La movilización de más de doscientos agentes del FBI en septiembre de 2005 para el asesinato de Filiberto Ojeda Ríos; los allanamientos a casas y negocios de independentistas por comandos de esa misma agencia en febrero de 2006; la citación de jóvenes independentistas para el Gran Jurado en Nueva York; la declaración hace unas semanas de parte del Homeland Security, de que los municipios de San Juan, Guaynabo y Caguas eran “susceptibles a actos terroristas” y la reciente captura de Avelino González Claudio y clasificarlo como “terrorista”, es todo parte de una agenda del FBI, muy bien orquestada, para dar la impresión de que en Puerto Rico hay un terrorista en cada esquina esperando la oportunidad para poner una bomba.
Quieren dar la impresión de que el terrorismo se multiplica por todo Puerto Rico. De esa forma justifican el inmenso presupuesto que tienen asignado para mantener operando oficinas del FBI en San Juan, Aguadilla, Ponce y Fajardo. Una en cada punto cardinal y cientos de agentes y empleados en esta isla tropical.
Hay 23 estados donde no hay ni una sola oficina del FBI. Con esa movida el FBI quiere matar dos pájaros de un tiro. Considerando que esa agencia representa los intereses del Pentágono, el llamado “gobierno permanente”, que no desea cambio alguno en el status colonial actual, la ola represiva desatada contra el independentismo y su demonización como terroristas tiene la doble intención de por un lado asestarle golpes al sector más combativo del movimiento de liberación y simultáneamente atemorizar a grandes sectores del pueblo estadounidense con la posibilidad de un estado 51 lleno de terroristas.
La verdad es que es injustificable la presencia del FBI en Puerto Rico.
La fabricación de terroristas es solamente un invento para perpetuarse en nuestra isla.