VIVIAN RODRÍGUEZ DEL TORO
El fallo de homicidio atenuado que le dio la jueza Inés Rivera Aquino al feminicida confeso Leslie Alvarez Vázquez por matar cruelmente y con saña a su expareja y madre de sus hijas, es un repudiable acto de violencia de estado. A mi juicio, lo único que le faltó a la jueza fue darle unas palmaditas en el hombro al asesino y preguntarle si prometía “no hacerlo más y portarse bien”. Esto sigue lo que propone la simplona campaña “Promesa de hombre”, impulsada por el gobernador Luis Fortuño.
El fallo de esta jueza, matizado por comentarios sexistas y estereotipados sobre la conducta de la víctima, denotan una crasa falta de conocimiento sobre la dinámica de la violencia machista y una burda insensibilidad a la víctima y su derecho a la vida y la protección legal.
Lo más penoso de este asunto es que sea precisamente una mujer quien con sus acciones y poder institucional minimice y justifique este salvaje acto de violencia contra otra mujer. A su vez, envía un peligroso mensaje a los agresores y a la sociedad en general sobre este tipo de delito, precisamente en un momento de emergencia nacional ante la ola de feminicidios y ataques violentos contra las mujeres. Es vergonzoso que mientras en Francia, España y otros países desarrollados del mundo están aumentando las penas, hasta por la violencia psicológica machista, en Puerto Rico que tenemos una proporción 7 veces mayor de feminicidios que en esos países, respondemos reduciendo el tiempo de condena por asesinato.
En mi opinión, este caso representa una versión occidental de los asesinatos “por honor ” que cometen impunemente hombres musulmanes en varios países del mundo (Afganistán, Jordania, Egipto). En América Latina, frecuentemente la justicia le da más peso a la “hombría lastimada” que a la vida de una mujer, tal como ha hecho la jueza en este caso. Todo el que se sienta indignado, debe repudiar el fallo de esta jueza y acudir en masa a la lectura de sentencia en apoyo a Carolyn Sánchez y a todas las víctimas de la violencia machista.

El transporte escolar llevaba jóvenes de pie dentro del vehículo.