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De Viaje

10 de junio de 2012
 

Tiempo en el “township”

Una experiencia en la que los habitantes de los barrios abren las puertas de sus casas y se organizan para hacer de la sencillez un gran atractivo, todo con fines comunitarios

 
Desde los barrios humildes en las colinas se alcanzan a ver las sofisticadas Thesen Islands y el océano Indico.  (Suministrada por Visit KNYSNA)

Ruta Jardín Suráfrica / Por Martin Wain

El primer intento por conocer algo de la realidad social de los suburbios sudafricanos resultó frustrante. Llegamos a Soweto, el histórico barrio de la resistencia contra el apartheid, en las afueras de Johannesburgo, y sólo alcanzó el tiempo para visitar la casa-museo de Mandela, dar una vuelta en camioneta y almorzar en un restaurante para turistas. Esa era la propuesta para descubrir Soweto , un tour de antemano imposible con apenas tres horas para recorrer una zona de 2,500,000 millones de habitantes. La segunda experiencia fue mucho mejor: en Knysna, una ciudad de la sorprendente Ruta Jardín, pudimos conocer a Ella Mahlulo, que nos guió por las calles de su barrio.

Los “townships” son áreas suburbanas con gran mayoría de población negra, que se constituyeron especialmente en las décadas de segregación racial. El de Knysna se ubica sobre una ladera, frente a una laguna y con el océano Indico de fondo. Su vista panorámica es uno de los pocos privilegios que tiene. Las casas son precarias, casi todas de madera con techos de lata y de uno o dos ambientes. Viven aquí unas 20,000 personas, con una tasa de desempleo cercana al 30%.

Ella Mahlulo comenzó en 2008 con su pequeño emprendimiento turístico, sin protocolos ni recorridos muy definidos. Pide permiso en casas, peluquerías y pequeños comercios para entrar con los turistas y mostrarles la vida cotidiana. Su propuesta es establecer un puente con la gente que llega del exterior y ayudar a su comunidad a través de casas seguras para víctimas de violencia familiar, entre otros proyectos que logra sostener con los ingresos del turismo.

Primero nos presentó a Papi, uno de los barberos, que se alegró de poder hablar con nosotros en “portuñol” . Nacido en el Congo, vivió en Angola antes que en Sudáfrica y asegura no encontrar todavía su lugar en el mundo.

Fuimos después a la casa de una vecina, Busisiwe, que nos recibió sorprendida y un poco incómoda. Nos contó que está inscrita en el Programa de Reconstrucción y Desarrollo (RDP), un plan estatal creado por Mandela durante su gobierno, para recibir “algún día una vivienda más grande, con dos habitaciones en lugar de uno y el baño adentro de la casa”.

Mahlulo nos habló más acerca del barrio, que es “muy unido, seguro y abierto de corazón al turismo”, la actividad más fuerte en la región. Y bromeó sobre los que buscan imágenes en lugar de compartir momentos con la gente.

Junto a la biblioteca hay un centro de salud, que será un hospital cuando finalicen las obras, en pocos meses. Entre ambos edificios se mantiene, algo desgastada, una escultura en forma de pelota que quedó del Mundial 2010. El “township” tiene dos escuelas primarias y una de nivel medio.

Entramos en un pequeño almacén, administrado por somalíes. Los inmigrantes de ese país trabajan en cooperativas para ofrecer los mismos productos de la ciudad a precios más accesibles. El local está sobre la calle asfaltada que divide a los que tienen luz y agua de los que no.

Hay otros circuitos turísticos en el township de Knysna, como los de Living Local, que ofrece incluso pasar la noche en Judah Square, la comunidad rastafari dentro del barrio, una fortaleza colorida de amor y paz.

También hay un bed & breakfast , creado y administrado por Mawande, una mujer que nos deleitó con su cocina xhosa. En su casa-restaurante almorzamos sobre una terraza ambientada con hermosas fotos del barrio.

El circuito culminó en la vivienda de Ella, con un momento musical a cargo de la anfitriona: sonido de tambores y un coro improvisado con dos señoras que estaban en la casa. Para Ella, los proyectos turísticos han generado un pequeño cambio en los jóvenes, más allá de la colaboración y el intercambio con los de afuera. “Se identifican con nuevos actores sociales. Sin querer, nos convertimos en un espejo para ellos, porque ven que nos ganamos la vida sin salir del township y sin dejarlo de lado.”

KNYSNA, REINA DEL JARDÍN

Es una de las estaciones imperdibles de la Ruta Jardín, que une principalmente Puerto Elizabeth con Ciudad del Cabo y se ha convertido en uno de los circuitos más visitados de Sudáfrica. Knysna tiene 80,000 habitantes, pero el centro en sí parece un pueblo, con un puerto hermoso donde varias veces al día parte un ferry de estilo antiguo, en una vuelta ideal para disfrutar del entorno de colinas. Cuesta 160 rands (unos 90 pesos argentinos).

Knysna se ubica entre las montañas de Outeniqua y la costa del sur del Cabo. Está rodeada de áreas protegidas, como la Reserva Natural de Federbed, que ofrecen circuitos para recorrer especialmente en bicicleta.

Uno de los sitios más buscados es el Knysna Elephant Park, con una decena de estos animales que se pueden conocer de cerca e incluso alimentar. La zona más sofisticada es la de Thesen Islands, unas islas artificiales donde sorprenden las casas de lujo (489 en total) con su propio muelle, especialmente utilizadas. El sector tiene también hoteles de alta gama y algunos de los mejores restaurantes.

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