(horizontal-x3)
Asegúrate de que el proveedor de servicios tenga una excelente reputación y esté accesible para que pueda establecerse esa relación personal de intimidad y apoyo. (Shutterstock.com)

Es un hecho, semanalmente nos llegan consultas de hijos profesionales, que trabajan, tiene su vida, su pareja, su propia familia, con la interrogante del título de esta nota. Se debaten entre llevarse a sus padres a un hogar de cuido de larga duración, dejarlos en su residencia o llevárselos a vivir con ellos. A renglón seguido, listan (como pensando en voz alta) todos los pros y los contras de una u otra situación.

No hay duda, de que los hijos adultos enfrentan un dilema sumamente crítico en cuanto a qué hacer con sus padres al momento de estos necesitar algún tipo de apoyo especializado, ya sea porque viven solos o han enviudado, exhibiendo señales depresivas, o sencillamente porque están convaleciendo de alguna intervención quirúrgica que les ocasiona una dependencia temporera.

Lo que añade estresores a ese hijo adulto. La realidad es que, por cuestiones legales y morales, los hijos adultos son responsables de cuidar y velar por el bienestar de sus padres. Sea el cuido en el hogar propio o en una institución privada, tomar la decisión no es fácil. Prolongar la toma de la decisión impacta la calidad de vida a ambas partes, al hijo adulto o familiar y al padre o madre en cuestión.

Algunos otros agravantes podrían ser:

1. Un coraje reprimido, que puede explotar en cualquier momento o provocar el desarrollo de síntomas somáticos (migrañas, espasmos musculares, fatiga y cansancio generalizado).

2. Una culpa exacerbada e injustificada.

3. Depresión.

4. Si el hijo adulto tiene una pareja, la calidad de vida de ambos puede deteriorarse.

5. Puede ocurrir un desbalance en términos de lo que es verdaderamente importante versus lo que es urgente.

6. Sentir que estamos llegando a nuestro límite de tolerancia, que ya no podemos más.

7. Abusar de medicamentos relajantes y ansiolíticos.

¿Qué opciones hay?

1. Crear un grupo de apoyo en el núcleo familiar y verbalizar los sentimientos.

2. Buscar opciones y evaluar en blanco y negro (por escrito) las ventajas y desventajas de las diferentes opciones.

3. Seleccionar las primeras dos o tres alternativas que presenten más fortalezas que desventajas.

4. Buscar ayuda de un profesional de la salud, por ejemplo, un psicogerontólogo.

5. Tomar la decisión. En la vida, la angustia aumenta mientras prolongamos la toma de decisión. Una vez tomamos la decisión, la sensación de alivio es sorprendente. Esto aplica a todos los órdenes de la vida.

6. Los hogares de cuido prolongado siempre serán una muy buena alternativa y los hay muy buenos. Pero esta ruta tiene sus retos.

7. Envejecer en su entorno habitual, en su residencia de siempre, sin duda es la opción más fuerte. Pero hay que asegurarse de que el proveedor de servicios tenga una excelente reputación, esté accesible para que pueda establecerse esa relación personal de intimidad y apoyo, que le da una gran fuerza y beneficio a esta modalidad.

8. Infórmate, consulta con tus familiares, toma en cuenta la opinión de tus padres, y sigue el resultado de un análisis ponderado y objetivo.

9. Al final, eres tú, como hijo adulto, quien deberá asumir las consecuencias de la decisión final.

La autora es psicóloga I/O, especialista en gerontología, y dirige Servicios de Cuido, Inc. Para información, llama al 787-690-1660 o escribe a [email protected]


💬Ver 0 comentarios