HELGA I. SERRANO
El pasado 10 de diciembre se conmemoró el sexagesimotercer aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, un documento seminal promulgado por la entonces incipiente Organización de las Naciones Unidas (ONU), que recoge 30 artículos que definen los derechos humanos considerados como básicos: a informar, a ser informado, a vivir en paz, en libertad, en seguridad y disfrutar de la justicia, en condiciones de igualdad.
Como se sabe, hay violaciones constantes y terribles a estos derechos fundamentales. Los periodistas, mensajeros de informaciones que en múltiples ocasiones lesionan intereses muy poderosos, se ubican, con demasiada frecuencia, entre las víctimas más notables de estas agresiones. En este pasado 2011, el Comité para la Protección de Periodistas, informó que 46 periodistas fueron asesinados en el cumplimiento de sus funciones informativas, y que otros 35 asesinatos todavía están siendo investigados. Además, fueron asesinados cinco trabajadores de medios, y 179 periodistas permanecen encarcelados a lo largo y ancho del planeta. Los diez países más peligrosos para el periodismo en el 2011, de acuerdo al Comité, fueron Pakistán, Irak, Libia, Filipinas, Yemen, Tailandia, Perú, Túnez, México y Somalia. El 61% de los periodistas asesinados cubría temas políticos.
Más cercano a nosotros, en una evaluación sobre la libertad de prensa en el 2011, la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) concluyó que éste fue “uno de los años más desafiantes y trágicos para los países americanos”. Informó la SIP que los asesinatos de 24 reporteros “muestran el peligroso avance del crimen organizado en toda la región”. Las cifras son escalofriantes: siete periodistas asesinados en México, cinco en Honduras, cuatro en Brasil, tres en Perú, y uno en Colombia, El Salvador, Guatemala, Paraguay y República Dominicana.
Señala la SIP que junto a la impunidad por crímenes ocurridos en años pasados, “se ha creado un círculo vicioso que ha propiciado la autocensura”. Igualmente, advierte que en el 2011 se llevaron a cabo trámites gubernamentales peligrosos en contra del ejercicio del periodismo. A modo de ejemplo, menciona a Ecuador, donde se impulsa una Ley de Comunicación “que permitirá establecer férreos controles y mordazas oficiales contra los medios de comunicación, para que no puedan desarrollar su tarea de fiscalización del gobierno”. A esta acción, añade la SIP, hay que sumar la demanda que el presidente Rafael Correa hizo contra los directores del diario El Universo y uno de sus columnistas. En lo que califica como un fallo desproporcional, los demandados fueron obligados a pagar $40 millones en indemnización y a purgar tres años de cárcel.
El 2012 ha comenzado con malas noticias. Transcurrido apenas el primer mes, ya se ha informado el asesinato de siete periodistas. El Comité para la Protección de Periodistas confirmó tres de estos asesinatos como vinculados al ejercicio del periodismo; y continúa la investigación de los otros cuatro. Los asesinatos se llevaron a cabo en Pakistán, Siria, Nigeria, Filipinas y Tailandia.
Un rayo de luz en este panorama desolador es el Premio Nobel de la Paz concedido en octubre pasado a la periodista yemení Tawakul Karman, líder, desde el 2005, de la Directiva de Mujeres Periodistas sin Cadenas, que defiende los derechos humanos y la libertad de expresión en su país. Tawakul, de 32 años, se ha convertido en la voz de protesta de las mujeres y los periodistas en Yemen. Valerosa hasta el tuétano, su frase favorita, que repite a diestra y siniestra, es que para que el ser humano obtenga sus derechos, tiene que reclamarlos. Hace 63 años, la ONU los enumeró y definió en blanco y negro.

El transporte escolar llevaba jóvenes de pie dentro del vehículo.