Con tan pocas vaquitas restantes, la pesca de tototaba a gran escala podría significar la aniquilación de la especie. (semisquare-x3)
Con tan pocas vaquitas restantes, la pesca de tototaba a gran escala podría significar la aniquilación de la especie. (EFE)

Tan solo 22 vaquitas marinas sobreviven en el Golfo de California, donde una disputa cada vez más violenta tiene lugar entre pescadores y la última línea de defensa de esta especie.

Jorge Urbán, profesor de biología en la Universidad Autónoma de Baja California Sur, señaló que las 22 vaquitas fueron escuchadas en una red de monitores acústicos. De hecho, el número fue mayor al esperado; algunos consideraban que sobrevivían apenas 15 ejemplares en el golfo, también conocido como mar de Cortés, el único lugar en el mundo en donde habita la especie.

Podría ser una señal de que la vaquita está resistiendo y que una línea de defensa muy delgada la mantiene con vida: Todas las noches, 22 voluntarios a bordo de barcos contratados por el grupo ambientalista Sea Shepherd (Pastor del Mar) salen a buscar redes agalleras escondidas en el alto golfo de California para capturar totoaba, un pez muy preciado y protegido, pero en ellas las vaquitas quedan atrapadas y se ahogan.

Es una labor cada vez más peligrosa. En el último mes, el barco Farley Mowat, de Sea Sheperd, fue atacado en dos ocasiones por decenas de lanchas pesqueras rápidas desde donde lanzaron rocas y bombas incendiarias a la embarcación.

“Si paramos las operaciones, la vaquita se extinguirá”, dijo el primero de a bordo de Sea Shepherd, Jack Hutton. “Hay que salir aquí a quitar las redes, si no lo hacemos, no habrá esperanza para las vaquitas”.

La temporada principal para la captura de totoaba, que inicia en mayo, causa gran actividad pesquera en la zona. La vejiga de estos peces de gran tamaño es considerada un manjar en China, por lo que su precio puede alcanzar miles de dólares en el mercado minorista. Con tan pocas vaquitas restantes, la pesca de tototaba a gran escala podría significar la aniquilación de la especie.

“Sabemos que nos van a seguir atacando”, dijo Hutton, quien controlaba un dron que fue derribado a tiros por los pescadores el año pasado. “Sabemos que arriesgamos la vida, pero si no lo hacemos, las vaquitas no tienen ninguna posibilidad”.


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