La electricidad mueve al mundo, por ser la espina dorsal del desarrollo económico de los países industrializados. Puerto Rico, por supuesto, no es la excepción. El denominador común que impulsa, crea y agrava este disloque mundial es lo que le ha dado a mucha gente en llamar “la oscura sangre que mueve al mundo”: el petróleo. Lo dramático de este problema para nuestra Isla, como sabemos, es la alta e histórica dependencia de ese combustible para la producción de electricidad, actualmente, de un 68.1%.
La AEE trabaja agresivamente en la búsqueda de alternativas de energía renovable y de fuentes alternas al petróleo para reducir esa dependencia que encarece el costo de la electricidad. Hemos sido particularmente proactivos durante el pasado año en estas gestiones, por ser ésta una de las metas cruciales de esta administración de gobierno, dentro del “modelo estratégico para una nueva economía”.
La ruta hacia esa meta se encamina con esfuerzos firmes y continuos. Sin embargo, no podemos perder de vista una dura realidad que requiere el esfuerzo y la conciencia ciudadana. Mientras se afinan los procesos técnicos que definen el establecimiento de las fuentes renovables, tenemos que emprender responsablemente soluciones que, a plazo intermedio, contribuyan a controlar y a reducir el costo de la electricidad. Es responsabilidad de unos y otros, particularmente de los que ocupamos posiciones decisionales de política pública y en gran parte de nuestro pueblo, la conservación de la electricidad, mientras se ponen en marcha los proyectos a mediano plazo que representen efectivamente una reducción en el costo de la electricidad.
La Autoridad, por su parte, con una discreción y un alto sentido de responsabilidad propio de una empresa de servicio público, cumple con esta encomienda conceptualizando sobre bases reales proyectos de comprobado funcionamiento técnico y financiamiento viable, complementados con programas educativos de orientación a la ciudadanía para fomentar el ahorro de electricidad.
A tales efectos, he aquí un resumen de nuestro plan de acción para los próximos años: reducción de los gastos operacionales: sustituir capacidad existente por fuentes renovables; la conversión de unidades generatrices a gas natural y a carbón limpio, como alternativa intermedia; aumentar la eficiencia de las unidades generatrices y del sistema de transmisión; eliminar el hurto de electricidad; mayor control de los gastos operaciones, además de añadir un 15% de capacidad al sistema eléctrico con fuentes renovables.
Otra opción que debemos mirar para bajar las facturas de luz a más largo plazo es la tecnología nuclear. Puerto Rico necesita fuentes de energía barata y confiable como la energía nuclear. La implantación de esta alternativa, puede tomar entre 10 y 20 años, por eso hay que empezar a trabajar con ella desde ahora.