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6 de noviembre de 2011
Puerto Rico Hoy
 

Unas elecciones para la historia

En 1980, Romero Barceló se proclamó ganador pese a que iba abajo en el conteo oficial, y Hernández Colón hizo un llamado “a la lucha”

 

Por Jorge L. Pérez / jperez@elnuevodia.com

A las 2:30 de la madrugada del miércoles 5 de noviembre de 1980, el gobernador Carlos Romero Barceló ofreció una conferencia de prensa en la que se proclamó ganador de las elecciones más reñidas de la historia de Puerto Rico.

Media hora después, su retador por el Partido Popular Democrático (PPD), el exgobernador Rafael Hernández Colón, se presentó ante miles de alterados simpatizantes en un escenario construido frente a la sede del PPD en Puerta de Tierra y pronunció uno de los discursos más feroces de su vida.

Entre otras cosas, llamó “dictador latinoamericano” a Romero Barceló, acusándole de asestarle “un golpe de Estado a la democracia puertorriqueña”.

A decir verdad, lo ocurrido durante esa larga noche se prestaba para levantar sospechas.

Para resumir: aunque en los informes parciales que iba supliendo la Comisión Estatal de Elecciones (CEE) Hernández Colón se había mantenido al frente, su ventaja había ido disminuyendo hasta que, a eso de las 8:00 p.m., se paralizó la información oficial.

En esos momentos, la CEE informó que la falla se debía a un desperfecto en su sistema de computadoras, posiblemente debido a un apagón.

Naturalmente, como suele ocurrir, los propios partidos continuaban informando sus propios resultados parciales y fue a base de estos que Romero Barceló se autoproclamó ganador pese a que incluso, a esa hora, los números oficiales de la CEE mantenían al frente a Hernández Colón por unos 1,000 votos, luego de escrutado el 61 por ciento de los sufragios, aunque restaba por contabilizar gran parte de los votos del área metropolitana.

Fue entonces que Hernández Colón, hablando frente a sus correligionarios en Puerta de Tierra, hizo un llamado incendiario a sus seguidores: “Populares... ¡a las trincheras de lucha! Funcionarios: a defender esos votos, a defender esas actas”.

“Puerto Rico nunca ha estado más cerca de una confrontación civil seria”, comentó días atrás el exalcalde de San Juan, Héctor Luis Acevedo, quien se desempeñó como comisionado electoral del PPD en esas elecciones.

“Romero se autoproclamó ganador, cuando a quien le corresponde proclamar un ganador es al organismo electoral”.

Por contraste, 20 años después, Estados Unidos se mantuvo semanas sin saber el resultado de las elecciones de 2000, y nunca George W. Bush ni Al Gore llegaron a declararse ganadores.

Poco después del llamado de Hernández Colón, cientos o hasta miles de populares inundaron los alrededores del coliseo Roberto Clemente, donde estaba instalada la CEE y se llevaba a cabo el conteo de votos.

Al finalizar cerca de una semana después el conteo inicial, Romero Barceló tenía una ventaja de poco más de 2,500 votos. La CEE procedió entonces a “certificar los números”, aunque aún sin declarar vencedor a nadie.

Semanas después, sin embargo, luego de un intenso debate durante el proceso del recuento en el edificio Valencia, en Hato Rey, donde llovieron las acusaciones de robo de las elecciones y versiones de que se habían encontrado cajas llenas de votos sin contar, la CEE confirmó la victoria de Romero Barceló por poco más de 3,000 votos.

Años más tarde, David Noriega, quien fue el comisionado electoral del PIP, aseguró que le constaba que no había habido robo electoral, puesto que él había contado “voto a voto” en el recuento.

Pero sí admitió que el robo pudo haberse producido antes del día de las elecciones: por ejemplo, con el voto adelantado de los miembros de la Policía, quienes, según se dijo, tuvieron que votar frente a sus oficiales.

“A mí me arrestaron en Aibonito porque protesté eso”, dijo Acevedo, quien, sin embargo, sí cree que hubo clara constancia de robo electoral en otras esferas: según su análisis, el PNP fue fraguando esa posibilidad, entre otras cosas al rechazar la tarjeta electoral a pesar de empujar la votación abierta.

De todos modos, resultó ser una victoria pírrica: el PPD ganó tanto la Cámara como el Senado -lo que abrió la puerta para que en ese próximo cuatrienio llevaran a cabo las trascendentales vistas sobre el Cerro Maravilla- y copó 47 de los 78 municipios.

Incluso la CEE sufrió grandes cambios, al aprobarse en 1983 una reforma electoral que modificó sustancialmente su funcionamiento y su dependencia de los designios del partido de gobierno.

Y tal vez el único líder del PNP que quedó bien parado -Hernán Padilla, el alcalde de San Juan- procedió a abandonar el partido para las elecciones de 1984, cuando fundó su Partido Renovación Puertorriqueña.

Ese año, finalmente, Hernández Colón derrotó a Romero Barceló por más de 50,000 votos.

Fue ese el resultado tras el cual, en respuesta a una pregunta de la prensa, Romero Barceló respondió: “¿Qué derrota?”.

Y el mismo Hernández Colón, cuando le recordaron su famoso llamado “a las trincheras” de la elección anterior, contestó riéndose: “Ese llamado fue... a las dulces trincheras de la democracia”.

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