Lo importante es reconocer sus aromas, identificar las diferencias entre cada uno, así como los resultados que se obtienen según la cafetera que se use.
Por Ileana Matos / El Nacional Venezuela
Un buen café comienza a definirse desde el momento de su cosecha. Hay que cuidar cada una de las fases por la que pasa antes de llegar a la taza. Lo dice Paramaconi Acosta, barista y director de la Escuela Venezolana del Café, quien asegura que el interés del consumidor por un producto de calidad va en aumento, tanto como aprender a prepararlo correctamente y conocer las características de un buen servicio.
El incremento del número de personas que toman los cursos que ofrece es la mejor prueba de ello: antes abría las inscripciones para un curso mensual que casi se llenaba; ahora los dicta cada quince días y hay lista de espera. No todo el mundo tiene que ser barista. Lo importante es aprender a reconocer sus aromas -lo que puede hacerse a través de catas-, identificar las diferencias entre cada uno, así como los resultados que se obtienen según la cafetera que se utilice.
También hay que exigir un buen servicio. Pocos locales lo ofrecen y aún es un sueño disponer de cartas de café, como las existentes en locales especializados en París o en Nueva York, por ejemplo, que incluyen variedades de distintas partes del mundo, agrega Acosta.
¿El primer paso? Exigir café de calidad, especialmente, el que cultivan productores comprometidos con el ambiente, que cuidan la calidad de sus granos desde el momento de la cosecha, los secan de forma natural y los tues tan el tiempo adecuado.
¿Cómo reconocerlos? Por el empaque, que debe incluir los datos del productor; la altura del cultivo con respecto al nivel del mar, la variedad utilizada, si es húmedo, seco o semilavado; el nivel de tostado e incluso, su perfil de taza, es decir, los descriptores sensoriales. ¿Ejemplos? Acidez de intensidad media alta, notas dulces a melado y chocolate, y cuerpo con textura a mantequilla.
Fuente: Grupo de Diarios América-GDA/El Nacional/Venezuela