El mundo del arte lamenta la muertedel artista catalán
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París - El Gobierno francés situó ayer al artista Antoni Tàpies, fallecido el lunes, a la altura “de sus amigos Joan Miró y Pablo Picasso”, al lamentar la muerte del artista mediante una declaración del ministerio galo de Exteriores.
“Inmenso artista, Antoni Tàpies, quedó marcado por los desgarros de la Guerra Civil española y fue una de las conciencias artísticas españolas más intensas del siglo XX, en el mismo nivel que sus amigos Joan Miró y Pablo Picasso”, dijo el portavoz.
La Unesco también envió sus condolencias por la muerte del artista y subrayó que el artista catalán revolucionó el arte abstracto “al inventar un lenguaje formal de una rara intensidad”.
Tàpies, quien decidió abandonar el surrealismo al considerar que los artistas de este movimiento continuaban haciendo “pintura académica”, resolvió, como opción personal, tirar “por otros caminos” de mayor libertad, caminos nunca abandonó.
“Tengo confianza en que influiré y que cambiaré la manera de pensar”, decía el pintor, fallecido en Barcelona a los 88 años, en la película documental “Alfabeto Tàpies.
Según el diario El País, la obra de Tàpies está marcada por las rugosidades, las rasgaduras, las grietas, las cruces y números y signos de su mitología personal. Su trazo es enigmático, su voluntad intrincada, pero su estilo es inconfundible. Todo eso conforma la obra de un artista esencial.
Tàpies se reconoció en numerosas ocasiones más interesado por la pintura primitiva y el misticismo oriental que por cualquier otra tendencia contemporánea, y recordaba que en sus inicios en el mundo del arte, allá por los años cuarenta, su pintura era muy intuitiva y rebelde, como un reflejo de la situación dramática de la España de aquella época.
Comprometido con el tiempo que le tocó vivir, Tàpies no renunció a la polémica, como cuando firmó una declaración en la que se pedía la supresión de las corridas en Cataluña “porque los toros son animales dotados de sensibilidad física y psíquica, y la práctica de las corridas de toros inflige a los animales un sufrimiento atroz”. Igualmente, cuando recibió el Premio Velázquez de las Artes Plástica, en 2003, se reconoció “muy honrado y contento” pero reconoció que no era “la mejor época para recibir honores” por la guerra de Irak.
El inconformista Tàpies se quejaba, en 1990, de que el mundo vivía el peor momento de la historia para el arte debido a los flujos uniformadores de la cultura y la preponderancia del mercado.
El pintor se lamentaba, ya entonces, de que fuese “más atrayente hablar de dinero, de cifras récord, que del mensaje espiritual que quisiera transmitir el artista, en medio de este caos que vive la sociedad moderna”.
Pero el artista, interesado siempre por crear un lenguaje acorde con las circunstancias que le rodeaban, no renunció a seguir creyendo en el arte como actividad transformadora de la conciencia.