MARÍA DE LOURDES LARA
Declaro que soy una optimista. En momentos en los que ciudadanos del País se hunden en el desaliento y el pesimismo, actitud que conduce a abandonar toda esperanza de cambio, yo me sumo, apoyo y acompaño a otros miles que se levantan a construir proyectos, a proteger nuestros recursos naturales, a crear microempresas para los jóvenes y mujeres desempleadas, a educar para transformar, a sanar cuerpos y almas a lo largo y ancho de este archipiélago que se llama Puerto Rico.
El desarrollo socioeconómico de un país necesita de personas, grupos e instituciones que crean en el cambio, que confíen en su gente y junten mentes, recursos, buenas estrategias y una ética fundamentada en la equidad y el bienestar general.
Necesita también de un conocimiento claro y un intercambio de saberes entre diferentes grupos, de alianzas saludables y focalizadas en potenciar lo mejor que tenemos.
Ahora mismo nos atraviesa una avalancha de malas noticias, de sucesos terroríficos que invitan a la paralización, a colgar las herramientas del cambio en un cuarto oscuro y ponerle llave. ¿Adonde pensamos que vamos a llegar con esta actitud? ¿Pensamos que encerrándonos en el miedo lograremos que todo desaparezca?
Los que estudiamos y trabajamos con comunidades sabemos que los momentos de mayor crisis son los que obligan y levantan ejércitos de ciudadanos para limpiar, para construir, para conciliar y para transformar. Veo con pena cómo algunos medios y personas que dicen analizar el País, se abrazan con cinismo a describirnos y estrujarnos con lujo de detalles las noticias de corrupción, las noticias del debacle económico, las noticias de la violencia. ¿Cuántas más noticias que proponen soluciones y ejecutan cambios para esas mismas malas noticias ocurren cada día y no se reseñan? Igual pasa en las iglesias, en los centros educativos y en muchas empresas. ¿Por qué este afán de focalizarnos en lo que nos destruye y no tomar decisiones valientes de centrarnos en que, por cada persona que sale a la calle a cometer un delito, puede haber diez que se levantan a buscar empleo, a trabajar, a educar y a servir a su comunidad?
Hoy se inicia en Puerto Rico una jornada de diálogos entre representantes de diferentes sectores: empresarios, agricultores, cooperativistas, académicos, ciudadanos de a pie, líderes comunitarios, sindicalistas, industriales, banqueros, jóvenes, jefas de familia, ambientalistas, estudiantes, comunicadores y funcionarios públicos, para acordar un plan a 10 años para desarrollar socioeconómicamente Puerto Rico. Son gentes que ya lo hacen a diario, lo legislan, lo construyen, de uno en uno o en empresas y cooperativas.
Han investigado sobre todas las áreas de oportunidad que tenemos, identificando retos y cómo atenderlos activamente. Han buscado alianzas, han propuesto alternativas para activar la economía desde las comunidades más marginadas, hasta los centros industriales. Proponen un diálogo honesto y solidario entre grupos que históricamente han creído que no pueden colaborar. Han suspendido prejuicios, sospechas, críticas para escucharse activamente y ver qué tienen en común, qué pueden hacer juntos y juntas para sacar al País de la quiebra económica que se avecina. ¿Qué tienen que perder? ¿Qué podrían ganar?
Hoy se inicia un diálogo en un lugar emblemático de la Isla: Casa Pueblo en Adjuntas. En ese lugar, ciudadanos, con el poder de la ética, lucharon para defender y proteger nuestros recursos contra intereses que atentaban contra la salud, contra el desarrollo sustentable de toda la isla. Desafiaron el autoritarismo, la demagogia y el pesimismo, utilizando todos los recursos y esperanzas a su disposición para lograr un proyecto de país.
Es ahí donde daremos inicio a este diálogo histórico, que se extenderá a la siguiente semana en San Juan, cuando las metas, estrategias y acciones propuestas en Adjuntas, se intercambien con las metas y estrategias de comerciantes, industriales, banqueros y muchos otros representantes del sector privado aliados al desarrollo socioeconómico sustentable.
En ese encuentro, se juntarán las mejores voluntades y la inteligencia para derrotar la amenaza de la quiebra y el sinsentido. Porque no podemos darnos el lujo de quedarnos esperando. Sólo observando y criticando.