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Estilos de vida

Mi bienestar
29 de julio de 2012
 

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El maquillista y peluquero Johnny Reinosa repasa su carrera de 41 años llenos de anécdotas y estrellas

Por Carmen Graciela Díaz / Especial El Nuevo Día

El lápiz labial, el polvo y el colorete son, en su caso, una suerte de enfermeros. El maquillista y estilista Johnny Reynosa se considera “un doctor” que cura según el propósito del maquillaje y la piel de cada cual. Figuras como los cantantes Marco Antonio Muñiz, Valeria Lynch y Danny Rivera, la vedette Iris Chacón y el actor Raúl Juliá son algunos de los que han pasado por sus manos.

Ha sido testigo de personalidades estrambóticas y de otras reservadas, pero a todos les ha tenido una propuesta para llevarlos a la imagen que desean proyectar. Es un traductor, después de todo.

Pero la profesión en la que ha volcado su vida, en su amado tras bastidores le llegó como un accidente fortuito. Se lo debe a la sabiduría y el ojo que todo lo ve del abuelo, don Juan Reinosa Padilla quien con su honestidad le abrió los ojos al niñito que quería ser artista plástico.


“Johnny, estudia otra cosa porque de pintor te mueres de hambre”, le aconsejó al chiquillo inquieto que siempre dibujaba y pintaba rostros en esos bocetos truncados.

Pero fue en un día de juegos habitual, con su vecino de la Calle Unión en Miramar, Tony Chiroldes, cuando el cambio ocurrió. La tía del que con los años se convertiría en actor y productor, la actriz Vilma Carbia, animaba en ese entonces el programa de variedades “Rendezvous nocturno”. Debía ir al Canal 4 y ese día se llevó a los chicos.

“Me dijo ‘Aplícame sombra, pégame las pestañas que estoy tarde’. Entonces yo sin saber, siguiendo sus directrices lo hice”, relata del momento que describe como la chispa que le mostró que eso que acababa de hacer le gustaba porque lo sintió “como una magia”.

El flechazo fue fulminante; quiso estudiar lo que hizo por instinto y fue así que, como cuenta orgulloso, se convirtió en el primer estudiante varón en graduarse del curso vocacional de Cosmetología y Barbería de la Escuela Dr. José Celso Barbosa en Puerta de Tierra, en San Juan.

“Todo lo preguntaba, seguía las instrucciones y ahí fue que comencé, con la bendición que iban a tomar las fotos de inauguración de los cursos vocacionales y trajeron al gobernador Luis A. Ferré y me llamaron”, explica sobre cómo las vueltas de la vida operaron a su favor.

“Yo estaba nervioso, pero lo hice. Y el señor Ferré, que en paz descanse, quedó tan complacido que empecé a trabajar de gastón. Yo lo recortaba, lo peinaba”, ilustra sobre el papel que desempeñó en la Fortaleza, según cuenta, hasta el término de la exgobernadora Sila M. Calderón.

Johnny relata que si bien los políticos pueden ser “más reservados” que otros clientes, cuando llegan a él “es en calidad humana no profesional”. El trato profesional no se le escapa de su personalidad, pero da fe que “cuando pasa el tiempo, la relación se queda en amistad”.

“Es muy lindo”, subraya con el brillo de una ilusión que en él es tan natural como caminar.

Durante 41 años de carrera, se ha encargado de la imagen de una lista robusta de personajes del entretenimiento, la política y la moda tanto en su carácter individual como el experto que los canales locales han tenido en el recoveco de luces, brochas y sombras del área de Maquillaje.

Saca cuenta que en Univision lleva 17 años, recibiendo un itinerario de los programas y los invitados que van a Noticias, y fue allí donde nuestras cámaras fueron testigos de su arte y la confianza que su trabajo inspira.

La periodista Yolanda Veléz Arcelay lo describió bien: “Johnny siempre está aquí de buenas porque mira que aquí está el cuarto de las neuras. Aquí todo el mundo baja con estrés y todo el mundo quiere quedar bien rapidito”.

Lecciones de belleza

Las cámaras de foto y vídeo captaron a Johnny en Univision, pero la libreta de notas y la grabadora se lo encontraron en Río Piedras, en El Hipopótamo, donde se comió gustosamente un sandwich cubano con el café que lo despertaría tras una jornada larga de trabajo la noche anterior (“Para mi abuela, estar gordito era estar saludable”, menciona entre risas).

Llegó a nuestra cita agarrado a su simpatía, con su clásica boina, la mochila para sus tereques y vestido de negro, color que le resalta su piel blanquísima y sus ojos claros.

Al repasar sus cuatro décadas de experiencias, no puede evitar mirar a todas partes como quien no cree lo vivido. Ha maquillado a muchos, y por ende, guarda instantes y más de una conversación que ha calado hondo en él.

“Cuando estuve maquillando a Celia Cruz para unos anuncios de la aerolínea American Eastern bajo toda esa envergadura había una mujer muy noble, muy sensible. Entonces al uno tener conocimiento de la personalidad, pues uno se pone nervioso, pero cuando estuve con ella fue muy dócil. Fue muy fácil trabajar con ella porque su forma de ser lo suavizaba. ‘Si no son estas pestañas, pues me pones estas. No hay problema’”, dramatiza con el tono pausado y teatral con el que habla.

Otra figura que no olvida es la bolerista Olga Guillot, específicamente por unas palabras que asegura que a sus 57 años no se despega del corazón. “Ella me dijo, ‘Johnny, la vida es de situaciones. En la primera y segunda situación tú tratas de resolver, pero ya a la tercera no. La vida te va a poner en situaciones y tú tienes que decidir, pero sin dejar de pasar que lo importante eres tú’”, cuenta.

Entre tendencias que vienen y van, las que quedan pese a la fuerza de los cambios y los maquillajes y peinados que no cesa de hacer, reflexiona que en medio del gusto que siente por su oficio, existe algo que le causa desánimo.

“Lo único que no me gusta es que el trabajo se pierde porque se va de la piel; a menos que no sea para una película, una foto o una obra y se documente”, expresa con una pena que no puede evitar.

Pero la realidad es que de nada le serviría ocultar la alegría con la que acoge las transformaciones de la industria de la belleza y de interpretar al maquillaje como un “estado de ánimo”, lejos de cualquier lectura superficial.

“Diría que el último renglón de la medicina es la belleza porque el cosmetólogo te mira, el peluquero te chequea el cráneo y si hay caída puede ser deficiencia de alguna vitamina o alguna condición de salud. A cada rato sale un producto al mercado con unas tecnologías y avances increíbles. Lo disfruto, lo disfruto, y aprendo”, enfatiza.

Sus labores las ha combinado a lo largo del tiempo con su papel como profesor. Aprendió un caudal de reconocidas maquillistas como Rosie Badillo y Carmen Andino, y lo mismo que ellas hicieron por él al transmitirle conocimiento, él lo ha querido hacer en una gama de instituciones como la Universidad Interamericana de Puerto Rico y el Instituto de Banca y Comercio.

“El legado hay que dejarlo. Yo respeto a la persona que selecciona mi profesión y los quiero apoyar porque desde que tengo uso de la razón siento que he trabajado en lo que me gusta, en mi pasión. Nunca he trabajado de otra cosa. He sido bendecido porque es lo que he hecho toda mi vida y con muchas personalidades”, exclama.

Talento y disposición

La vida no cesa de probar que para ser exitoso, la voluntad debe convivir con el talento. Esa voluntad que alimenta las ganas, que mantiene el vigor pese a las caídas y los éxitos, y que fomenta la curiosidad para seguir. Y vamos, que ese componente le sobra a este caballero.

“Del futuro espero tener la misma actitud y disposición que he tenido hasta el presente para cuando llegue mi momento de jubilación estar realizado, en paz conmigo mismo. Son 57, ¿qué me quedan? ¿Diez años? A menos que me pegue en la Loto”, comenta quien resalta que una de las satisfacciones que le da ejercer su profesión es, luego de llegar a un acuerdo con su cliente, ver que la persona se sienta realizado frente al espejo y celebre su imagen.

Afirma que heredó las ganas de su abuela Isabel Burgos de Reinosa, de familiares como su tía Otilia Reinosa Gallardo y amistades del trayecto. “Uno adopta muchas características para poder lidiar y sobrevivir”, detalla.

Johnny pide aprovechar nuestra entrevista para hablarle a quienes lean de su relato en este momento. “Un mensaje que quiero dar, con mucho respeto, es que el hogar es la base de todo ser humano. Hay situaciones pero si hay una base de autoestima, fe, ética y respeto... uno sigue”, dice.

Al salir del restaurante pronuncia hola, adiós y suelta sonrisas a quienes se le cruzaron. Tal vez inspirado por el coraje que de la vida ha sacado se despide subrayando que se siente realizado. “Lo único que me falta es traerle a Puerto Rico el Óscar”, declara antes de decir adiós y caminar satisfecho rumbo a su hogar.

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