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3 de julio de 2011
Puerto Rico Hoy
 

Julia de Burgos, vida corta e intensa

Se cumplen 58 años de la muerte de la poeta, en medio de la soledad y el anonimato

 
Apenas fue semanas después de su muerte que fue identificado el cuerpo de Julia de Burgos. (Archivo)

Por Jorge L. Pérez / jperez@elnuevodia.com

Julia de Burgos, a quien muchos consideran la poeta más grande que ha tenido Puerto Rico, tuvo un final trágico y patético que, curiosamente, pareció ser el resultado natural del tono de su obra poética.

El 6 de julio de 1953, fue hallada desplomada en la acera e inconsciente en la esquina de la Quinta Avenida y la Calle 106 en Manhattan, y murió poco después de pulmonía en un hospital de Harlem.

Sin embargo, dado a que se encontraba sola y no traía documentos que la identificaran, la mujer de 39 años de edad recibió una sepultura de deambulante en el cementerio de Hart Island, donde su tumba aparecía identificada bajo el nombre genérico de Jane Doe.

Posteriormente se supo que había estado viviendo con unos parientes en Brooklyn, y que éstos la habían visto por última vez el 28 de junio.

Semanas después de su muerte, algunos amigos y parientes pudieron finalmente identificar las fotos de su cadáver tomadas en la morgue y localizaron su tumba, por lo que su cadáver pudo ser transportado el 6 de septiembre a Puerto Rico, donde fue velado con todos los honores en el Ateneo Puertorriqueño y luego fue sepultado en el Cementerio de Carolina.

Pocos meses antes, en febrero de ese mismo año, había escrito un desgarrador poema en inglés, titulado “Farewell in Welfare Island” (Adiós en Welfare Island (donde estuvo hospitalizada), que contenía los versos:

“It has to be from here,

(tiene que partir de aquí)

forgotten but unshaken,

(olvidada, pero inquebrantable)

among comrades of silence

(entre los camaradas del silencio)

deep into Welfare Island

(muy adentro en Welfare Island)

my farewell to the world.

(mi despedida al mundo).

Talento sin límites

Fue la despedida de una vida corta, intensa, llena de sentimiento... y sufrimiento.

Su talento intelectual no halló trabas: nacida en el Barrio Santa Cruz de Carolina el 17 de febrero de 1944, consiguió becas para graduarse primero de la escuela superior de la Universidad de Puerto Rico y, más tarde, para completar estudios en pedagogía a los 19 años.

Luego se casó en 1934 con Rubén Rodríguez Beauchamp, de quien se divorciaría tres años después, y en Comerío empezó a trabajar en la P.R.E.R.A. (la Puerto Rico Economical Rehablitation Agency), agencia federal que distribuía alimentos entre los pobres.

Al año siguiente comenzó a trabajar como maestra en una escuela rural de Naranjito, época en la que escribió uno de sus poemas más emblemáticos: Río Grande de Loíza”, el cual termina:

¡Río Grande de Loíza!... Río grande.

Llanto grande.

El más grande de todos nuestros llantos isleños,

si no fuera más grande el que de mí se sale

por los ojos del alma para mi esclavo pueblo.

Luego escribió para un programa infantil en la radio y también se expresó elocuentemente a favor de la justicia social y la independencia de Puerto Rico.

Los que la conocieron dan testimonio de una personalidad impactante:

“Me percaté de esta joven mujer que sobresalía por su aire elegante y su belleza característica”, escribiría el poeta y crítico literario, Josemilio González. “Su personalidad se imponía sin que nosotros pudiéramos precisar a qué se debía esto”.

El entonces periodista y futuro funcionario político y legislador, Jorge Font Saldaña, recordó haberla visto cuando ella tenía 23 años y quedar impresionado por su alta estatura, su gran belleza física “y esos ojos que parecían estar tratando de penetrar el alma de las personas”.

Cuando le preguntó: “¿De dónde usted viene?” Ella le respondió: “Igual que usted... de ninguna parte”.

En 1938 conoció a quien sería el amor de su vida: el exiliado dominicano Juan Isidro Jimenes Grullón, un reconocido médico y sociólogo dominicano exiliado, hijo y nieto de pasados presidentes de la República Dominicana, que estaba casado, pero separado de su esposa.

En 1940 se mudaron a Nueva York, donde Julia tenía la intención de trabajar como periodista y, en 1941 se trasladaron a La Habana, en cuya universidad Julia de Burgos comenzó a coger cursos de griego, latín, francés, biología, antropología, sociología, sicología... y algunos más.

Cuando la relación concluyó en 1942 -situación que ella atribuyó a su renuencia a desafiar a su familia de clase alta para que la aceptara a ella-, Julia de Burgos se marchó entonces a Nueva York, donde ocupó los trabajos que encontraba: como inspectora de óptica, empleada de un laboratorio químico, vendedora de lámparas, oficinista y costurera.

Allí conoció a su vez a Armando Marín, un poeta, con quien se casó y pasó a vivir en Washington, D.C.

Pero el sufrimiento del rompimiento con Jimenes Grullón y el hallazgo de que tenía cáncer, gradualmente fueron sumiéndole en una depresión que le llevó a la bebida y, en 1946, a un diagnóstico de cirrosis del hígado.

En Nueva York viviría desde ese 1946 hasta la fecha de su muerte.

Además de aparecer en publicaciones periódicas, sus poemas produjeron dos excelsos poemarios en vida: Poema en veinte surcos (1938) y Canción de la verdad sencilla (1939).

Por desgracia, su primer poemario, Poemas exactos a mí misma (1937), que tenía mecanografeado, se perdió sin ser publicado, mientras que el último, El mar y tú (1954), a quien Pablo Neruda, conocido en Cuba, le había prometido escribir el prólogo, debió ser publicado póstumamente.

Su poesía era apasionada, dotada de fuertes dosis de sensualidad y regodeo con el sufrimiento amoroso y con la muerte.

“Vivió y murió apasionadamente, sin rendir uno solo de sus estandartes”, dijo Josemilio González. “Raras veces se ha dado una intensidad mayor y raras veces la angustia ha sido perforada con mayor eficacia expresiva”.

“Fue nuestra primera mujer moderna”, opinó recientemente la escritora Mayra Santos Febres. “Ya para el 1932 estaba divorciada. Tuvo abortos. Bebía, fumaba, fue campeona de tiro de jabalina en la Universidad”.

“Si México tiene a Frida Khalo y Chile a Gabriela Mistral, nosotros tenemos a Julia de Burgos. Su fin trágico da testimonio a lo difícil que se le hizo a la mujer insertarse en la modernidad”.

Y agregó: “En realidad, Julia de Burgos tuvo una gran vida; una que ameritaría una buena reedición de su obra y, mejor aún, un buen guión de película”.

Lo cierto es que, a través de los años, su nombre ha estado cada vez más presente: en 1987, el Departamento de Español del Recinto de Río Piedras de al UPR le concedió póstumamente el doctorado Honoris Causa, mientras que varias escuelas y avenidas llevan su nombre.

Igualmente, existen la casa Protegida Julia de Burgos, que alberga a las víctimas de violencia doméstica, así como el Museo de Artes y Ciencias Julia de Burgos.

En Nueva York existe el Centro Latino Julia de Burgos en Manhattan y en Harlem, muy cerca de la esquina en la que se desplomó herida de muerte, el Centro de Arte Julia de Burgos.

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