El problema resulta tan severo que afecta el desarrollo físico, social, emocional y psicológico de quien lo padece, siendo devastador para el núcleo familiar.
Por Humberto Lugo-Vicente, MD, FACS, FAAP
La incontinencia fecal se define como la incapacidad del ser humano de tener control completo de sus hábitos fecales. En otras palabras, la excreta se sale sin que pueda controlarse. Este problema puede ser el resultado de un defecto congénito (nacer con ano imperforado, aganglionosis congénita o un defecto del tubo neural como mielomeningocel), un problema adquirido (tumor, cirugía, etc.) o de origen inflamatorio. El problema resulta tan severo que afecta el desarrollo físico, social, emocional y psicológico del niño o adulto que lo padece, siendo devastador para el núcleo familiar. Afecta y disminuye considerablemente la calidad de vida. No existe aberración más significativa en las funciones corporales de un ser humano que la incapacidad de controlar la excreta. En los adolescentes y los adultos puede alterar el desarrollo sexual de estos.
Otros problemas que trae son: ausencia de la escuela, apartarse de hacer nuevas amistades, educación y resultados académicos mediocres, problemas con sus compañeros, que, en ocasiones, lo ridiculizan y pérdida de la autoestima. La vida se puede volver miserable, si no se toma un manejo planeado a tiempo.
¿Cómo podemos ayudar al paciente con incontinencia fecal?
La rehabilitación del paciente que sufre de incontinencia fecal es ardua y urgente en todas las etapas de la vida del niño, del adolescente o del adulto. Se le debe proveer entrenamiento para mantenerse limpio durante un tiempo considerable del día junto a terapia de retroalimentación. Se debe comenzar diferenciando el paciente que tiene incontinencia asociada a estreñimiento del que tiene incontinencia asociada a diarreas. El objetivo del entrenamiento es promover la independencia de cuidado en el niño afectado.
El régimen más efectivo actualmente consiste de vaciar el intestino grueso de forma regular y completa limitando los episodios de accidentes fecales. Esto se logra utilizando un programa de enema diaria, manipulando la dieta, usando laxantes en casos de estreñimiento severo y drogas cuando se asocia a diarrea. Si el programa diario y regular de enemas es efectivo en mantener al paciente socialmente limpio, este se convierte en un candidato para un procedimiento quirúrgico.
El procedimiento consiste en utilizar el apéndice sacado por el ombligo como un pequeño estoma por donde el paciente se introduce un pequeño tubo y se lava el intestino grueso de forma antegrada (por delante) en lugar de ponerse enemas. Los niños y los adolescentes a los que les hemos hecho el procedimiento quirúrgico se sienten muy complacidos y se mantienen limpios por espacio de 18 hasta 36 horas. Además, su autoestima, sociabilidad y calificaciones escolares ha mejorado significativamente. Un grupo pequeño de pacientes no podrán mejorar con este procedimiento y necesitará una colostomía permanente para lidiar con su problema de incontinencia fecal.
El autor es catedrático y director asociado de Cirugía Pediátrica de la Escuela de Medicina de la Universidad de Puerto Rico y jefe de la Sección de Cirugía Pediátrica del Centro Médico San Pablo. Para información, llama al 787-786-3495.