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Internacionales

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30 de marzo de 2012
12:01 a.m. Modificado: 4:46 p.m. Internacionales
 

Visita boricua a la Virgen de Regla

Centenar y medio de puertorriqueños escuchó misa en su santuario

 

Por Gerardo E. Alvarado León / Enviado Especial

LA HABANA -  Virginia Figueroa conocía hace “muchos años” a la Virgen de Regla. Ayer la vio “en persona” por primera vez.

Figueroa, una boricua de piel morena como la de la patrona de la bahía y el puerto de La Habana, llegó hasta el santuario de la Virgen de Regla, en esta capital, para agradecerle haberla curado de un mal en una rodilla.

“La Virgen de Regla me hizo un milagro. Me iban a operar de una rodilla y le pedí que me curara. Yo caminaba en muletas, pero un día me levanté, las solté y seguí caminando bien hasta el día de hoy”, relató emocionada.

“Todos en Puerto Rico me decían que me parecía a ella e, incluso, me regalaban medallitas y rosarios. Tenía que venir a conocer a mi Virgen de Regla”, añadió Figueroa, quien junto a otros 150 puertorriqueños participó de una misa en el santuario oficiada por el sacerdote Hipólito “Polo” Vicéns.

Vicéns, otro boricua -de San Lorenzo-, lleva año y medio destacado en Cuba como misionero. En su homilía, recalcó que los cubanos “viven de verdad su fe”  y exhortó a los puertorriqueños a seguir viniendo y ayudando a esta isla.

“Atrévanse a ponerse en los pies del cubano, para que vean que son un pueblo que tiene muchas ganas de vivir. Derrumben los prejuicios y dense cuenta de que somos pueblos hermanos”, dijo Vicéns al tiempo que varios locales, en su mayoría vestidos de blanco -como santeros-, entraban al templo para dejarle flores y prenderle velas a su patrona.

Durante el ofertorio de la misa, los puertorriqueños se acercaron al altar y depositaron, entre otras cosas, artículos de primera necesidad, biblias y ropa, que luego serían repartidos.

La eucaristía, que se caracterizó por ser bastante alegre, acabó con la tradicional bendición a los asistentes, a la que se sumó el mundialmente conocido: “Yo soy boricua, pa’ que tu lo sepas”.

“Este viaje, en general, me sirvió para seguir ayudando al pueblo cubano. Deseo transmitir esa solidaridad en Puerto Rico”, dijo  Justina León, de Caguas.

“Hemos recibido un mensaje de paz y esperanza que no tengo dudas que se extenderá por todo el Caribe”, agregó Nilda Lugo, de Arecibo.

“En este viaje nos hemos dado cuenta de que este pueblo ha crecido en su fe. Hemos visto un pueblo que, aunque materialmente tiene poco, se ha desarrollado en su fe y son fuertes. Eso debe motivarnos a seguir siendo peregrinos de la caridad”, afirmó el diácono Iván Lladó, quien compartió el altar con Vicéns y otros religiosos.

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