“Donde un muro cayó”
Alemania / Por Laura lucchini
Berlín es una ciudad que debe conocerse, no sólo por su historia, sino por lo que es: centro de arte, arquitectura urbana singular, de noche como pocas, tiendas impresionantes y un lugar donde es imprescindible cultivar la ilusión de paz duradera. Desde bastante antes de Navidad, esta ciudad vive un ambiente festivo, amable y cordial. Mientras uno pasea por la avenida Kurfürstendamm y los pasos te llevan hasta la KaDeWe, una de las mejores y más elegantes tiendas del mundo, se hace difícil recordar que la vanidad mesiánica de uno de los peores ejemplares de la raza humana redujo a escombros a esta bella ciudad y sumió en el horror a casi todo el mundo. Aunque no hubo inocentes a lo largo de la primera y la segunda guerras mundiales. En cambio, luce deslumbrante la capacidad de estos prusianos para reconstruirse con y sin ayuda, hasta recuperar y superar el esplendor de una urbe ahora cosmopolita. Se debería reconocer un poco más, el aporte de turcos, italianos, polacos, rusos, exyugoeslavos, africanos y asiáticos en el engrandecimiento de Berlín. Aunque más no sea para fortalecer la atroz pesadilla que tendría Adolfo Hitler si presenciara este espectáculo demográfico. Tampoco habría que desconocer el descomunal y discutible aporte de arquitectura urbana de Albert Speer, pero fue lo que le dio a Berlín una personalidad única. La literatura turística suele soslayar todas estas cosas, pero no se puede comprender al Berlín resplandeciente de hoy sin su período oscuro, que se prolonga desde 1939 para toda la ciudad y hasta 1989 para el sector oriental, cerrado a cal y canto por un muro ignominioso como todos ellos. En fin, vamos a lo nuestro y que quienes quieran refrescar conocimientos, vayan a los links que se incluyen en la otra página.
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