10 Feb 2012
Actualizó: 12:39am
EDITORIAL DE EL NUEVO DÍA
Nueva mirada al transporte escolar

El doloroso accidente ocurrido en la tarde del miércoles en Guaynabo, en el que falleció una niña y otros ocho estudiantes y el chofer resultaron heridos, obliga a poner en perspectiva las normas para las guaguas escolares, tanto en lo que respecta al cinturón de seguridad y a la inspección de los vehículos, como a la certificación de los conductores.Sin detenernos en las causas específicas que ocasionaron la tragedia, y que todavía están bajo investigación, no cabe duda de que, si hay vehículos a los que se les debe exigir las más estrictas normas de seguridad, esos son los escolares. Y esto es así porque sus usuarios son niños de todas las edades, cuya transportación tiene que estar revestida de las más rigurosas condiciones para salvaguardar su integridad física.De ahí que uno de los aspectos que se deben tomar en cuenta es el uso mandatorio del cinturón de seguridad, de modo que ofrezcan mayor protección a los menores, aun en casos de accidentes graves como el que nos ocupa. Si los menores dentro de esa guagua hubieran llevado cinturones, probablemente hoy no tendríamos ninguna muerte que lamentar.En el año 1998, se enmendó la Ley de Vehículos y Tránsito de Puerto Rico a fin de disponer que todo ómnibus escolar o vehículo de motor dedicado al transporte de pasajeros escolares, importado a la Isla a partir del 1 de julio de 2000, contase con cinturones de seguridad para uso de cada escolar en cada asiento. De esto han transcurrido ya once años. En aquel entonces, al parecer, resultaba muy costoso incorporar cinturones a las guaguas que ya estaban en uso -unos $10,000 por unidad-, y más costoso todavía reemplazar la flota entera de guaguas escolares.
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