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1 de febrero de 2013
Puerto Rico Hoy
 

Víctimas colaterales en el mundo criminal

Las parejas de maleantes también se juegan la vida

Por Gerardo E. Alvarado León / galvarado@elnuevodia.com

Posiblemente, nunca se sintieron en peligro. En el peor de los casos, jamás imaginaron que acabarían muertas. Pero nada más lejos de la verdad.

Los recientes asesinatos de dos mujeres y sus compañeros consensuales –ambos con récord criminal– son efectos colaterales de relaciones en las que una de las dos partes –en estos casos, los hombres– tienen vínculos con el bajo mundo, según expertos.

Las víctimas no necesariamente son parte de ese entorno, lo que evidencia otro hecho: en la Isla existe una nueva generación de sicarios, más joven y temeraria, capaz de segar la vida de sus rivales y acompañantes.

“Es una tendencia que está porque los valores cambiaron. El narcotráfico y las actividades delictivas están a niveles tan altos, que casos como estos se repetirán e irán en aumento. Antes se mataba a las personas que tenían el problema, pero ahora incluyen a los inocentes”, sostuvo ayer el sociólogo y criminólogo Joel Villa.


Sobre las muertes de Zamil Beltrán y Dennise Rodríguez, de 17 y 25 años, respectivamente, Villa opinó que quizás nunca imaginaron su desenlace fatal “porque lo que recibían de sus parejas era una imagen de seguridad y fuerza”.

Aunque hay mujeres que se enteran del historial delictivo de su pareja ya avanzada la relación, hay otras que sienten atracción hacia el “maleanteo”, reconocieron Villa y el psicólogo clínico Carlos Rivera Lluveras.

“Eso viene del propio machismo, de la sociedad patriarcal, del mundo donde el más fuerte sobrevive. Al haber esas desigualdades sociales, las chicas se sienten protegidas por el malo. Eso se arregla con educación”, dijo Villa.

Rivera Lluveras, por su parte, indicó que algunas féminas, sobre todo las más jóvenes, llegan a este tipo de relación “en un afán de rebeldía” causada por problemas en el hogar o la escuela.


“En esos casos, la mujer se vuelve indirectamente cómplice de su pareja y promueve sus conductas delictivas; le guarda drogas y armas. Peor aún, pierde hasta su identidad porque empiezan a reconocerla como la mujer de fulano de tal. Algunas sienten miedo, pero no abandonan la relación porque han creado un vínculo de codependencia”, agregó Rivera Lluveras.

En tanto, la presidenta de la Asociación de Psicología Escolar, María Rolón, destacó la falta de un modelo integrado de salud mental en las escuelas, que –en teoría– serviría para identificar a las jóvenes en riesgo. Como cuestión de hecho, Beltrán vestía su uniforme escolar cuando fue ultimada a tiros.

“Un modelo así hubiese prevenido que esta muchacha estuviese faltando a la escuela. Esta muerte también refleja que faltan psicólogos, trabajadores sociales y consejeros en las escuelas, lo que se suma a que hay que reforzar la seguridad en los planteles. La familia también tiene que integrarse. Aquí fallaron todos los sistemas”, acotó.

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