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El feto se encontraba en la semana veintitrés de gestación y padecía de anencefalia, un trastorno que provoca que el bebé se desarrolle sin partes del cerebro (YouTube / Western University).

Tuvieron que transcurrir más de 2 mil años para que el misterio del sarcófago y la denominada momia halcón lograra revelarse, y es que ni sus descubridores de un siglo atrás, ni los especialistas de aquella época pudieron deducir que el contenido del ataúd no pertenecía precisamente a los restos de un ave, sino a algo más que ha dejado sorprendido a la comunidad científica.

De acuerdo con un estudio realizado por antropólogos de la Universidad Western Ontario, se logró descubrir que los restos de esta pieza egipcia donada en 1925 al Maidstone Museum, pertenecen en realidad ni más ni menos que a los de un feto humano.

La confusión y explicación que señalan los expertos mediante una publicación se debe a que este diminuto sarcófago cumplía con el tamaño perfecto para un ave de estas características, con la cabeza de un halcón pintado en dorado y jeroglíficos que hacían referencias a Horus, el dios del cielo con cabeza de halcón de los antiguos egipcios.

Los antropólogos que decidieron someter dichos restos a una exploración de rayos X, descubrieron que el feto al momento de morir se encontraba en la semana veintitrés de gestación y que padecía de anencefalia, un trastorno que provoca que el bebé se desarrolle sin partes del cerebro y el cráneo, por lo que sufre de malformaciones considerables.

Aunado a esto, las exploraciones revelaron que los dedos de las manos y los pies estaban bien formados, pero la deformación del cráneo era tan grave que el cerebro prácticamente no habría existido. Además, detectaron que tenía un paladar hendido y un labio leporino.

Entre otras cosas, los expertos pudieron concluir que perder a este bebé representó un duro golpe para la familia, por lo que decidieron momificarlo, situación que era muy extraña en esa época, ya que normalmente los fetos solían ser enterrados en macetas, debajo de los pisos de las casas.

Andrew Nelson, bioarqueólogo y cabeza del proyecto, presentó los resultados de su estudio en el Congreso Mundial Extraordinario sobre Estudios de Momias celebrado en las Islas Canarias, y aceptó que este sorprendente descubrimiento se debió, como en muchas ocasiones, a la casualidad.


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