06-Noviembre-2009

ANÍBAL RODRÍGUEZ VERA

Viernes negro

El día de hoy será recordado como el doloroso “viernes negro del desempleo”, utilizando como referencia el viernes negro que precede el Día de Acción de Gracias, cuando las multitudes de clientes se lanzan a los comercios buscando descuentos en sus compras.


El viernes boricua del desempleo por su parte, será recordado como el día que miles de padres de familias fueron lanzados a la calle por el Gobierno. A partir de ese viernes, miles de hombres, mujeres y sus familiares comenzarán a deambular como ánimas en pena por nuestras ciudades y nuestros campos.


Ese viernes servirá como la triste antesala para la celebración del Día de Acción de Gracias y las festividades navideñas.


Para las familias cesanteadas tendrá un significado diferente y no podrán disfrutar gustosamente de su pavo y de su lechón. En la mesa de sus hogares se celebrará sin la acostumbrada alegría que permea en esas festividades.


A partir de hoy viernes, el trabajo en las agencias de Gobierno se verá limitado. Los empleados que se mantengan en sus puestos se verán obligados a dar varias millas extras, por las tareas adicionales que tendrán que asumir. Sobre todo, les arropará la incertidumbre de si perderán sus empleos y se sentirán acosados y amenazados por sus supervisores, ante el temor de no cumplir efectivamente con sus dobles o triples tareas.


Otra consecuencia que arrastrarán los desempleados y sus familiares será la cancelación en sus planes médicos, sus planes de retiro y su aportación al seguro social federal.


Su única opción será madrugar para hacer la odiosa fila en la oficina del desempleo y gestionar el regalo de alimentos que le proporciona el Gobierno federal a través de la tarjeta de familia.


Lo único que podría pasar, es, que este viernes negro del desempleo sirva como la panacea que resolverá nuestro problema fiscal.


Hay que esperar.