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9 de febrero de 2012

Constituyente para la Historia

HÉCTOR LUIS ACEVEDO

Se valora lo que se conoce, no se puede querer lo que se desconoce. Hoy, a sesenta años de nuestro logro mayor de pueblo, Puerto Rico necesita más que nunca caminar los caminos de su historia y nutrirse de su entendimiento.

En la vida es más fácil destruir que construir. Por ello, con profunda conciencia de su responsabilidad histórica y portando sueños centenarios, un 6 de febrero de 1952 los miembros de nuestra Convención Constituyente, con el voto de 88 de sus 91 constituyentes presentes aprobaron y firmaron nuestra Constitución. Ese esfuerzo supremo de lograr los mayores consensos posibles, requirió grandes sacrificios, entendidos y tuvo que salvar profundas controversias y una confrontación armada.

Ahí queda su testimonio con una constitución ejemplar y de avanzada para servir de semilla de futuro. Nuestro pueblo valoró con sus votos este gran logro, único en nuestra historia. Las constituciones invitan, pero no obligan. Es por ello que les dan vida los seres humanos que la nutren de su lealtad y la honran con su proceder. Mayorías temporeras pueden querer perpetuarse en el poder por encima de sus disposiciones. Las constituciones no se defienden solas. Es por ello, que el pueblo y sus ciudadanos tienen que defenderla con valor y con rigor, pues la misma encarna el profundo sentido de la libertad democrática donde ejerce el poder, no el que tiene más fuerza, sino el que tiene más votos. Lleva la democracia en su ser el sentido entendimiento de la igualdad de los seres, donde en la urna se rinden iguales todos sus ciudadanos.

Nuestra Convención Constituyente se reunió un 17 de septiembre de 1951 con la participación de tres partidos políticos, los cuales lograron unos consensos básicos. Imperó la voluntad de la tolerancia. Presidió la misma el comisionado residente de Puerto Rico en Estados Unidos, Antonio Fernós Isern, siendo sus vicepresidentes María Libertad Gómez y Víctor Gutiérrez Franqui. El gobernador Luis Muñoz Marín, el rector Jaime Benítez, el senador Luis Negrón López y los presidentes de los cuerpos legislativos Samuel Quiñones y Ernesto Ramos Antonini ocuparon las presidencias de las comisiones más importantes. La minoría estadista estuvo representada por Celestino Iriarte, Miguel Ángel García Méndez, Luis A. Ferré y Leopoldo Figueroa junto a su delegación. La minoría socialista estuvo representada por Lino Padrón Rivera, Antonio Reyes Delgado y Francisco Paz Granela, entre otros. El Partido Independentista Puertorriqueño decidió no participar de la misma.

Compusieron la misma, entre otros, 32 abogados, 13 agricultores, 9 líderes obreros, 6 maestros, 6 comerciantes, 5 industriales, 4 médicos, 3 periodistas, 2 jueces, un banquero, un dentista, un ingeniero, un farmacéutico y un contable.

La Constitución tiene su comienzo con la aprobación de la Ley 600 por el Congreso de Estados Unidos, la cual facultaba a convocar una convención constituyente, y cuya vigencia dependía de la aprobación del pueblo de Puerto Rico en un referéndum. Este procedimiento no se adopta salvo contadas excepciones como en este caso, donde se transfieren poderes y se acuerda una división de funciones y responsabilidades políticas y gubernamentales en reconocimiento del principio del gobierno por el consentimiento de los gobernados. El buen gobierno de Puerto Rico, su crecimiento en oportunidades educativas, de salud, de empleo y de prudencia fiscal, fueron el trasfondo que hizo viable este desarrollo político.

Corresponde a los jóvenes conocer su constitución, darle vida, defenderla y mejorar nuestras tradiciones constitucionales. Es por ello que cinco jóvenes, Saritza Rivera, del Recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico, Mariela Martínez y Priscila Silva, del Colegio de Mayagüez y Jean Peña y Daniel Beltrán, del Recinto Metropolitano de la Universidad Interamericana, han correspondido con sentido patriótico y de especial compromiso a esta convocatoria.

Rendimos testimonio de aprecio a nuestros constituyentes estudiando sus deliberaciones, conociendo sus grandes avances en las causas de la libertad y la igualdad y pensando cómo superar sus grandes logros. Ellos nos brindaron el regalo del ejemplo. Demostraron con hechos, lealtades superiores a las propias y a las inmediatas.

Puerto Rico necesita atesorar sus esencias de pueblo para crecer sobre ellas. Un pueblo que estima a su gente y sus gestas, construye futuros. Valorar su gran épica constituyente es un paso en esa misión. El acto de estos jóvenes, al estudiar y escribir sobre nuestra Constitución, logran con sus mensajes un comienzo en el camino de hacerle justicia a esa esperanza.

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Autobús a toda velocidad y con las puertas abiertas en plena vía de rodaje

El transporte escolar llevaba jóvenes de pie dentro del vehículo.

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