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Un solo Puerto Rico

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21 de marzo de 2012
Puerto Rico dialoga
 

Una forma de esclavitud invisible

Algunas prácticas laborales comunes violan los derechos fundamentales de los empleados

 
Las empleadas domésticas inmigrantes están entre los trabajadores más vulnerables a la violación de sus derechos, según Romelinda Grullón, del Centro de la Mujer Dominicana. (Archivo)

Por Laura N. Pérez Sánchez / laura.perez@elnuevodia.com

Aun en 2012, existen formas de trabajo que rozan las fronteras de la esclavización y otras que pueden catalogarse, sin más adornos, como esclavitud moderna.

En Puerto Rico, al igual que en el resto del mundo, existen estas prácticas que vulneran los derechos más fundamentales de los trabajadores que, como explica Edwin Morales, director del Instituto de Relaciones del Trabajo, incluyen no solo a los asalariados sino a todo aquel que desempeñe una labor remunerada, ya sea en la calle, desde su casa o por su cuenta.

Morales precisó que el espectro de la esclavitud moderna abarca desde las terribles condiciones en que laboran algunos inmigrantes -que viven hacinados, trabajan jornadas interminables y reciben una paga ínfima- hasta las del asalariado que afronta un empleo precario.

“Son diferentes gradaciones de formas de esclavización del trabajador”, indicó Morales, que, entre las formas más sutiles de esa esclavitud, mencionó las condiciones de empleo que afectan la calidad de vida del trabajador, como su seguridad, su salud física y mental, entre otras.

La Declaración Universal de Derechos Humanos establece que toda persona tiene derecho al trabajo, a condiciones equitativas y a igual salario por el mismo trabajo.

La Organización Internacional del Trabajo, por su parte, define como empleo decente aquel que ofrece al trabajador la posibilidad de un ingreso digno, seguridad, protección social a su familia y mejores perspectivas de desarrollo personal y de integración a la sociedad.

Sin embargo, la situación de muchos trabajadores en la isla dista de estas máximas.

Romelinda Grullón, directora ejecutiva del Centro de la Mujer Dominicana, aseguró que todos los años llegan hasta esa institución ubicada en Río Piedras decenas de personas para denunciar condiciones de empleo esclavizantes.

“Muchas de estas personas están calladas, pero... a veces trabajan 12 horas y más, les pagan por mucho menos del salario mínimo establecido y, cuando terminan de trabajar, a veces no les pagan o las amenazan con llamarles inmigración”, indicó.

Grullón precisó que, por su experiencia, las trabajadoras más vulnerables suelen ser las que laboran en el servicio doméstico, quienes a veces están años en una misma casa, con una misma familia, sin siquiera tomar un periodo de vacaciones, trabajando 16 y hasta 20 horas al día, y las pueden despedir sin ninguna consideración.

“Prefieren, aunque les paguen poco, aunque las condiciones no sean las más adecuadas, no perder su trabajo porque, por malo que sea, por lo menos les permite sobrevivir”, sostuvo.

“Es una forma de esclavitud y de violación de los derechos humanos, y sabemos que esa situación la viven muchas, muchas personas, más de las que uno se imagina”, agregó.

Según la legislación federal, los trabajadores inmigrantes, sin importar su situación legal, tienen los mismos derechos que los demás.

Pero Grullón asegura que, aun cuando el Departamento del Trabajo federal tiene una oficina para atender sus reclamos de forma confidencial, la suspicacia y el temor de ser deportados o encarcelados pueden más que las ganas de denunciar la violación de derechos.

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