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6 de diciembre de 2012
Puerto Rico Hoy
 

“Yo corría en medio de esas balas”

Joven sobreviviente de la balacera que mató a su amigo se salvó de milagro

Por Sandra Caquías Cruz / scaquias@elnuevodia.com

PONCE - “Era una lluvia de balas. Veía el fuego de las balas cuando tocaban en el piso. Me quemaba. Yo corría y corría en medio de esas balas”.

Así fue que un joven de 16 años, según relataron su madre y su padrastro, salvó su vida de la balacera que el pasado viernes cobró la vida de su amigo, Juan Carlos Ruiz Vega, de 18 años y quien conducía el auto en el que llegaron al final de la calle Méndez Vigo, en Ponce.

La Policía recogió en la escena sobre 300 piezas de evidencia, la mayoría casquillos, blindajes y proyectiles. El auto en que viajaban los jóvenes tiene una treintena de impactos de bala, informó el teniente Herminio Ramos Rivera, director interino de Homicidios en la Comandancia de Área de Ponce.

El joven, de quien reservamos el nombre a petición de su mamá, acudió ayer a la funeraria a despedirse de Juan Carlos. Estaba en silla de ruedas. Tenía su cabeza cubierta y usaba gafas para que no lo reconocieran.


La mamá y su padrastro –quienes también pidieron que no se divulgaran sus nombres– narraron que se salvó de la lluvia de balas porque salió corriendo del vehículo. Corrió varias cuadras. Trepó un portón de unos ocho pies de alto, brincó patios y llegó a una casa cerca del terminal de carros públicos, en el casco urbano.

Tenía cinco heridas de bala. Aunque, según narró a su mamá, solo creía haber sido alcanzado por dos proyectiles. Un fragmento no le fue extraído del cuerpo por recomendación médica. El joven ayer tenía vendajes en ambas manos, el codo izquierdo y la rodilla izquierda.

“Él se portó bien valiente. Se hizo un torniquete. Se escondió, se quitó la camisa y se la puso en la pierna para aguantar la sangre”, relató el padrastro, quien explicó que con todas esas heridas saltó varios patios.

Llegó a una casa donde una persona lo ayudó. “No le abrió las puertas, pero sí dejó que él entrara (al patio). Lo escuchó y preguntó si había alguien, que no se moviera”, dijo el padrastro.

El joven herido le dio el número de teléfono de su mamá. La persona la llamó. Lo primero que le dijo fue: “¿Usted escuchó la balacera?”, recordó la madre. “Cuando me dijo eso, no escuché más. Empecé a gritar y mi esposo trató de contestar, pero no pudo y le dio el teléfono a mi hija y ella se fue gritando”.

Los dos hermanos se montaron en un auto mientras la persona, al otro extremo del teléfono, le explicaba la ruta. Llegaron al lugar y recogieron al joven. Fueron ellos quienes lo trasladaron al hospital. Juan Carlos estaba muerto en el vehículo.

“A esa persona que ayudó a mi hijo, aunque no le sé el nombre ni le vi la cara, la quiero felicitar. Fue una persona bien valiente, personas que no quedan aquí”, dijo la mamá del jovencito.

La pareja aseguró que “fue la inocencia” de ambos lo que los llevó a esa calle. “Querían subir al castillo Serrallés”, comentó.

Sin querer, sin embargo, se acercaron demasiado a un punto de drogas que hay en el área, cuyos operarios probablemente los confundieron con otras personas y les dispararon por error, de acuerdo con lo que ha indicado la Policía.

La mujer narró que una semana antes de este incidente soñó con una cadena de jóvenes.

“Yo me estaba elevando y llegue a una división, yo no me quería ir. Miré hacia atrás y el Señor me dijo: ‘Yo te recibo’. Yo veía muchos jóvenes con camisas brillantes”, recordó de aquel sueño que cree fue una premonición de lo que pasaría.

La pareja dijo tener muchas razones para darle gracias a Dios. “Quiero darle gracias al Señor porque es misericordioso y, dentro de las circunstancias que estamos viviendo, me dejó un milagro”, expresó la madre del joven a quien en ocasiones se le quebró la voz.

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