IRMA E. CASTRO DIEPPA
“Le toca a la Junta”. “¡La Junta no hace nada.” “¡Vamos a sacarlos a todos!” Esas son algunas de las expresiones que escuchamos en los condominios por parte de aquellos titulares que exigen y exigen de sus juntas.
Y, en muchos casos, no es para menos. ¿Para qué pagamos una cuota de mantenimiento si la cancha sigue con el canasto roto, las líneas del parking desparecieron y los guardias se pasan durmiendo? “Deja que llegue la asamblea que los vamos a poner pa’ su número”, dicen algunos.
Y así ocurre, llega la Asamblea y desde principio al final se exige, se pelea y se cuestiona la labor de esa junta. Incluso, se busca destituir a sus miembros o reemplazar a unos por otros que parece ser que actuarán mejor.
¿Por qué no hacemos lo mismo con nuestro Puerto Rico? Muchos puertorriqueños le pagamos al Gobierno nuestra cuota de mantenimiento, es decir, las contribuciones.
Dicha “cuota de mantenimiento” es para que éstos administren adecuadamente nuestro gran condominio, nuestra Isla.
Sin embargo, ¿qué se hace con nuestra cuota? El mismo hoyo en la carretera sigue ahí por años, los impedidos no tienen aceras adecuadas por donde transitar, las áreas verdes no son mantenidas, el servicio en las agencias no es satisfactorio y, para colmo, a cada rato nos aumentan la cuota de mantenimiento.
Actuemos con Puerto Rico como lo hacemos en nuestros condominios en las asambleas. Dejemos que nuestra voz se escuche y busquemos alternativas para nuestra calidad de vida. Salgamos del condominio, del control de acceso y miremos afuera. Exijámosle a los administradores (gobernadores, legisladores, alcaldes) de este gran condominio (Puerto Rico) que hagan bien el trabajo para el que fueron elegidos.
El que así no lo haga, sepa que pronto viene la asamblea.

El transporte escolar llevaba jóvenes de pie dentro del vehículo.