Un grupo de voluntarios distribuyen donaciones a los afectados por un tornado que causó estragos en el lugar la semana pasada (semisquare-x3)
Un grupo de voluntarios distribuyen donaciones a los afectados por un tornado que causó estragos en el lugar la semana pasada. (AP /Ramón Espinosa)

La Habana - En la populosa barriada habanera de Luyanó, cuadrillas de obreros estatales tratan de restablecer la luz o las líneas telefónicas mientras vecinos preparan cemento para reparar sus viviendas y jóvenes voluntarios de diferentes partes de la ciudad entregan bolsas con ropa, comida o botellones de agua. Hace una semana pasó por la barriada un devastador tornado.

Una escena que podría ser común en otros países, la combinación de auxilio estatal con la ayuda de particulares para apoyar a los damnificados de un desastre, en Cuba es algo prácticamente inédito.

La isla, que anualmente sufre el paso de poderosos huracanes, ha vivido desde el triunfo de la revolución de 1959 un modelo centralizado, caracterizado por un férreo control estatal de cualquier labor de auxilio y que muestra orgullosa la rápida acción de su sistema de Defensa Civil.

Pero después del paso del tornado que la semana pasada afectó a miles de personas en cinco municipios de La Habana, algo cambió. De manera espontánea o convocados entre sí por las redes sociales -que algunos en la isla recién estrenan- la gente salió a apoyar a los damnificados.

“Los daños en este caso han sido más visibles”, expresó a The Associated Press Camila González, una estudiante de Sociología de 19 años que juntó ropa, zapatos y productos de aseo personal y los llevó al centro cultural Fábrica de Arte Cubano (FAC), gestionado por el artista X Alfonso quien llamó a través de Facebook a poner un “granito de arena”.

“¿Por qué solo tiene que venir (a aportar) el Estado o una institución de mayor nivel? ¿Por qué no todos?”, se preguntó González.

Desde que el tornado con vientos de 300 kilómetros por hora pasó el domingo 27 de enero, dejando seis muertos, cientos de heridos y al menos 3,800 viviendas destruidas, artistas, pequeños empresarios, dueños de talleres, comunidades religiosas y ciudadanos comunes comenzaron a recolectar donaciones y llevarlas a los barrios más afectados.

En el Caribe, área de los ciclones que desatan estremecedoras crisis humanitarias, Cuba históricamente logró evitar muertes, proteger a la población y brindarle servicios básicos. En cambio, su capacidad para proporcionar viviendas adecuadas a largo plazo es menos eficiente.

Algunos artistas llegaron hasta las áreas dañadas y ofrecieron conciertos para recaudar dinero. En otros sitios, dueños de restaurantes o dulcerías se presentaron con productos o sencillamente personas se presentaron a colaborar de manera individual, constató la AP.

También hubo intentos más organizados como el de la FAC, que instaló en su patio un centro de procesamiento para separar ropa de niños y adultos, agua, latas de comida o pañales.

“Un momento como este nos llegó a todos”, dijo a AP, Luis Ernesto Morales, gerente del restaurante privado Varadero 60 que trajo a La Habana desde el polo turístico del mismo nombre -a 150 kilómetros- una donación en representación de sus diez trabajadores.

La organización mostrada en los últimos días habría sido “impensable” una década atrás, reflexionó en su blog personal el periodista cubano Sergio Alejandro Gómez. “Pero las reformas aplicadas durante el gobierno del general del ejército Raúl Castro abrieron nuevos espacios a la iniciativa privada que han cambiado el paisaje al entramado económico y social”.

La aceptación en los hechos y esporádicas menciones de los funcionarios del aporte de los particulares parece encaminada a tolerar este esquema de complementación.

A comienzos de la década Castro inició un proceso de reformas que contempló una apertura a la pequeña iniciativa privada y permitió el desarrollo de una clase media con mejores ingresos que el de los empleados estatales, quienes siguen siendo mayoría. Entre los cambios también estuvo el acceso masivo a Internet y en diciembre se abrió la oferta para datos móviles, lo que facilitó el uso de las redes sociales.

No hay un estimado de las toneladas de productos distribuidos, pero una semana y media después siguen llegando cajas, bolsos y bultos de toda clase.

Las autoridades, por su parte, habilitaron albergues para aquellas familias cuyas viviendas sufrieron derrumbes, vendieron alimentos a precios rebajados, ofrecieron materiales de construcción y enviaron brigadas a levantar escombros, restablecer la energía o sanear el agua. También instalaron centros de recolección de donaciones oficiales y talleres estatales se pusieron en marcha para fabricar muebles.

El presidente Miguel Díaz-Canel recorrió todos los días las zonas golpeadas por el tornado y el miércoles por la noche compareció junto con sus ministros en la televisión para rendir cuenta de las acciones estatales.

“Hemos recibido ayuda de todo el mundo, del gobierno, de los artistas, de extranjeros”, dijo emocionada a AP, Ivis Rivero, una residente de Luyanó que perdió parte de su casa.

En medio de la ola de solidaridad hubo algunos desencuentros. La afamada directora de orquesta Zenaida Romeu, denunció que ella y 18 de sus músicos fueron escoltados por la policía afuera del municipio de Regla luego de haber entregado donaciones.

Pero no todos los damnificados están conformes. Algunos se quejaron de que no recibieron la atención adecuada, desconfían de las promesas gubernamentales debido a la burocracia o critican que el gobierno venda comida a precios rebajados mientras los particulares la donaban.

Otros remarcaron que más allá de las buenas voluntades individuales debe haber una coordinación centralizada para evitar el despilfarro de recursos.

“Sí, los artistas quieren ayudar. Pero un artista que se pare y comience a dar ropa o alimentos... lo que creó fue un desorden”, expresó Ismael Rodríguez, un trabajador independiente de Regla, quien vivió la experiencia de un músico llegado a la esquina de su afectada casa.

“Tú no sabes quién realmente necesita, quién realmente lo perdió todo. A mí me tumbó una pared, pero mi ropa está ahí. ¿Para qué quiero ropa? Pero a ellos (sus vecinos) se lo llevó todo. No es dar ayuda a lo loco”, agregó.

Para el periodista Gómez la merma del monopolio del Estado en la asistencia social no debería significar la pérdida del “liderazgo” y tiene aspectos positivos y negativos. Entre los primeros que “los actores sociales que surgen a partir de los cambios en Cuba son legítimos y tienen tantos deberes como derechos en la sociedad”.

Entre los negativos, que los cubanos dejen de creer “que la mejor y más efectiva vía -aunque no la única-, para hacer la diferencia en éstos y muchos otros casos, es la acción coordinada de toda la sociedad a través de sus instituciones” y se desestime la obligación del Estado de proveer la asistencia social, sobrevalorando “caridad” individual.


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