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20 de septiembre de 2010
Puerto Rico Hoy
 

TERROR en la comunidad gay

Han asesinado diez homosexuales en los últimos diez meses

 

Por Osman Pérez Méndez / operez@elnuevodia.com

Camina por un oscuro callejón, rumbo a la avenida, con sensuales movimientos y atenta mirada a todo a su alrededor, especialmente los carros que al pasar cerca disminuyen su velocidad.

El paso distante de una patrulla policial, que atraviesa otra callejuela con sus centelleantes luces azules, hace que aminore la marcha. Otro vehículo, más próximo, captura su atención al punto que no puede evitar atenderlo. Baja una ventanilla oscura y hace señales. No es un cliente. La tensión es evidente.

La persona, como muchas otras, trabaja en las noches, por un sector de Santurce. Su uniforme: una falda corta, tacos, maquillaje y una blusa escotada que realza sus senos, si bien ella no es mujer (o por lo menos no lo es siguiendo una estricta definición genética).

Jaelys, como se identifica, es parte de una comunidad de personas que se siente discriminada, perseguida, desatendida, y ahora, por si fuera poco, además teme por su vida.

Así viven a diario en Puerto Rico los miembros de la comunidad LGBTT (Lesbiana, gay, bisexual, transexual y transgénero), particularmente luego de que en los últimos 10 meses se registraran por lo menos 10 asesinatos de homosexuales. “Las cosas están malas. Tenemos temor, claro que sí”, afirmó Jaelys.

“Te lo digo claro, nos están jo... Hay de todo, hombres que se disfrazan de mujer para atacarnos y robarnos, otros lo hacen por venganzas, y también hay otros que hacen para hacer lo que estamos haciendo nosotros (prostituirse o conseguir servicios de personas que se prostituyen)”, dice Jaelys.

Varios vehículos se acercan, despacio, sin disimular en absoluto su propósito al transitar por ese sitio, a esas horas y a esa velocidad. Jaelys interrumpe repentinamente la conversación para acercase a un vehículo de marca cara, en el que cuelga una cruz del espejo retrovisor.

La noche está “bien movida”, pero Jaelys retoma la conversación y aclara que la cifra de 10 asesinatos es apenas una “que ustedes sepan”, y afirma que ha habido otros miembros de la comunidad desaparecidos.

Desconfianza en la Policía

Jaelys destaca que están actuando con más precaución. Evitan andar en solitario, y apuntan la tablilla del carro donde se va algún compañero o compañera de trabajo. Además tratan de tener el celular siempre a la mano para avisar.

¿Por qué no acuden a las autoridades? Pues porque tampoco confían en ellas. “Pero si el guardia arresta a los gays, y si les gusta, cuando salen (de la celda) luego van y te buscan y te lo hacen”, asegura Jaelys. “A mí me lo han hecho, varias veces”.

El licenciado Osvaldo Burgos, quien trabaja con la organización Coaí, que entre otra cosas tiene el programa Tanamá para ofrecer servicios de prevención a miembros de la comunidad transexual y transgénero, aseguró que esas personas temen acudir a las autoridades porque a menudo terminan siendo doblemente penalizadas, particularmente si son empleados del sexo.

“Las personas de la comunidad trans han manifestado que temen por su vida. Están siendo atacadas con mucha frecuencia. Son objetos de agresiones verbales e incluso de palizas”, afirmó Burgos.

El abogado destacó que en Tanamá estaban trabajando con un protocolo de protección, pero que eso era apenas una estrategia que no era infalible. “Son personas que viven en la oscuridad, porque por el día ni pueden salir. No tienen garantías de nada, su dignidad es pisoteada todos los días. Y ahora tampoco pueden salir de noche porque temen por su vida”, dijo Burgos.

Por su parte, Jaime Santana, quien forma parte de la organización Puerto Rico Concra, dentro de la cual coordina el proyecto Colores dirigido a orientar a jóvenes gays, puso un ejemplo concreto de por qué había tal desconfianza en las autoridades.

Narró que un joven homosexual que estaba siendo agredido por otros al extremo de que “casi se van a las manos” no llamó a la Policía. Cuando le preguntó la razón, dijo Santana, el joven le respondió que antes había recibido una paliza y al denunciarlo a la Policía le habían contestado con un tajante “eso te pasa por andar en mari...”.

“Es lógico que estén preocupados por su seguridad. Creo que ellos sienten que todo se queda impune”, insistió Santana, quien aseguró que también estaban orientando a los jóvenes sobre la homofobia y sobre formas de protegerse de la ola de violencia.

El conocido activista pro derechos de la comunidad LGBTT, Pedro Julio Serrano, dijo que pese a los temores latentes, notaba un mayor nivel de conciencia y organización entre los miembros.

Llamado a ejercer cautela

“Hay un sentido de impotencia y de temor. Pero a la misma vez veo más conciencia en las redes sociales, más llamados a tener más cuidado, a no salir solos y avisar donde están”, dijo Serrano.

El activista añadió que cada vez hay más advertencias y llamados a no quedarse callados y a denunciar los ataques y el discrimen, y señalar a los agresores. Añadió que, con cada ataque contra ellos, estaba aumentando también el respaldo hacia ellos y la cantidad de gente que pide un cambio, incluyendo a muchos heterosexuales.

En la calle, mientras, Jaelys comentó que no es raro que la Policía haga redadas y les arresten, haciendo su situación aún más desesperada. De hecho esa misma noche que conversó con este diario ya habían estado rondando agentes por el lugar.

“Pensé que me llevaban a mí”, dijo Jaelys, sin conocer que horas más tarde sus temores de que algo pasaría por allí se hicieron realidad cuando la Policía condujo varios operativos en la madrugada siguiente.

No lejos de la zona donde operaba Jaelys, un trío aguardaba por clientela en una esquina.

Aquí el temor fue más fuerte que el deseo de revelar los sufrimientos que padecen. La que parecía más experimentada del trío insistió en que ninguna de ellas dijera nada, que era mejor así, y que eran “cosas de la vida”. Pero una de las dos más jóvenes alcanzó a emitir una adolorida denuncia.

“Esto es horrible. Estamos bien asustadas”.

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