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Por ahora, es bueno que cualquier posible turista espacial sepa que su primer vuelo podría no ser tan lindo (NASA).

¿Cuántas veces has soñado con viajar al espacio? Sin duda uno de los deseos más recurrentes en los seres humanos es viajar a las estrellas, ver lo más cerca posible la Luna, flotar por la falta de gravedad y mirar desde allá arriba la Tierra.

Sin embargo, cumplir este sueño además de no ser nada económico tampoco es lo más agradable para tu cuerpo, según señaló la Dra. Anna Fisher, quien tiene una experiencia considerable en estos viajes, pues ella completó un vuelo espacial a bordo del Discovery de la NASA en 1984, y tiene el honor de ser la primera madre en visitar el espacio.

"Puedo ver todos estos problemas con personas allá arriba, vomitando y estropeando el vuelo de alguien por el que pagaron $250,000", dijo en una entrevista con The Telegraph hace unos días.

"Si crees que vomitar es malo aquí en el suelo, es realmente malo en el espacio", agregó.

Para los turistas espaciales potenciales eso podría ser problemático. Nadie puede oírte gritar, pero todos pueden oírte escupir.

La enfermedad del espacio, o síndrome de adaptación espacial, como se le conoce científicamente, es una aflicción muy real. En 1961, cuando Gherman Titov despegó en Vostok II, sintió tanta náusea que rompió un récord mundial: convertirse en la primera persona en vomitar en el espacio.

Los astronautas se entrenan durante años para garantizar que puedan resistir los efectos anormales de estar en el espacio, lo que incluye cambios en la actividad cardiovascular, la visión, la densidad ósea y la función respiratoria.

Nuestros cuerpos evolucionaron durante milenios con exposición constante a la gravedad, por lo que una vez que eliminas dicha gravedad de la ecuación, las cosas comienzan a ir un poco mal.

Las náuseas y los vómitos asociados con la enfermedad espacial se deben a que el sistema vestibular del cuerpo, que ayuda a mantener el equilibrio en el suelo, se desorganiza cuando se encuentra con la falta de gravedad por primera vez.

El astronauta europeo Alexander Gerst mostró exactamente cómo los astronautas lidian con la nueva experiencia que la gravedad cero proporciona al cuerpo humano.

Esa náusea a la que uno termina atado aparentemente es algo útil. "Está entrenando mi cerebro para que no se confunda con los sentidos en conflicto, de modo que no tenga náuseas en el espacio", explicó Grest en un tuit posterior.

No puedo imaginar demasiados turistas espaciales que tendrán acceso a estos carruseles especializados, ni estamos seguros de que los varios multimillonarios que deseen enviarnos al espacio proporcionen semanas de entrenamiento en primer lugar. Eso parece poco probable.

Por ahora, es bueno que cualquier posible turista espacial sepa que su primer vuelo podría no ser tan lindo.

Para Fisher, ciertamente fue una experiencia inusual. "Recuerdo cuando estábamos en el transbordador y estás en 3G durante los últimos dos minutos más o menos, y es un poco difícil respirar y luego el motor se apaga, y boom, no pesas, es así de rápido".


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