Las autoridades electorales realizaron un simulacro de votación en los 25,335 colegios electorales habilitados hasta el momento. (Pixabay (semisquare-x3)
Las autoridades electorales realizaron un simulacro de votación en los 25,335 colegios electorales habilitados hasta el momento. (Pixabay)

La Habana, Cuba - Los cubanos acudirán a las urnas el próximo 24 de febrero para refrendar una nueva Constitución que incluye referencias directas a que el socialismo seguirá como ideología regente del país, pero que igualmente abre espacios a conceptos de sociedades de mercado, como el reconocimiento del capital, la inversión extranjera y diversas formas de propiedad, entre ellas la privada.

La votación, sin embargo, continúa bajo el matiz generado por la polémica de la inclusión de lenguaje que abre a medias la puerta al matrimonio gay y establece tácitamente la separación de Iglesia y Estado mediante la declaración de un gobierno laico, a pesar de que garantiza explícitamente la práctica religiosa en la isla, puntos que han levantado una férrea oposición de los sectores religiosos en Cuba.

A propuesta del Consejo de Estado de la República de Cuba, la pregunta que se someterá a votación será: ¿Ratifica usted la nueva Constitución de la República? La nueva Carta Magna quedó conformada por 229 artículos, 11 títulos, dos disposiciones especiales, 13 transitorias y dos finales, y sustituirá la Constitución de 1976.

El domingo próximo se prevé que el documento será aprobado, aunque en el seno del gobierno cubano existe la preocupación de que el abstencionismo esté por encima de lo acostumbrado, en una sociedad en la cual las votaciones cuentan con amplia participación por ser estructuradas y dirigidas desde los órganos de base social y las estructuras del Partido Comunista de Cuba (PCC), las cuales procuran la movilización.

Otro temor entre las autoridades sería que el “No” reciba un inesperado apoyo de un amplio segmento de la población, por lo que el gobierno mantiene una férrea campaña a favor del “Sí” a todos los niveles.

Para ello han utilizado toda la estructura de medios oficiales del Estado, con una campaña bajo el estribillo “#YoVotoSí”, el cual se ha dispersado mediante testimoniales de figuras públicas como artistas o políticos, así como cubanos de todas las estratas sociales, desde científicos hasta agricultores, quienes dan sus razones para apoyar la nueva Constitución.

El presidente Miguel Díaz-Canel es el principal vocero de la campaña oficial y en todos sus mensajes, incluyendo en las redes sociales, insta a un voto directo a favor de la iniciativa constitucional.

“En 15 días tendremos aprobada la Constitución que hicimos todos por el bien de todos. Cuba será un mejor país, más de su tiempo”, escribió el mandatario en la red social Twitter la semana pasada, un mensaje que ha reiterado en comparecencias públicas por televisión o en visitas de gobierno a las provincias.

El esfuerzo de propaganda se da a todos los niveles y hasta la figura del fenecido líder histórico de la Revolución, Fidel Castro Ruz, ha sido usada para motivar el respaldo popular, con anuncios que despliegan instantes de uno de sus discursos más célebres, en el cual instaba al pueblo a combatir el imperialismo y defender el proyecto social cubano.

Además, el “#YoVotoSí” se puede ver en autobuses de transporte masivo, establecimientos comerciales o de gobierno, pancartas, banderas y mediante una intensa presencia en las redes sociales.

El “No” no tiene ningún espacio de publicidad o defensa en el aparato oficial. Ese rol ha sido tomado por los llamados “disidentes” o por grupos de ciudadanos en las redes sociales, pero la mayoría de ellos son administrados por cubanos residentes en el extranjero.

En la isla sigue siendo el rumor popular el principal canal para el debate sobre la reforma constitucional. No hay una casa o reunión de amigos en la cual el tema no salga y desate alguna discusión acalorada entre quienes defienden el “Sí”, quienes tiene duda de qué van a hacer o quienes están a favor del “No”.

El Nuevo Día ha presenciado diversas de esas discusiones, en la cual la mayor parte de la población se muestra a favor del nuevo orden constitucional, pero tiene dudas de si votar “Sí” o acudir a las unas, motivados más por una insatisfacción general con los problemas existentes en el país que con el contenido de la Carta Magna.  

Si bien la mayoría de la población está a favor porque propone cambios, no son pocos los cubanos que argumentan que el documento original estaba mejor planteado en cuanto a las posibilidades de desarrollo económico.

“En el documento original había más libertad para hacer negocios y poder invertir, mejorar, desarrollarnos, mejorar el nivel de vida que hay ahora. En el que vamos a votar eso no está tan claro y la verdad que creo que esto es un avance, claro que sí, pero todavía no sé si voy a votar o si voy a votar por el Sí”, argumentaba con vehemencia un empleado gubernamental en medio de una discusión familiar en el barrio capitalino de Vedado.

El hombre, que como muchos cubanos prefiere no identificarse o revelar los datos de su familia, asegura que, como él, hay muchos en Cuba, lo cual fue secundado por sus familiares a manera de consenso, y de pausa, en una discusión muy a la cubana, plagada de gritos y argumentaciones, sin llegar a las faltas de respeto.

Además del tema económico, otro que enciende las pasiones es el relacionado con la conformación del núcleo familiar. En un principio, el proyecto original planteaba la aceptación del matrimonio gay como figura, pero el concepto se diluyó en el documento final y dejó las puertas abiertas a esa idea, aunque habrá que validarla en un referendo futuro una vez se cree la nueva Ley de Familia.

Los religiosos siguen muy activos en su boicot de bajo perfil al proceso. A pesar de que el gobierno cubano ha hecho todo tipo de intentos de convencerlos de apoyar la reforma, los dirigentes cristianos no se tragan del todo la argumentación oficial y han montado una oposición poco antes vista en la Cuba revolucionaria.

Los obispos católicos de Cuba hicieron pública una amplia carta a su feligresía en la cual plantean que la nueva Constitución favorece la “exclusión de otras formas de realización plena del ser humano diferentes a las del socialismo y del comunismo, la recta comprensión de un Estado laico, la visión integral del matrimonio y la familia, y la economía al servicio del bien común”.

En cuanto a la “sustentación ideológica de la Constitución”, los obispos católicos señalan que la afirmación de que “solo en el socialismo y en el comunismo el ser humano alcanza su dignidad plena… excluye el ejercicio efectivo del derecho a la pluralidad de pensamiento acerca del hombre y del ordenamiento de la sociedad. La pluralidad debe ser salvaguardada por la Constitución”.

Sobre el Estado laico, los obispos lo ven con agrado, pero critican que “en el artículo 15 se agregara la afirmación ‘el Estado cubano es laico’, es decir, que respeta el derecho que tiene cada persona a creer, vivir y manifestar los valores que corresponden a su fe, esto es, la aceptación de la pluralidad. Sin embargo, esta afirmación no corresponde con lo expresado en el Preámbulo del texto constitucional, al presentar el carácter absoluto de la ideología marxista-leninista”.

Sobre la definición del matrimonio, la familia y la educación, los obispos fueron directos y expresaron que “el texto constitucional propuesto a referendo, en lo referente al matrimonio, no ha tenido en cuenta la opinión mayoritaria de la población. Si bien en el nuevo texto se ha eliminado la definición de ‘matrimonio como la unión entre dos personas’, lo cual apreciamos, sin embargo, en los artículos 81 y 82 del texto actual, se abre el camino para que, en el futuro se reconozca como matrimonio la unión de personas del mismo sexo con todas sus prerrogativas”.

Sobre la economía y sus posibles modificaciones, los líderes católicos en Cuba expresaron que “el principio de la Doctrina Social de la Iglesia que reconoce el destino universal de los bienes y la función social de la propiedad para lograr el desarrollo integral de la persona, la familia y el bien común, por ello, nos complace que el Proyecto de Constitución también reconozca la propiedad privada... En este campo, consideramos que lo expuesto con relación a la inversión extranjera debe ser extendido al ciudadano cubano sustentado esto en la igualdad de todos los cubanos en sus derechos, deberes y oportunidades sin discriminación alguna”.

Los dirigentes católicos llamaron a un “voto responsable y desde su conciencia”, que permitala construcción de “una vida digna y próspera con la participación de todos sin exclusión”.

En las iglesias protestantes la oposición es más férrea y puntual. El Nuevo Día supo a través de diversos feligreses que el llamado es a no votar en el referendo del día 14 de febrero, como una forma de protesta silente sin tener que hacer una defensa del “No” a ultranza, pues sus diferencias con el documento se da en el terreno religioso estrictamente.

Mientras, los preparativos siguen en ese caldo de cultivo. 

Hoy se inició la votación en el extranjero, con los cubanos que participan en misiones foráneas, desde diplomáticas hasta deportivas, votando por la nueva Constitución. El proceso se dio en 112 países donde hay delegaciones oficiales cubanas, con 130 urnas desplegadas por todo el mundo y coordinadas por el Ministerio de Relaciones Exteriores.

El voto para cubanos residentes en el exterior que no están en misión no fue autorizado, aunque sí pudieron participar del proceso de consulta que se realizó para la elaboración del documento.

Igualmente, las autoridades electorales realizaron un simulacro de votación en los 25,335 colegios electorales habilitados hasta el momento. 

Poco más de ocho millones de cubanos están habilitados para votar en el referendo, uno que representará un importante termómetro para el gobierno de Díaz-Canel, que en abril próximo cumple su primer año de gestión, en cual ha tenido que lidiar con la caída de un avión, un tornado, fuegos en hospitales, inundaciones inusuales, un meteorito, la agresividad de Estados Unidos, la crisis en Venezuela, entre muchas otras cosas. 


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