12-Diciembre-2008
Francisco Cartagena Méndez
Escritor y activista

Muerte al homosexualismo

“De religiosos que juzgan y condenan la homosexualidad, que de herejes y demonios acusan, sean pues condenados por el Todopoderoso en el día de su juicio, por incumplir aquel mandato divino que dice: 'No juzgarás'”.



Cuidado, cuidado. Si eres homosexual, lesbiana, bisexual o transexual iras a la cárcel o podrás ser sentenciado a la pena de muerte.


Es lo que sucede en 86 países, en su mayoría islámicos, en donde la anterior advertencia es una cruel realidad.


Hace 60 años ya de la Declaración Universal de Derechos Humanos de la ONU y atrocidades como éstas siguen ocurriendo. Lo que resulta contradictorio es que el texto de dicha medida reconoce que “toda persona” tiene todos los derechos y libertades que ésta recoge “sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole”.


Encuentro un acto macabro el que la homosexualidad sea catalogada como un crimen, el cual es pagado con latigazos, la cárcel o la muerte. Como homosexual me parte el corazón, al saber que yo podría ser una de tantas víctimas de la incomprensión y el fundamentalismo.


Francia presentó ante la ONU una enmienda a dicha declaración para que se despenalice y no se castigue la homosexualidad y, aunque ha tenido un amplio apoyo, la medida se ha visto truncada por decenas de países, en especial los islámicos, y nuevamente, en contra de la diversidad, la dignidad y el derecho a la vida, por El Vaticano, los que por “razones morales” rechazaron la misma, potenciando así a nivel mundial, el prejuicio y el discrimen.


Lo que debemos preguntarnos es: ¿y si fuera uno de los míos, un hijo o una hija, alguien a quien amamos, quien estuviera en medio de una plaza, con una soga al cuello y los ojos vendados, próximos a su muerte, tan sólo por tener una inclinación diferente?


¿Cómo sería ver llegar nuestra muerte tan sólo por ser?


Que reine el amor sin coerciones ni estigmas.