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26 de enero de 2014
Puerto Rico Hoy
 

“Viví intensamente”

A días de cumplir 74 años, el artista Justino Díaz abre las puertas de su hogar y reflexiona sobre su vida

 

Por Mildred Rivera Marrero / mrivera1@elnuevodia.com

Justino Díaz afirma que la mayor recompensa de una carrera artística es poder hacer lo que a la persona le apasiona. (tonito.zayas@gfrmedia.com)

En la parte de su apartamento que da hacia el norte, la pared fue sustituida por un ventanal que deja entrar el mar, la arena y las palmas en la sala, y que le permite observar que “no hay dos días iguales”.

Con una carrera excepcional en el mundo operático, el bajo y barítono puertorriqueño Justino Díaz Villarini disfruta la vida desde una perspectiva diferente, más pausada, con más tiempo para la reflexión. Durante esta entrevista en la que ha sido su casa por 30 años, el artista -quien esta semana cumple 74 años- habla de su exitosa carrera, del retiro, del envejecimiento y de su familia. Relata anécdotas, reflexiona, habla en tono filosófico y, por momentos, guarda silencio y se queda pensativo.

En su oficina, llena de carteles de las óperas en las que participó, fotografías de familiares, libros, discos compactos y su computadora, reconoce que vivió “intensamente” durante su prolífica carrera, que comenzó a los 17 años y de la que se retiró en el 2003, con 63 años.

Hijo único de un economista y una ama de casa, Justino nació en 1940, se crió en Cataño y estudió en el Colegio Robinson, aunque asistió un par de años a un plantel en Cambridge, Massachusetts, cuando su padre se fue a estudiar a la Universidad de Harvard. A su regresa, cuenta, terminó sus estudios en la escuela superior de la Universidad de Puerto Rico (UHS). Hace una pausa y, segundos más tardes, confiesa que lo habían botado de Robinson porque lo encontraron parado encima de una mesa de laboratorio cantando y bailando. Estaba haciendo de “payaso”, dice, mientras levanta los hombros y las cejas levemente, al tiempo que deja escapar una sonrisa pasajera. Era el “show business” murmura. No era de extrañar, pues ese gusto por el canto lo había llevado a hacerlo en público desde que tenía ocho años.

Al graduarse de UHS, cruzó la calle e ingresó a la institución donde su padre enseñaba y donde creyó que estudiaría algo relacionado con psicología, también le gustaba la historia. En todo caso, cualquier cosa que no tuviera nada que ver con la matemática. De todas formas, “ya me había mordido el mosquito del arte”. Estuvo un año en la UPR, donde ingresó al coro bajo la dirección de Augusto Rodríguez, en el cual adquirió conocimientos y costumbres que le ayudarían el resto de su vida, particularmente disciplina. Y de ahí, voló al Conservatorio de Música de Nueva Inglaterra.

Estrella internacional

No lo sabía, pero su carrera profesional estaba a punto de despegar en un curso imparable pues no tardó mucho en pisar Nueva York. Participó en el certamen anual del Metropolitan Opera House, lo ganó y obtuvo un contrato con lo cual se convirtió en el primer boricua en iniciar una temporada en esa prestigiosa institución. A los 23 años, “se me abrió esa puerta y nunca miré hacia atrás”, afirma mientras extiende y mueve los brazos como si con sus manos abriera las cortinas de un teatro.

Ahí tomó velocidad lo que sería una trayectoria de 40 años en la que le acompañaron las más prestigiosas orquestas, cantó con los mejores de la ópera y se presentó en grandes plazas como La Scala en Milán, Italia; la Opera de París, la Opera de Nueva York; la Opera de Roma; el Teatro Colón en Buenos Aires; el Teatro La Zarzuela en Madrid, y en 1966 participó en la inauguración del Lincoln Center in Nueva York, entre las muchas cosas que se podrían mencionar.

Luego, del 2002 al 2009 fue el director artístico del Festival Casals, al que, junto con Elías López Sobá, logró devolverle “la gloria que tenía cuando estaba Pablo Casals”. Fue en esa época cuando se retiró, en el 2003 en un concierto del coro conformado por exalumnos de Augusto Rodríguez y, luego en una presentación en el Centro de Bellas Artes Luis A. Ferré. Fue, también, el periodo en el que ofreció clases en el Conservatorio de Música.

Para un reconocido artista de nivel internacional, el retiro es “difícil”.

“En mi caso, no fue que me quise retirar porque de mi profesión nadie se retira, te tienen que matar, te tienen que obligar”, dice en tono enfático.

En su caso, condiciones de salud y un cambio en la voz fueron las razones. Sin embargo, reconoce que, como le ocurre a muchos otros adultos mayores, “la vida se va simplificando. (Uno va) bregando con cosas más esenciales, de más valor”.

Reflexiona: “la vida es un ajuste. Mi vida ha sido una experiencia preciosa. No me puedo quejar. Viví intensamente”.

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