Se trata de una cinta encantadora, bien contada y actuada
Por Juanma Fernández-París / Especial El Nuevo Día
La encantadora película “Moonrise Kingdom”, que estrena hoy en Puerto Rico, es evidencia cinematográfica de muchas cosas. Entre ellas, que Bruce Willis es un excelente actor que se conforma con cheques millonarios en chatarra fílmica comercial, que Tilda Swinton tiene un excelente talento para la comedia, que como intérpretes Bill Murray, Frances McDormand y Edward Norton tienen el talento para hacer cualquier cosa en pantalla y que el espíritu artístico de la nueva ola francesa esta presente en todos los encuadres de este maravilloso filme.
Pero de todas las cosas que comprueba este filme, la más contundente es que nadie logra el equivalente de realismo mágico en la pantalla grande como el director Wes Anderson (“Rushmore”, “The Royal Tenembaums”).
Como los mejores maestros del medio, Anderson siempre ha tenido la habilidad de crear visuales que comunican todas las capas de la trama a las misma vez que inunda al publico con las implicaciones emocionales de la historia. A esto se le añade un excelente sentido del humor y el deseo constante de arriesgarse a experimentar con lo que se puede hacer en un filme.
Sin embargo, el director no ha optado por unir su fortaleza creativa con una sensibilidad comercial. Esto ha convertido cada uno de sus filmes en pequeños tesoros descubiertos por los que no pierden la fe de que con cada película se puede hacer algo nuevo e inesperado. Con su historia de amor entre dos adolescentes rebeldes y un elenco de primera, “Moonrise Kingdom” es su filme más accesible y, definitivamente, la película en que Anderson ha perfeccionado su estilo y su voz como cineasta.
La película cuenta con algo que no se da todos los días en la pantalla grande: con una historia que logra ser irresistible por el encanto natural de sus personajes. La trama gira alrededor Susy y Sam, dos niños que llegan a la adolescencia con la etiqueta de “problemáticos”. Esto los une y los hace definirse como almas gemelas, noción romántica que lleva a Sam a escapar de su tropa de Niños Escuchas y a Susie a huir de su casa. La fantasía es que podrán escaparse a vivir cerca de la costa con una tienda de campaña y los libros que ayudan a Susie a escapar de la disfunción de su familia. Pero claro está, los padres de Susie (Murray y McDormand), el líder de los Eagles Scouts (Norton), servicios sociales (Swinton) y un alguacil local (Willis) tratan de impedir que esto suceda.
Con cualquier otro director, el canvas visual de este filme resultaría extremadamente pretensioso. En las manos de Anderson cada escena se convierte en una oportunidad para plasmar algo inesperado, ecos tangibles del legado fílmico de Francois Truffaut en filmes como “The 400 Blows” y “Day For Night”. Con esta cinta, Anderson ha capturado ese espíritu artístico y lo ha inyectado de un sentido del humor irreverente generando otro tesoro cinematográfico que amerita una visita obligatoria al cine.