Tras cambiar su vida y aferrarse a la fe, mejoró la relación con sus hijos
Por Fernando Ribas Reyes / fribas@elnuevodia.com
El retirado árbitro internacional Víctor Rodríguez tiene hijos de 31, 28 y 25 años y, a sus 56 años, se ha convertido en un nuevo padre.
Y no es que le haya nacido un hijo en esta etapa de su vida. Por cierto, Víctor y su esposa Teresa Pérez crían a una ahijada de nueve años, la gran Anaís Nicole. Es que Víctor es un nuevo cristiano y tiene otra perspectiva sobre la función de un padre. Desde hace tres años se está viviendo y gozando esa nueva etapa.
“El voleibol era mi vida. Lo que tenía que dejar de hacer por el voleibol, lo hacía. Y por eso estaba mucho tiempo afuera. Antes pasaban semanas sin que les diera un abrazo a mis hijos”, dijo el veterano árbitro. “Dios ablanda tu corazón. Mis hijos me ven de otra forma ahora y ahora uno cría en un ambiente familiar, dentro de un amor que antes no estaba. Ahora no pasa un día que no les doy un abrazo a mis hijos y les digo que los amo”, relató.
Naomi, de 31 años, es la hija mayor de Víctor. Nació en un primer matrimonio del árbitro internacional que se reprocha no haber compartido con Naomi debido a la separación.
Víctor Eduardo, de 28 años, y Licael, de 25, son los hijos del actual matrimonio de Víctor.
Víctor Eduardo jugó pelota escolar, NCAA y Superior. Las ‘nenas’ jugaron voleibol local.
Víctor dejó de pitar hace dos años, luego de cumplir su sueño: oficiar en unos juegos olímpicos, los de Pekín 2008, en los que llegó a trabajar el partido por la medalla de bronce (varones), amén de la recordada tarjeta amarilla que le sacó al afamado dirigente de Brasil, Bernardinho Rezende.
Ahora ‘pita’ junto a su esposa, Víctor Eduardo y Licael las palabras del Señor en el Movimiento Papa Juan XXIII, uno católico que nació en Puerto Rico y que predica la evangelización y la ayuda a los marginados. Víctor dijo que Dios salvó su matrimonio, arregló la relación con sus hijos y sanó el dolor por la muerte de su padre.
“Dios hace las cosa por una razón. Dios es perfecto. Mis hijos siempre han sentido mucho orgullo por lo que he logrado. Ellos son excelentes. Aunque no estaba en el Movimiento, siempre les enseñé temor a Dios. Lo que pasa es que la educación cristiana es otra cosa. Nuestra relación ha cambiado”, dijo.
De hecho, no perdió la oportunidad para pedirle perdón a un padre a quien insultó mientras pitaba en un torneo escolar El Nuevo Día-Burger King.
“A esa persona, que no me fijé quién era, le pido perdón por este medio”, dijo.