EMILIO FONT
Puerto Rico tiene la gran oportunidad de establecer de forma práctica y costo-eficiente la infraestructura verde necesaria para asegurar un desarrollo sostenible. El abandono del modelo agrícola por el fomento de la manufactura provoca que más del 50% de la tierra en la Isla actualmente esté cubierta por bosques nuevos.
Son los bosques, en asociación con los vientos alisios y el calor subtropical, los responsables de la producción del agua para beber y cubrir las necesidades industriales del país, desde los platanales del llano hasta las farmacéuticas en los mogotes.
En la costa, los bosques de manglar y los humedales mantienen nuestras playas atractivas para el disfrute turístico. Estos servicios del ecosistema brindan apoyo vital para enfrentar los retos del cambio climático y el modelo económico global.
Sin embargo, Puerto Rico sólo protege el 8% del territorio, mientras que más de un 14% es cobertura urbana. A gran escala, los refugios de vida silvestre, reservas forestales y parques nacionales se encuentran dispersos y aislados a través del paisaje como pequeños fragmentos o bolsillos de Naturaleza.
Aunque sin planificar, el proceso de reforestación ocurrido por cerca de 60 años en Puerto Rico, hoy permite interconectar las áreas protegidas mediante corredores ecológicos o infraestructura verde.
La designación de corredores ecológicos en Puerto Rico como estrategia de conservación quedó reconocida por la Ley 14 de 1999. Los corredores ecológicos sirven para el movimiento de especies y genes entre poblaciones, salvaguardan la integridad de “ecotonos” o áreas de transición, conservan el funcionamiento natural de los ecosistemas y mantienen las zonas de amortiguamiento entre la urbe y el bosque.
Desafortunadamente, Puerto Rico se encuentra atrapado entre un consumo desmedido y un uso de la tierra desordenado que obstaculiza el bienestar y un crecimiento socioeconómico sostenible. No se debe revertir la extensión actual de los bosques nuevos en la isla sin primero conservar no menos del 25% de su cobertura.
Es responsabilidad de todos designar los corredores ecológicos ya demarcados en el paisaje isleño. El Gobierno, junto a una ciudadanía consciente y activa, debe lograr establecer estos pasillos biológicos desde la costa hacia las montañas.
Grupos comunitarios locales trabajan diariamente por estos corredores siguiendo modelos similares en multiplicidad de países. En Adjuntas existe un corredor central planificado entre las reservas del Bosque de la Olimpia, cuna del Río Grande de Arecibo, hasta los palmares de la Reserva Estatal de Toro Negro. En la capital la Ley 206 de 2003 protege los terrenos del corredor de San Juan, rodeados por un millón de seres humanos. En el suroeste se ha contemplado la interconexión de la Reserva Biosférica de Guánica con los bosques estatales de Sosua y Maricao.
En la región del noreste de frente a El Yunque, el Corredor Ecológico del Noreste (CEN) espera por la firma del gobernador para lograr designar su conservación adecuada y un desarrollo ecoturístico. El CEN alberga zonas para pernoctar al aire libre, eco-hospederías entre bosques, playas y lagunas bioluminiscentes y la posibilidad de desarrollar un paso insular para caminar desde los bosques secos en la costa hacia los bosques de nubes de El Yunque; parecido a otras veredas de gran atractivo mundial, como la Vereda Interestatal de las Montañas Apalaches en el este de Estados Unidos.
Al apoyar el proyecto de ley 2282 aprobado de forma unánime por la Legislatura, ayudamos a conservar y desarrollar el Corredor Ecológico del Noreste.
No debemos rendir esta oportunidad histórica, llamemos a La Fortaleza 787-721-2000 y exprésemosnos en favor del proyecto de Ley 2282.