03-Julio-2009

LUIS VARELA ORTIZ

Parque Jurásico del Caribe

El golpe de estado al presidente constitucional José Manuel Zelaya Rosales ubica a Honduras como uno de los dinosaurios políticos del siglo XXI. En América Latina pensábamos que el uso de la fuerza bruta como principal medio de acceder al poder pertenecía a un oscuro y vergonzoso pasado sepultado. Nos parecía que el derrocamiento de gobiernos de estados soberanos, que fueron legítima y democráticamente electos por el voto popular, era una pesadilla superada. Habíamos desterrado al golpismo. Pero no contábamos con la capacidad de recuperación ante la adversidad de los militares, ese lastre de la Humanidad. Eso que los gringos llaman “resilient” ha revivido a los “milicos”. Porque para los militares las formas democráticas de gobierno suponen una adversidad.


La rápida, firme y contundente respuesta de la comunidad internacional es alentadora y permite que abriguemos esperanzas por la supervivencia y primacía de las formas democráticas de acceso al poder. Incluso Estados Unidos, principal responsable y promotor de los golpes de estados latinoamericanos en el siglo XX, se ha sumado a la condena al golpe de estado y al apoyo indiscutible al orden institucional representado por el presidente Zelaya. Parece que el presidente multicultural Obama puede hacer una diferencia. ¿Querrá? ¿Podrá o su propio complejo militar-industrial se lo impedirá?


Sin embargo, Honduras no está sola en el Parque Jurásico del Caribe. Nosotros, Puerto Rico, la acompañamos. Nuestro sistema de gobierno colonial, el “estado libre asociado”, es otro dinosaurio político del siglo XXI. La colonia nos avergüenza ante el mundo, como el golpismo militar abochorna a Honduras. Lástima que la comunidad internacional no ha sido igual de diligente en su respuesta para erradicar el colonialismo que sufrimos, un crimen contra la Humanidad. Especialmente Estados Unidos, su principal responsable y promotor. Todos todavía pueden reivindicarse en nuestro caso colonial. Para luego es tarde.