Top de la pagina

Voces

    Facebook Twitter Digg Google Buzz
31 de agosto de 2012

Contra la pobreza

MARGARITA OSTOLAZA

La globalización del capitalismo fundamentalista y las políticas neoliberales han disparado la desigualdad social y la pobreza a nivel nacional y global.

Las riquezas de la nación, es decir, la capacidad de trabajo, el salario, el producto, la ganancia del inversionista migran, provocando una disminución abismal de la fuerza trabajadora, el crecimiento exponencial del desempleo, la dependencia, la deuda pública, la corrupción, la desesperanza y lo peor, la sustitución predominante de la economía subterránea en la que sobresale el componente criminal vinculado al trasiego de drogas y armas que entran y salen por los puertos.

Esa crisis ha impactado más a las mujeres, sobre todo, a las jefas de familia. El sistema construyó, poco a poco, el discrimen y la división social del trabajo por sexos, hasta definir al hombre, “proveedor” y a la mujer, “ama de casa”.

Lanzó a las mujeres casadas y con hijos al mercado laboral con menos paga y sin paga en el trabajo del hogar. La crianza, alimentación y cuidado de los hijos, son pagos en especie del proveedor (ropa, albergue, alimentación…). Cuando se divorcia, pierde esa paga su forma de ganarse la vida y pasa a ser “jefa de familia”. Quiere decir que se convierte en “proveedora”, que tiene que producir ingresos para mantenerse, mantener a sus hijos y muchas veces a sus familiares, envejecientes e impedidos.

En los pasados cuarenta años las feministas hemos hecho importantes avances en la condenación del discrimen por sexo y de la división sexual del trabajo, en ganar una gran diversidad de reformas en el derecho de familia y de trabajo.

Individualmente la mujer ha peleado su espacio en casi todos los trabajos dominados por los hombres, hasta lograr por excepción las más altas posiciones en la economía y en la política. Se han creado formas de atemperar la crisis para usar su experiencia de vida, la de tener a cargo aisladamente el trabajo de “ama de casa”, el cuidado, la alimentación, la vestimenta, la salud, la educación al servicio de los otros, organizando estos trabajos en equipo: organizaciones con fines de lucro y sin éste, desde el autoempleo y empleo voluntario, hasta microempresas y microcréditos comunitarios, cooperativas o negocios de servicios, de producción y consumo con propósitos sociales. Ejemplo de “empresas o negocios sociales” son el trabajo de limpieza y ornato, recogido de basura, reciclaje, centro de cuido de niños, personas envejecientes, impedidas y albergues de mujeres; venta de ropa, servicios de limpieza y comidas a domicilio, pulgueros, bazares, mercados agrícolas y artesanales. Cooperativas financieras, de transporte, de entrenamientos, círculos de apoyo, terapia, tutoría y consejería, y tantas otras empresas van gestando y uniendo esfuerzos aquí y en todos los rincones del planeta para forjar la riqueza de la economía solidaria.

La economía solidaria puede ser y es vista como un proyecto de vida, congruente y semejante al feminista porque sus valores son cónsonos con los derechos y los ideales que a todas nos unen más allá de la diversidad de enfoques y las diferencias de clase, de etnia y de cultura.

Una economía dirigida a proveer las cosas necesarias y útiles para la vida, respetuosa de la justicia y la equidad, de la sostenibilidad y la regeneración del planeta; que vaya de abajo hacia arriba y de lo pequeño a lo grande; que sea cooperativa en vez de competitiva, comunitaria en vez de individualista, democrática en vez de jerárquica.

Sobre todo, dirigida a impactar la reducción de la pobreza, la desigualdad, la división sexual del trabajo, la generación de empleos y la integración social.

  • 0Comentarios
  • Enviar
  •                       
  •                       
Cargando..
Miércoles 22 de octubre de 2014
84ºF El Clima El Clima
Primer paso:
Conectar con Facebook
Primer paso:
Conectar con Facebook
Primer paso:
Primer paso:
Primer paso: