ABEL VALE NIEVES
Cerebros baldíos
El término baldío se define como un terreno sin cultivar o abandonado, o cuando se usa como expresión de que un trabajo resultó inútil. También se usa para identificar un predio de terreno sin edificaciones. En los días pasados vimos cómo un evento fuerte de lluvia registrado en algunas partes del área metropolitana de San Juan, pero nada inusual para una isla tropical como Puerto Rico, causó daños sustanciales a automóviles, viviendas y comercios en varios sectores, además de unos tapones descomunales. Las características de estos sectores es que todos tienen un cuerpo de agua cerca o están directamente encima de un cuerpo de agua, como es el caso del centro comercial San Patricio Plaza. Este concepto de baldío esta muy generalizado, especialmente en las agencias como ARPE, Junta de Planificación y la Autoridad de Carreteras, sólo por mencionar algunas, por los que han regenteado La Fortaleza por las últimas cuatro décadas, así como por algunos miembros de ciertos sectores privados relacionados a la industria de la construcción, particularmente la Asociación de Constructores de Hogares. Ignoran que los suelos en bosques retienen un promedio de 17 pulgadas de lluvia al año, mientras que un terreno construido retiene apenas una pulgada. Al construir sobre los terrenos baldíos, el suelo queda impermeabilizado y el terreno pierde su capacidad natural de absorber y retener el agua de lluvia.
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