Sin embargo, aún no se recuperan por los estragos que dejó el huracán Irene
Por Javier Colón Dávila jcolon@elnuevodia.com
VIEQUES - El ambiente en esta isla municipio era de completa calma esta mañana, mientras la onda tropical María comienza a alejarse del archipiélago boricua.
En un recorrido de este diario observó muy poca actividad. Nadie colocaba tormenteras y uno que otro reajustaba planchas de zinc. La vida aquí sigue a paso lento, como siempre.
Sentados en el balcón de la casa de huéspedes "Casa de la Amistad", los estadounidense Pamela Brown y Jahan Dadgar lucían tranquilos mientras seguían la ruta de María por Internet.
"(La ruta) Puede camabiar y sabemos que puede ser serio. Vimos lo que pasó aquí con Irene, pero estamos viendo que la tormenta va más lenta y se está alejando", dijo Pamela, quien llegó a Vieques con su esposo desde la comunidad El Cerrito, cerca de San Francisco, en California.
"Ahora buscaremos café y probablemente iremos a La Esperanza. Pasaremos el día en la playa y mirando el mar", intervino Dagbar.
Los "locales" de la Isla se expresaban esta mañana igual de tranquilos, aunque el recuerdo de la tormenta Irene no se les borra de la cabeza.
Mientras varios sobrinos colocaban una cisterna en una camioneta para ponerla a salvo, doña Pérsida Velázquez Rijos contó que su humilde residencia o "rancho", como ella la describió, probablemente no aguantaría el azote directo de María.
"Le tendré que decir adiós al rancho", dijo la mujer residente de la comunidad Monte Carmelo. "Aquí no me puedo quedar".
"Con Irene la traté de pasarla aquí, pero me tuve que ir a casa de una hermana", agregó.
Viviana Guerra estuvo cinco días sin luz en el barrio Montesanto, donde vive con su esposo y sus tres hijos. "Están diciendo que la tormenta se está desorganizando", comentó la también empleada del colmado Mambo, cerca del poblado Isabel La Segunda.
A ese negocio acudieron anoche algunos clientes para comprar velas y comida enlatada. Ella nació en Vieques, pero se crió en Miami, por lo que Irene se convirtió en la primera tormenta que vivía en suelo boricua.
"Ya tengo la compra hecha", dijo una de las clientes, Alma Adams. "Irene fue horrible. Nos quedamos sin agua y sin luz y esos vientos daban miedo", dijo la mujer que comparte su residencia en el poblado Esperanza con su esposo y con su mamá de 75 años.
Uno de los puntos más ventosos en Vieques lo es la comunidad Monte Carmelo. Hasta allí llegó este diario, donde Daisy González González habló sobre las viscisitudes que vivió durante Irene.
"Se nos mojó la ropa, la cama y se me movieron planchas de zinco sobre la sala y sobre un cuarto", dijo la madre de cinco, todos menores, incluyendo a un niño de siete años que es autista.
"Aquí quien sólo vino después de Irene lo fue la Cruz Roja porque ni FEMA ha venido", dijo la mujer de 33 años.
Como medida cautelar, la familia entera se movería a una residencia de cemento propiedad de una amiga de Daisy en el barrio Montesanto.
Kimberly Noemí Díaz Rosas pasó la tormenta Irene en la llamada "Isla Grande", pero esta vez viviría el posible azote de María en la residencia de su compañero en Monte Carmelo. Su casa en el sector Luján fue afectada grandemente por Irene.
"Irene fue grave. Mi casa fue un desastre Se rompieron ventanas y hubo filtraciones", dijo la joven quien ya hizo su compra de agua embotellada, atún y leche en caja.

