Los partidos complicaron las elecciones. Vídeos
Por Benjamín Torres Gotay / btorres@elnuevodia.com
Votar es, según demuestra la estadística de la alta tasa de participación y el ambiente de festival que domina los eventos electorales, una de las actividades favoritas aquí. Pero los partidos inscritos, tan inclinados siempre a complicar lo sencillo y simplificar lo complejo, parece que quieren amargarle ese inocente placer al público.
Primero, al Partido Nuevo Progresista (PNP), con el apoyo del Independentista Puertorriqueño (PIP), le dio con sumar a las tres papeletas ya existentes una más con dos preguntas que hay que leer más de una vez para entenderlas.
El PNP y el PIP piden que la gente conteste sí o no a mantener el status colonial y, si responden que no, que después escojan entre la estadidad, la independencia o el Estado Libre Asociado (ELA) con soberanía.
Figuras del mismo PNP han dicho que nada impide que la gente conteste sí a la primera y cualquier otra a la segunda, lo cual tiene el potencial de producir un resultado imposible de interpretar.
Además, han dicho que mezclarlo con las elecciones generales puede contaminar de manera irremediable una discusión tan importante.
La lectura de esto que han hecho los populares y otros sectores es que, al haber convocado esta consulta el mismo día de las elecciones, el PNP intenta desviar la atención de todo lo que no quiere que se discuta en la campaña: entre otros, el crimen, el gasoducto y los despidos de empleados públicos.
No se le puede negar cierta resonancia a ese argumento. Sin embargo, tanto populares como penepés se equivocan.
Ningún tema puede desviar la atención de los problemas concretos de la gente, como son el crimen, la economía y la educación, mucho menos el status, que, en honor a la verdad, y aun con la tangencia directa que tiene con todos nuestros problemas, es algo que al ciudadano de a pie en el fondo nunca le ha importado demasiado. Creer, en otras palabras, que el resbaloso tema del status encontrará espacio entre todo el ruido, los ataques y el faranduleo que caracterizan las campañas es no haber vivido aquí, es hacerse el loco o serlo de verdad.
Los populares podían haber visto esto y aprovecharlo. Pero decidieron hacer también el baile de las confusiones pidiendo a sus electores que, para castigar a Fortuño, digan que quieren que esto siga siendo una colonia.
La ecuación está brutal de complicada: sí a la colonia significa no a Fortuño, aunque la papeleta lo que dice en diáfano castellano es que votar sí significa estar de acuerdo con mantener la condición política territorial actual.
En 40, 50 ó 60 años, cuando se examinen los resultados de la consulta, nadie se acordará de que el gobernador Luis Fortuño gastó decenas de millones de dólares tratando de hacer un gasoducto ni que tuvo a un tal José Figueroa Sancha como jefe de la Policía y que por eso había que castigarlo. Lo que verán es que hubo gente que afirmó con su voto que quería seguir siendo colonia.
Es más, tal vez no haya ni que esperar tanto, pues el día después de las elecciones, si gana el sí, de seguro veremos al exgobernador Rafael Hernández Colón, a su hijo José Alfredo y a otros diciendo que el pueblo avaló la colonia.
En fin que, aunque ocasionalmente inútiles, las elecciones podían al menos ser a veces divertidas. Ahora, ni eso.