La huelga magisterial que ya lleva cerca de semana y media de duración ha generado altos costos sociales y económicos a Puerto Rico. Independientemente de quién tenga la razón en este trágico conflicto, me parece que el País completo parece ser el gran perdedor en este paro del sistema educativo.
Al igual, el conflicto ha generado importantes lecciones al Gobierno y a los sindicatos. Respecto al Gobierno, creo que llegó el momento de llevar a cabo una verdadera reformulación del sistema público de enseñanza que coloque al maestro como protagonista de un verdadero proyecto educativo. También urge examinar la Ley 45 a tenor con la grave situación fiscal del País y la necesidad de reformular el rol del Gobierno en el desarrollo económico de la Isla.
Sobre la Federación de Maestros, creo que la mejor lección es que los tiempos del sindicalismo antagonista y polarizante han quedado en el olvido. La era del sindicalismo montado en el ideal socialista del siglo 20 no tiene cabida en el nuevo orden social y económico del siglo 21. Aunque las condiciones sociales que viabilizaron el socialismo como alternativa al capitalismo salvaje siguen presentes, la realidad es que hay que buscar otras tácticas de lucha para adelantar los intereses de los trabajadores. Me parece que los más sensato es transitar hacia un sindicalismo de avanzada que sea capaz de hacer alianzas con otros sectores de la sociedad (Gobierno e industria) para edificar un Puerto Rico de progreso. Pese a los errores tácticos de la Federación de Maestros, creo que hay que hacerle justicia salarial a la clase magisterial de Puerto Rico.
En cuanto a los costos de la huelga, a nivel económico ha habido pérdidas lamentables por concepto de los salarios sin devengar de los maestros en huelga, sobre los agricultores que le suplen al programa de comedores y sobre los comerciantes que dependen de la actividad escolar. Esos costos, aunque lamentables, se pueden subsanar. Los que no podremos reparar jamás son los costos sociales sobre el estudiantado al que le hemos negado el acceso al mejor recurso que tiene un pueblo: la educación. Al menos intentemos reparar ese costo.
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