El sexagenario fue amordazado y amarrado en su casa
Por Javier Colón Dávila / Para El Nuevo Día
NARANJITO - El Negociado Federal de Investigaciones (FBI, por sus siglas en inglés) evaluaba ayer la viabilidad de asumir jurisdicción sobre la investigación en torno a la muerte de un conocido gallero en medio de un robo domiciliario.
Poco después de que el teniente José Arocho, jefe del Cuerpo de Investigaciones Criminales (CIC) de Vega Baja admitiera esa posibilidad, se observó la llegada de tres agentes adscritos al ‘task force’ federal-estatal al lugar de los hechos.
Mientras, los vecinos de Ferdinand Rivera Nieves se desbordaban en elogios hacia su persona.
El hombre, de 61 años, un reconocido gallero en Naranjito y Corozal, fue encontrado muerto por uno de sus hijos cuando fue a visitarlo a su casa en el barrio Lomas, sector Jaguas, de Naranjito. El cuerpo estaba tendido en algún punto del primer piso de la residencia, boca abajo, amordazado y con heridas de arma blanca.
“Era una bella persona y muy servicial”, comentó Teresa Nieves, quien sentada en su balcón, observaba cómo curiosos y policías se aglomeraban en el sector.
“Aquí no se había visto una cosa así”, indicó la mujer al mencionar que cuando llegó a su residencia en la mañana de ayer se encontró con la triste noticia.
Durante el robo también se encontraba en la residencia la esposa de la víctima, quien fue identificada como Digna Ortiz y quien también fue amordazada.
Según informes preliminares, los delincuentes amordazaron y ataron a Ortiz con cinta adhesiva color gris en la planta alta de la casa, donde también la encerraron en un cuarto. La mujer no había podido ser entrevistada por la Policía ya que sufrió un ataque de nervios.
Según comentaron algunos vecinos, don Ferdinand, apodado Ferdi, posiblemente les abrió la puerta de su residencia a los individuos que poco después le quitaron la vida. Ese dato no pudo ser corroborado por la Policía, pero también se barajaba la posibilidad de que Rivera Nieves haya dejado el portón de su residencia abierto mientras le daba comida a unos animales temprano en la mañana.
Un vecino comentó que pudieron haber sido entre seis y siete individuos, aunque la Policía solo habló de varios sujetos.
Uno de los hijos de la pareja, el médico nefrólogo Ferdinand Rivera Ortiz, se encontró con la escena a eso de las 8:40 a.m.
La policía halló esparcidas por la propiedad algunas joyas y dinero en efectivo. Se supo que los ladrones se llevaron una camioneta Toyota Tacoma color blanca, cuatro puertas, propiedad de la víctima, con tablilla 876-129.
“Fue un asesinato vicioso”, sentenció Arocho al recordar que don Ferdinand ya estaba amarrado cuando recibió las heridas de arma blanca.
Rivera Nieves había arrendado su colmado el martes en la tarde a una persona, según trascendió.
El comerciante fue gallero de toda la vida y se supo que llegó a ser administrador de la gallera La Grande en Corozal.
"Esto ha sido horrible. Lo apreciaba mucho", comentó llorosa Gloria Malavé, quien se identificó en la escena como cuñada de Rivera Nieves. "Era tremenda persona, bien buena".
Otra doliente, Wanda Hernández, comentó que Rivera Nieves, padre de dos varones adultos, tenía cuatro nietos a quienes alcahuetaba todo el tiempo.
"Ella es como mi mai y él es como mi pai", dijo Hernández, quien trabaja para la esposa de Don Ferdinand en el colmado Jaguas.
Otro vecino, Rafael Santiago Santiago, describó a Rivera Nieves como un hombre servicial que no le hacía daño a nadie.
"Está fuerte esto de la criminalidad. Era demasiado bueno", dijo.