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Cine
25 de julio de 2012
 

The Dark Knight Rises, el final triunfal de Batman

La integridad dramática de Christian Bale y la dirección de Christopher Nolan hacen que esta cinta se eleve a otro nivel

 
 (suministradas / fotomontaje / adlín gonzález-torres)

Por Juanma Fernández-París / Especial El Nuevo Día

Dado a la consistencia de la prestigiosa filmografía del director Christopher Nolan (“Inception”, “Memento”) y sus grandes logros artísticos en sus filmes anteriores de Batman (“Batman Begins”, “The Dark Knight”), no debería sorprender el nivel de entretenimiento épico y la ambición artística de “The Dark Knight Rises”.

Incluso, una de las mejores cualidades de este tercer filme de Nolan es que está repleto de sorpresas. Lo que lo eleva al nivel de arte es que estas sorpresas funcionan para aquellos que vienen empapados de la mitología del Batman de los cómics, para los que se han vuelto fanáticos del personaje al ver las dos cintas anteriores y para el espectador casual que simplemente quiere ser transportado a otro universo donde la lucha entre el bien y el mal no está desconectada del caos moral de la sociedad en la que estamos viviendo.

Aunque estemos malacostumbrados a que Nolan logre estos actos de malabarismos creativos en casi todos sus filmes, su creación de un último capítulo que le da un final al Batman real y humano que ha creado en sus películas, es un logro cinematográfico superlativo que no puede ser ignorado. Las comparaciones con las dos películas anteriores son inevitables; pero para poder apreciar lo que Nolan y sus guionistas (David Goyer y Jonathan Nolan) han logrado con este largometraje hay que tener en cuenta que éste ha sido concebido como el acto final de la saga que han creado.

La estructura dramática que ha estado en función desde antes de que Aristóteles la discutiera dicta que en esta sección de la historia el héroe tiene que enfrentar el punto más bajo de su vida para poder tener su encuentro climático con su conflicto.

Nolan y sus colaboradores han tomado esto y han generado un espectáculo épico que redefine lo que es un clímax dentro del género de películas de superhéroes y cualquier otro género.

La trama de esta película comienza ocho años después de los eventos que finalizaron “The Dark Knight”. Justo como habían planificado, Batman ha desaparecido dejando al Comisionado Gordon (Gary Oldman) para idolatrar a Harvey Dent como héroe y poder eliminar la corrupción de las estructuras políticas y lograr que la criminalidad sea casi inexistente. Pero para Nolan y sus colaboradores esta mentira ha socavado aún más los pilares de la ciudad Gótica, abriendo el paso para que un mercenario conocido como Bane (Tom Hardy) cause terror y destrucción de una forma que nadie se hubiera imaginado.

La existencia de este nuevo némesis lleva a Bruce Wayne (Christian Bale) a tener que volver a asumir su alter ego y a depender de la ladrona Selena Kyle (Anne Hathaway), quien definitivamente tiene su propia agenda.

Hay mucho que celebrar en este filme, pero nada merece más atención que los logros de este director con este maravilloso elenco. Con esta película, Nolan confirma que habrán muchos actores que se puedan poner el traje de Batman, pero solo hay uno que pude encarnar la humanidad atormentada de Bruce Wayne. La integridad dramática de Christian Bale en esta cinta es lo que le permite a su director elevar el nivel del espectáculo a la estratosfera.

De la misma forma, Gary Oldman, Morgan Freeman y Michael Caine aprovechan sus escenas para presentar alternativas benévolas y paternales de lo que significa ser un héroe verdadero. Si Caine no lo hace llorar más de una vez en esta película, vaya a un cardiólogo para que le confirme que tiene un corazón de piedra.

Dado que la narrativa de este filme funciona completamente al filme previo, los actores que les toca interpretar a los villanos evitan la experiencia lacerante de ser comparados con el Guasón de Heath Ledger. En esta cinta, Hathaway reconfirma que no hay nada que no pueda hacer en pantalla, con una Selena Kyle que funciona de maravilla en el universo de Nolan, a la misma vez que le hace justicia a la complicada relación que siempre ha tenido con Batman.

Por su parte, Tom Hardy tiene que lidiar con la manifestación física grotesca de Bane, algo que probablemente opaque la sutileza de su trabajo en este filme.

A pesar de ser una película con una extensa lista de méritos y que no falla en proveer un final memorable y más que satisfactorio a esta saga, vale la pena mencionar que esta oferta es la más imperfecta de la trilogía.

Las debilidades del filme están directamente atadas con las ambiciones artísticas de su director. La situación climática del guión es tan espectacular que una vez se entra a su resolución, el ritmo del filme se torna apresurado en lugares donde más atención a detalles hubiera sido lo más apropiado. Lo mismo sucede con el desarrollo de un personaje que resulta ser clave en un viraje final, pero se mantiene convenientemente marginado y presentado de una forma superficial.

Esto son males que no existen en los otros filmes. Aún así, ninguno quebranta la escala del espectáculo de este filme y lo que Christopher Nolan ha logrado con esta trilogía. El que Warner Brothers vaya a intentar reinventar a Batman en otros filmes es de esperarse, pero resulta dudoso que ningún otro director logre darle la resonancia emocional y artística que este ícono de la cultura popular ha adquirido en estos filmes.

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