

En un solo pie

El ciclo de contracción ha supuesto un cambio estructural que si no se comprende a plenitud, será en vano discutir y aquilatar las propuestas económicas que se ventilan en un año eleccionario, opinan los economistas.

Cambios de composición

Entre los años fiscales 2001 al 2010, mientras los empleos en la manufactura se redujeron hasta representar unos 90,000, ese sector constituye ahora un 46% de los $96,260 millones que totaliza el PIB de la Isla.

Las finanzas y los seguros, que llegaron a representar el 7.5% del PIB, ahora constituyen poco más de 5.7%. La construcción representó casi el 3% del PIB para el fiscal 2001. Al cierre del fiscal 2010, representaba 1.68% y el sector de alojamiento, incluyendo entretenimiento, ahora representa 1.9%, pero para el 2001 llegó a ubicarse en 2.3%.

“Pareciese que el peso de la manufactura aumentó, pero no por sí mismo sino porque el resto de la economía está achicándose rápidamente”, dice Lara.

La reconfiguración del PIB por sector industrial plantea múltiples interrogantes. Entre estas, qué va a ser de la manufactura en esta economía poscrisis en la medida en que el sector queda estremecido por la pérdida de patentes y la Ley 154.

“La vivienda tiene que reinventarse, el estilo no puede ser el que prevaleció antes de la crisis”, indica el catedrático en Economía de la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras.

Así pues, como si se tratase de una mesa, la economía de la Isla parece sostenerse en demasía sobre la manufactura, pero en realidad, “todas las patas de la mesa están debilitándose”, sostiene Lara.

¿Dónde y cómo crecer?

Según Catalá, ante la modestia de algunos sectores económicos y la insignificancia de otros, las actividades de servicios parecen ser un campo de oportunidad, en especial, si se trata de una propuesta de exportación. Decirlo, sin embargo, es mucho más fácil que hacerlo.

“Diría que cualitativamente los servicios en Puerto Rico se han empobrecido. Es el caso del sector financiero, donde la crisis le tocó directamente, a excepción de las cooperativas y cuando se habla de servicios educativos y de salud, no podemos hablar de éxitos concretos sino que hay un cierto marasmo”, indica Catalá.

En realidad, tanto la salud como la educación parecieron ser inmunes a la contracción, pues no han reflejado cambios. Sus respectivos pesos en el PIB continúa en la vecindad de 3.6% y alrededor del 1%.

Lo mismo sucedió con la informática (2.4%) y la agricultura, continúa aportando un 0.5% al PIB.

En buena parte, la inamovilidad de tales sectores responden a la demanda interna o a fuentes de financiamiento federales. Tal sería el caso de la educación superior, que descansa en las aportaciones del programa Pell Grant o los servicios de salud, mayoritariamente financiados por los programas federales de Medicaid y Medicare.

Catalá entiende que ha llegado la hora de “eliminar los discursos triunfalistas” y elaborar propuestas o desempolvar aquellas que han sido tiradas por la borda en medio de los afanes partidistas en función de la nueva realidad que se vive.

“Se habla de que Puerto Rico se encuentra en una zona de navegación envidiable, que puede ser puente del norte y el sur, pero no hemos sido puente de nada, a lo sumo del narcotráfico”, manifiesta el también académico.

Subraya la necesidad de mejorar el sistema educativo y los servicios de salud, cuyo alto costo per cápita se ha vuelto un obstáculo a las empresas, interesadas en buenos empleados, en buen estado de salud.

Según Lara, Puerto Rico debiera revivir la meta de duplicar el peso del turismo en el agregado económico -objetivo que se trazó durante la década de 1990- aunque no puede hacerse a son de “arrasar playas” o turismo de alta escala.

Diversificación

Vélez insiste en una estrategia de diversificación económica que permita retener el sector de la manufactura por tratarse de su competencia medular, pero que al mismo tiempo, permita articular una estrategia para que los servicios sofisticados puedan echar raíces fuera de la Isla, particularmente en las redes que ha provisto el tratado entre República Dominicana, Centroamérica y Estados Unidos. “La clave es cuán rápido podemos reorientarnos”.

Ideas para el agro

Otro sector que debe retomarse con una óptica distinta y con empuje es la agricultura. Aparte de ser un tema de seguridad alimentaria, la Isla podría apostar seriamente a un sector agroindustrial, recomendaron los economistas.

Por un lado, Lara sostiene que la apuesta tiene un componente de pertenencia, en la medida en que se promueve la compra de productos fabricados por nosotros mismos.

Por otro lado, podría elaborarse una propuesta que permita la importación de ciertos frutos para fines de procesamiento y posterior exportación a la región, explica Catalá.

Si Puerto Rico no rearticula su base productiva por convencimiento, debiera hacerlo por los riesgos que ofrece el panorama mundial, empezando por la propia declaración del presidente de la Reserva Federal estadounidense, Ben Bernanke.

La determinación del Comité Federal de Mercados Abiertos de extender el período de bajas tasas de interés hasta el 2014 en el mejor de los casos; permitir que la inflación pueda acercarse a 3% y hasta considerar la compra de más bonos son las mejores evidencias de que la economía estadounidense, todavía no está sobre sus pies, a los ojos de Lara y Catalá.

Según el banco central, ahora Estados Unidos crecerá este año, entre 2.2% y 2.7%.

Riesgos a la baja

“Los riesgos a la baja han aumentado”, indica por su parte Sergio Marxuach, director de Política Pública del Centro para la Nueva Economía (CNE).

Según Marxuach, gran parte de los problemas sociales se atribuyen a una economía estancada. “Si la zapata económica no es sólida no es factible una sociedad saludable”, expone Marxuach.

Indica que estimados de organizaciones como el Fondo Monetario Internacional señalan que la economía mundial crecerá durante este año, pero el número de factores que atentarían contra ese desempeño también va en crescendo.

“Estados Unidos tendrá un crecimiento anémico. No hay empleos suficientes para propiciar cambios significativos. En Europa, hay problemas financieros y presupuestarios. El mundo allá afuera está bien complicado y en la medida en que tratemos de depender de lo que venga de Washington o programas de incentivos del presidente, no saldremos del estancamiento”, subraya Marxuach.

“Urge mirar en qué somos competitivos”, dice Marxuach al señalar que a corto plazo, la Isla tiene que frenar la caída de la inversión, mientras traza un plan a mediano plazo, que permita transformar la economía local de su énfasis en el consumo a la productividad.

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