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Tras analizar las portadas con una técnica de Rayos X llamada Micro-XFT, descubrieron que se trataba de libros envenenados con arsénico (Universlty of Southern Denmark).

Un grupo de investigadores de la Universlty of Southern Denmark descubrieron tres libros envenenados con arsénico que datan de los siglos XVI y XVII.

El arsénico es un potente veneno que puede provocar úlceras en la piel, nauseas, problemas estomacales, y si se toca o consume en una cantidad elevada provoca cáncer, e incluso la muerte.

El descubrimiento fue por casualidad. Los investigadores estaban analizando los libros tras descubrir que sus portadas tenían restos de manuscritos romanos. En la Edad Media era habitual reciclar manuscritos antiguos para usarlos en libros nuevos.

Al intentar leer los textos en latín ocultos en la portada de los libros, descubrieron que estaban tapados por una sustancia verde. Tras analizarla con una técnica de Rayos X llamada Micro-XFT, descubrieron que se trataba de libros envenenados con arsénico.

Dependiendo del tiempo que hubiese durado la exposición a dicha sustancia, la persona que usase dichos libros podría haber sufrido trastornos en la piel o en el estómago.

El arsénico puede matar, pero en este caso la dosis no parecía suficiente como para acabar con la vida de un ser humano.

Pero, ¿por qué impregnó alguien dichos volúmenes con veneno? Los investigadores creen que quien lo hizo, buscaba así preservar los libros de la acción destructora de los insectos y los parásitos que devoran el papel y el pergamino.

Todo esto nos transporta a la novela de Umberto Eco, El Nombre de la Rosa, la cual fue posteriormente adaptada al cine donde envenenar las páginas de los libros era una forma habitual de asesinar. Cuando el lector se lamía el dedo para pasar la página, el veneno hacía todo el trabajo.


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