“Cuando la gente sube a Jayuya se enamora de Jayuya”, dice el alcalde del pueblo
Por Gloria Ruiz Kuilan/gruiz@elnuevodia.com
El Cerro Punta, el más alto de Puerto Rico, está en el municipio de Jayuya. Quizá un atisbo de las aspiraciones de un pueblo pequeño ubicado en el centro de la Cordillera Central, que con un presupuesto que no alcanza los $10 millones provee a sus residentes sosiego y estándares de sana convivencia apegados a las tradiciones puertorriqueñas.
Sin embargo, la carencia de empleo y el abandono de la agricultura son las piezas del rompecabezas que aún faltan por colocar.
“Si vuelvo a nacer, volvería a vivir en Jayuya. Esto es donde mejor se vive. Todo el mundo se conoce. Es raro que haya un asesinato”, dijo Osvaldo Rosario, del barrio Santa Bárbara.
El último asesinato en Jayuya se reportó en el 2008. En el casco urbano, la policía municipal mantiene un centro de vigilancia con cámaras. Hay jayuyanos que abogan por la creación de un Código de Orden Público, como el candidato pipiolo Guillermo Ramos. “Lo necesitamos. Hay jóvenes que se han muerto en las calles, en accidentes”.
“El municipio hace muchas actividades... torneos de ‘softball’, cabalgatas, bicicletadas”, continuó el jayuyano Rosario. Se unen las “jeepadas”, el Festival de la Vellonera, el Festival del Tomate, las Fiestas Patronales Nuestra Señora de la Monserrate y el Festival Indígena.
El alcalde Jorge González Otero explicó que gusta de hacer estos eventos para impulsar la economía y el turismo. “El Festival Indígena nos da un sentido de pertenencia, además tenemos que invertir en el turismo. Los fines de semana Jayuya es bien visitado. Hacemos muchas cosas para que la gente suba a Jayuya, porque cuando la gente sube a Jayuya se enamora de Jayuya”.
Reconoció que estas gestiones no eran fáciles de concretar cuando empezó como alcalde hace 16 años y el municipio tenía un déficit de $1.5 millones. Desde el año fiscal 2010-11 tienen un superávit operacional de $28,369 y otro acumulado de $629,946.
Con un presupuesto de $7.8 millones, el municipio adquirió hace seis años el parador Hacienda Gripiñas, una hacienda cafetalera del siglo XIX que emplea a 20 jayuyanos. Es en la actualidad el único parador del pueblo.
El parador es complementado por los atributos que ofrece Jayuya como el Museo El Cemí, la Casa Blanca Canales, la Piedra Escrita, la Hacienda San Pedro, los Tres Picachos y la Tumba del Indio. Además, Jayuya se precia de poseer una vasta cantidad de artesanos, cuyas residencias están identificadas como tal.
Los lugares de interés mencionados eran visitados durante el recorrido de este diario por un par de turistas locales. “Me encanta. Es un pueblo lindo. La gente es amable. Es un pueblo limpio y tiene cosas hermosas que ver”, dijo la utuadeña Yaminet Heredia, quien visitaba el pueblo junto a una amiga.
“Hay áreas recreativas para todas las edades. Me gustan las montañas. El monte es lo mejor que tiene (Jayuya)”, dijo Luis Domínguez, de Saliente.
Para Domingo Soto, del residencial Mattei, lo que necesita Jayuya son empleos. Dijo que en la agricultura se puede conseguir trabajo, pero tan pronto la gente obtiene uno “más fácil” dejan la tierra.
La tasa de desempleo en Jayuya es una de las más altas en el país, con un 20.7% a marzo de este año. La cifra representa una disminución si se considera que en marzo del año pasado era 23.6%.
“Muy poca gente sale a trabajar a San Juan, Ponce... las distancias son largas, no es económicamente viable y en los pueblos limítrofes lo que tengo es Villalba y Ciales, que económicamente están bien atrás”, dijo el alcalde.
El municipio de Jayuya posee las fábricas Baxter y Abbott. Otra opción consiste en laborar en pequeños comercios del pueblo o para el municipio. “Si no consigues ahí, te tienes que ir. A mí me encanta Jayuya. Por eso me quedo aquí”, dijo Awilda Muñiz.
En diez años, unos 676 jayuyanos dejaron atrás la ‘Capital Indígena’. “Me extrañé, pero la gente busca alternativas. Se van a Estados Unidos”, dijo el alcalde.
Agregó que se asegura de hacer “todos los proyectos” municipales con jayuyanos. Se quejó del abandono del gobierno central, que no le asfalta ni mantiene sus vías y le redujo el dinero de Ley 52 -para crear empleos- de $200,000 a $80,000.
El municipio compró el CDT de Jayuya y lo mantiene con dinero municipal prácticamente, dijo el alcalde, porque “se incentivaba la sala de emergencia con $1.3 millones y nos han ido dando tajos y tajos, y ya van por $600,000”.
A pesar del escándalo por un posible fraude con las Pruebas Puertorriqueñas, el alcalde aseguró que confía en los estudiantes. A los que tienen excelencia académica o se destacan en deportes y en la prueba del College Board, les da entre $100 a $500.
Creatividad
Para el esparcimiento de la juventud y crear empleos, la administración municipal construye una bolera, un anfiteatro y la Casa de la Historia de Jayuya, que incluye un café con Wi-Fi al lado de la plaza pública.
El municipio proporcionó espacio a una empresa de reciente creación con la promesa de crear 200 empleos. Lo mismo hizo con otro empresario que dará vida a lo que se conocerá como Pitorico, un pitorro a fabricarse en Jayuya.
Este municipio también es la cuna del biodiesel, que utiliza la flota municipal y venden a otros municipios como Comerío. Carlos Rivera es el joven empresario que mediante un “joint venture” con el municipio hace combustible con el aceite de cocinar usado, que recoge en los municipios y restaurantes del país.
“Diariamente procesamos 600 a 800 galones. Eso es lo que utiliza el municipio de Jayuya en todos sus camiones por una semana”, precisó Rivera.
El uso del biodiesel le produce ahorros al municipio de entre $10,000 a $12,000 mensuales.
El alcalde dijo que a cambio de la ayuda que procuran los jayuyanos les exige reciclar pero “sinceramente no hemos tenido mucho éxito”.
“La gente entiende que es mejor que me lo den todo a tener que trabajar. Hay que fomentar la cultura del trabajo”, dijo.
A esa misma apatía también han sometido la agricultura. Pocos visitan la plaza del mercado Ismael Vega.
“La agricultura pasó a tercero, cuarto o quinto plano. Ha bajado mucho. Se nos hace bien difícil encontrar gente que diga: ‘yo quiero depender del trabajo’”, dijo el agricultor y empresario, Roberto Atienza. “A la gente no le importa trabajar. Traigo más gente de Villalba a trabajar que de Jayuya”.
El gran reto de los jayuyanos será entonces, preservar la sana convivencia, rescatar la agricultura y evitar perderse como pueblo en el desdén.